Jordi Cruyff compartió una de las experiencias más duras de su vida en Stick to Football, el popular podcast británico donde, junto a su hija Danae, relató sin filtros cómo la familia afrontó el golpe que lo cambió todo. Jordi explicó cómo, de un día para otro, recibió un diagnóstico que lo sacudió por completo: su hija tenía cáncer. A partir de ese momento, confiesa que todo lo que rodeaba al fútbol quedó en un segundo plano. «Mi cabeza no estaba para el fútbol, solo para mi hija«, recordó, reconociendo que la experiencia lo llevó a ver la vida de otra manera y a sentir una mezcla de rabia, incredulidad y necesidad de mantenerse fuerte para ella.
Con el ejemplo de Luis Enrique —»lo envidiaba por su fuerza, por cómo vivía algo así»— y de «otro ex futbolista que también perdió a su hija», Jordi tuvo que encontrar la manera de sostenerse y mostrarse fuerte ante Danae: «Tu hija debe verte fuerte, no débil. Tienes que ser positivo. Fue el mayor desafío de mi vida».
Danae, que atravesó el proceso con apenas 18 años, describió su propia vivencia de una forma muy distinta a la de su padre. Mientras él quería controlar cada detalle y organizarlo todo, ella intentaba adaptarse al día a día dentro de un tratamiento durísimo. Recordó días sin poder comer, vomitando cada cinco minutos, sintiéndose agotada, pero a la vez consciente de lo importante que era tener a su padre a su lado. Tuvo que aprender a caminar de nuevo. «Él era muy estricto», explicó entre sonrisas, recordando que su relación con su padre se hizo muy estrecha, incluso más de lo que ya era.
Para ambos, aquellos meses fueron una montaña rusa: noches sin dormir, rehabilitación constante, el trasplante de médula, la silla de ruedas, el shock de las fotografías sin pelo que Jordi asegura querer borrar de su memoria… pero también una progresiva complicidad que los unió todavía más. «Nos entendíamos sin hablarnos«, dijo Jordi, quien confesó que cuando Danae se fue un fin de semana con su madre, él se derrumbó completamente. Era la primera vez que dejaba aflorar toda la tensión contenida.
Posponer los estudios
Danae, que quería estudiar moda en Italia, tuvo que detener sus planes y, durante un tiempo, incluso perdió la pasión por lo que le gustaba. Pero con el paso de los meses recuperó fuerzas, volvió a estudiar y hoy se siente feliz y agradecida. «Quería ser muy feliz y que todo el mundo fuera feliz«, explicó, insistiendo en que la mentalidad positiva se convirtió en su arma más valiosa.
El punto de inflexión de toda esta historia fue un golpe de suerte vital. Todo comenzó con un simple bloqueo en la rodilla durante el verano, al regresar de unas vacaciones en Mallorca. Danae pidió cita médica y la visita se concertó para un viernes. Cuando llegaron a la clínica, les dijeron que se habían equivocado de día, aunque tenían la cita por escrito. La casualidad quiso que Jordi escuchara una voz conocida: era el doctor Paco Biosca, ex jefe de los servicios médicos del Chelsea durante una década, con quien no hablaba desde hacía años.

Jordi Cruyff, ex director deportivo del Barça / SPORT
Mientras charlaban, apareció el doctor Ramon Cugat, muy unido a la familia Cruyff. Había perdido un vuelo y, pese a ser viernes, regresó al hospital. No dudó en revisar la rodilla de Danae. «Tras examinarla, se quedó treinta segundos en silencio, con los ojos cerrados, supe que algo pasaba», recordaba Jordi. «Esto no es la rodilla», les advirtió. Les dijo que no se fueran y fijó una nueva visita para el martes.
«Fue chocante, mi vida cambió»
Jordi, que ya intuía que algo grave estaban buscando, recordó con claridad ese cuarto de hora previo a la noticia que les cambió la vida: Danae tenía cáncer. Todo había empezado de repente. «Fue chocante. Mi vida cambió», confesó. Y también asumió que, sin aquella cadena improbable de coincidencias —la cita adelantada, la charla con Biosca, el regreso inesperado de Cugat— el diagnóstico podría haberse retrasado fatalmente. «Qué suerte tuvimos. El doctor volvió al hospital, la vio y dijo ‘no te vas’». Y e que Danae cogía un vuelo al día siguiente dirección Italia para empezar a estudiar moda y no iba a regresar hasta tres meses más tarde. «Lo reconoció inmediatamente. Es un ángel. Realmente nos salvó», aseguró Cruyff.
Hoy, padre e hija miran hacia adelante, más unidos que nunca, después de una batalla que les enseñó qué es lo verdaderamente importante. Como dijo Jordi, «el fútbol es pasión, pero los hijos… los hijos son la vida». Hoy ambos recuerdan la experiencia con una sonrisa y con la complicidad de quienes han superado el mayor obstáculo que hasta el momento la vida había colocado en sus caminos. Quieren explicarlo porque son conscientes de que puede servir de ayuda para quienes, como ellos, hoy tienen un reto gigantesco al que enfrentarse.