Moncloa, Madrid
INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO, PEDRO SÁNCHEZ
Buenas tardes.
En primer lugar, quiero agradecer a los medios de comunicación el atender esta comparecencia. Y agradecer, por supuesto, a la delegación de la Autoridad Palestina, como también a la delegación del Gobierno de España, la celebración de este importante encuentro.
Querido presidente. ¿Funciona la traducción? Querido presidente. ¿Funciona la traducción ahora? Sí.
Querido presidente, es un honor recibirte una vez más aquí en el Palacio de la Moncloa, en Madrid. En un país, España, que quiere al pueblo palestino, y, además, hacerlo en un día simbólicamente muy especial.
Estamos en el Día Internacional de los Derechos Humanos, el 10 de diciembre. Esta fecha remite a la Declaración Universal, adoptada hace justo 77 años por la Asamblea General de Naciones Unidas y nos recuerda que la dignidad humana es un valor incondicional, único e innegociable. Una dignidad que nos interpela directamente a la comunidad internacional. Desde la Franja de Gaza a, también, Cisjordania.
Este 2025, que está a punto de concluir, ha sido un año terrible para el pueblo palestino. Para cientos de miles de mujeres y de hombres de Palestina, también para niños y niñas, este será siempre el peor año de sus vidas.
Y no solo por la devastación física que vemos en los medios de comunicación, por el hecho de que nueve de cada diez viviendas en la Franja de Gaza sean hoy inhabitables o porque apenas queden escuelas y hospitales en pie, sino por todas las vidas y familias rotas que ha dejado esta tragedia. Para miles y miles de gazatíes, el auténtico dolor se mide por la pérdida de un hijo o de una hija, por la ausencia de una madre, de un hermano o de un padre.
Según Naciones Unidas, hay más de 50 millones de toneladas de escombros en la Franja de Gaza. Cincuenta millones de toneladas. Costará más o menos tiempo, pero lograremos retirarlos para reconstruir la Franja de Gaza, querido presidente.
La cuestión más acuciante es cómo reconstruir la esperanza y cómo lograr que la paz sea mucho más que un paréntesis breve entre guerras. Conviene tenerlo en cuenta precisamente ahora, porque a día de hoy, tras el alto el fuego, los palestinos en Gaza todavía sufren ataques, violencia, restricciones que vulneran sus derechos básicos, como es el derecho a la vida, a la alimentación, a la educación, a la salud, a la libertad de movimientos.
Por tanto, para reconstruir la esperanza necesitamos una paz de verdad. Y esa paz de verdad tiene que estar cimentada en la justicia. Por eso quiero ser muy claro. Lo he compartido antes con el presidente Abbas. Los responsables de este genocidio deberán rendir cuentas. Y deberán hacerlo tarde o temprano. Para que las víctimas encuentren justicia, reparación y un cierto descanso. Y para que una tragedia de esta magnitud no se repita nunca más. Porque solo así podremos levantar una paz justa y duradera basada en la convivencia.
Convivir es mucho más que compartir un espacio físico. Convivir requiere respeto mutuo y cooperación. El acuerdo de paz, por supuesto, es un primer paso en ese camino y se alza sobre la única solución posible, que es la solución de los dos Estados. Dos Estados y una paz. Una solución con la que España, lo sabe bien el presidente Abbas, está firmemente comprometida.
Y lo vamos a hacer centrándonos en tres prioridades que me gustaría compartir con toda la ciudadanía española y también la ciudadanía palestina que esté viendo esta comparecencia.
Primero, alzando la voz para que no caiga en el olvido la dramática situación en la que se encuentra el pueblo palestino. Sí, hubo un acuerdo de alto el fuego. Pero este acuerdo de alto el fuego debe ser real, no puede ser de cartón piedra. Por ello no descansaremos hasta que cesen los ataques contra la población y no haya, por tanto, ninguna víctima más.
Segundo, apoyando a la Autoridad Palestina, que debe jugar un papel central, fundamental, en el diseño de los mecanismos de gobernanza que definirán el futuro del pueblo de Palestina.
Y tercero, aunando esfuerzos con otros socios europeos, árabes y de otras latitudes geográficas para desarrollar las bases de seguridad que permitan poner fin a la violencia de una vez por todas.
Por tanto, querido presidente, España está comprometida con la causa palestina. Y parte de ese compromiso radica en nuestra capacidad de movilizar al resto de la comunidad internacional.
Concluyo. Y lo hago refiriéndome de nuevo, como he hecho al principio de mi intervención, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. España la ha incorporado a su Constitución como referencia interpretativa de nuestros derechos, de nuestras libertades. Y eso es algo, por cierto, poco común en el derecho constitucional comparado.
Creo que este hecho resume el compromiso de España no solo con la paz, sino también con el multilateralismo, con el derecho internacional. Muy especialmente con resoluciones que nos guíen en la búsqueda de una solución política y en la exigencia del respeto a los derechos humanos de las gentes de Palestina.
Esa vocación, presidente Abbas, la comparte una inmensa mayoría de la sociedad española. Una sociedad que es solidaria como pocas en el mundo y que se ha conmovido genuinamente ante la devastación de Gaza, que respaldó el reconocimiento del Estado de Palestina, que no ha dejado de reivindicar en las calles y en las plazas de nuestro país los derechos humanos, la vida y la dignidad del pueblo de Palestina y, por tanto, presidente Abbas, hoy y siempre será usted bienvenido a Madrid.
Estoy convencido de que esta visita servirá para seguir construyendo puentes, para buscar soluciones en el marco del derecho internacional y fortalecer los vínculos que nos unen a ambos países. Palestina camina y caminará siempre de la mano de España. O, si me lo permiten, al revés, España caminará siempre de la mano de Palestina. Un país amigo, un país que sentimos hermano.
Muchísimas gracias, presidente Abbas, y suya es la palabra.
(Transcripción editada por la Secretaría de Estado de Comunicación)