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Un estudio suizo sobre Urano y Neptuno está reabriendo el debate científico acerca de la verdadera composición de estos mundos y plantea que la NASA podría haber sostenido durante décadas una interpretación demasiado rígida sobre los llamados gigantes de hielo. Las conclusiones, publicadas en la revista Astronomy & Astrophysics, apuntan a modelos internos mucho más rocosos de lo que se creía.
La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad de Zúrich, cuestiona la clasificación clásica que situaba a ambos planetas dentro de una categoría homogénea. Los autores defienden que los datos observacionales disponibles permiten alternativas que abarcan interiores dominados por roca y no solo estructuras compuestas por capas de hielo a gran presión.
El equipo ha empleado un método híbrido que combina modelos físicos con aproximaciones numéricas capaces de generar miles de perfiles internos. El procedimiento parte de distribuciones de densidad aleatorias, calcula el campo gravitatorio que producirían y compara los resultados con las mediciones reales. Según Luca Morf, autor principal del trabajo, “La etiqueta de gigantes de hielo es demasiado simple, ya que Urano y Neptuno aún son poco conocidos.”.
Una nueva mirada al magnetismo
Estos modelos permiten obtener configuraciones coherentes sin imponer supuestos estrictos desde el inicio, lo que elimina parte de los sesgos de las aproximaciones previas. La profesora Ravit Helled señala que “Nuestros modelos tienen capas llamadas de agua iónica que generan dinamos en ubicaciones que explican los campos magnéticos no dipolares observados.”
Las simulaciones analizan además la estructura del campo magnético, un rasgo especialmente peculiar en Urano y Neptuno. A diferencia de la Tierra, presentan multipolos y desviaciones significativas. Las capas de agua iónica propuestas por el modelo serían capaces de generar dinamos magnéticas irregulares y, según los autores, el origen del campo de Urano se ubicaría a mayor profundidad que el de Neptuno, una diferencia que podría ser clave para interpretar su comportamiento.
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— Astrobiology (@astrobiology) December 10, 2025
Este avance metodológico no elimina, sin embargo, parte de las grandes incógnitas que rodean a ambos planetas. Los investigadores recuerdan que todavía existen lagunas importantes sobre cómo se comportan los materiales sometidos a presiones extremas, lo que condiciona la fiabilidad de los modelos. Morf explica que “uno de los principales problemas es que los físicos apenas comprenden aún cómo se comportan los materiales en las exóticas condiciones de presión y temperatura que se dan en el corazón de un planeta”.
Los expertos insisten en que solo una misión dedicada permitirá determinar si Urano y Neptuno son realmente mundos dominados por hielo o si albergan interiores rocosos capaces de reformular la arquitectura del sistema solar. Hasta que esos datos lleguen, el debate científico continuará abierto.