El estreno este viernes de Ciudad de sombras en Netflix tiene inevitablemente un matiz emocional para todo el equipo. La serie supone el último trabajo televisivo de Verónica Echegui, fallecida el pasado 24 de agosto a los 42 años. Su repentina muerte marcó a quienes compartieron con ella el rodaje y los procesos posteriores.

Jorge Torregrosa, director de la ficción y amigo cercano de la actriz desde hacía más de quince años, recuerda estos la dureza de estos últimos meses: “Trabajar con Verónica era maravilloso. También la dirigí en Intimidad. Era una actriz única, con un talento brutal y una vitalidad delante de la cámara que te desarmaba. Haber tenido que terminar la serie sin poder compartirla con ella ha sido muy duro”.

La serie se encontraba ya en posproducción cuando llegó la noticia. Terminarla, explica Torregrosa, exigió un ejercicio de profesionalidad, pero también de duelo: “Había algo fantasmagórico en seguir trabajando con su imagen viva en pantalla sabiendo que ella ya no estaba. Por eso quisimos dedicarle la serie de una forma discreta y personal. Cada capítulo termina con un ‘Para Verónica Echegui, con todo nuestro cariño y admiración’, algo que sentimos que representaba mejor quién era ella y cómo la queríamos”.

“Verónica era una actriz única, con un talento brutal y una vitalidad delante de la cámara que te desarmaba. Haber tenido que terminar la serie sin poder compartirla con ella ha sido muy duro”

En cuanto a la serie propiamente, Ciudad de sombras se despliega como un thriller criminal que adapta libremente El verdugo de Gaudí , la primera novela de una teatrología escrita por Aro Sáinz de la Maza y con el inspector Milo Malart como protagonista. Para Torregrosa que cualquier adaptación “siempre es inspirada en, porque hay cosas que puedes adaptar y cosas que no”, pero remarca que conservar la personalidad de Milo Malart (al que da vida Isak Férriz) era una prioridad: “Es un hombre atormentado, con muchas cargas, con miedos, con lagunas emocionales… pero también un hombre noble, con principios, con una visión social que le obliga a posicionarse y a proteger a los más desprotegidos”.

A su lado, Rebeca Garrido -personaje inspirado en la novela pero transformado para la serie y al que encarga la malograda Verónica Echegui— nace con una intención clara del director: “Quería una coprotagonista que estuviera a su altura, a nivel de intensidad y potencia. Que fueran muy distintos, pero que al final compartieran un vínculo humano muy profundo”.

Ambos personajes se verán empujados a colaborar cuando aparece un cadáver quemado en la fachada de La Pedrera. Ese arranque introduce otro de los pilares de la serie: Barcelona y la sombra de Gaudí. Para Torregrosa, no se trata del típico recurso de “la ciudad como un personaje más”, sino de una integración real y narrativa: “La historia de la ciudad forma parte de la trama y está inextricablemente unida a ella. No queríamos que los personajes lo contaran, sino que el espectador lo pudiera ver y respirar”.

Por eso decidió incorporar imágenes de archivo -desde los primeros registros cinematográficos hasta la actualidad- como un nivel textual propio. “Generó un trabajo enorme de búsqueda y selección, pero era esencial. Queríamos mostrar cómo era y cómo es Barcelona”.

La arquitectura de Gaudí se vuelve, de hecho, un eje conductor: cada episodio lleva el nombre de una de sus obras. Algunas localizaciones, como la Casa Milà o el Palau Güell, pudieron utilizarse; otras no, como el Park Güell, donde “fue imposible rodar”. Obtener permisos no fue sencillo: “Al principio eran muy reacios. Quemar a una persona en La Pedrera… lo entendíamos. Pero conseguimos ir convenciendo poco a poco de la importancia que tenía para la historia”. La ayuda del equipo de la Casa Milà fue decisiva y permitió acceder incluso a la azotea del edificio para una de las secuencias clave.

Más allá del aparato visual y del misterio criminal, Torregrosa subraya que la prioridad era construir una historia de personajes: “No queríamos lugares comunes. Queríamos que el espectador hiciera un viaje emocional importante”. El director destaca el trabajo de todo el reparto, no solo de los protagonistas: Ana Wagener, Manolo Solo y Jordi Rico completan un elenco que, en su opinión, “da mucha verdad y mucha humanidad a la serie”.

Con seis episodios que combinan investigación, memoria urbana y drama íntimo, Ciudad de sombras intenta ofrecer -en palabras de su director- “una experiencia rica, que te dé muchas cosas: el enganche adictivo del thriller, pero también la emoción y el retrato de una ciudad que a veces no se ha visto así”. Respecto a posibles adaptaciones del resto de la tetralogía y al margen de que Verónica Echegui ya no podría participar, Torregrosa reconoce que es una puerta abierta: “Las novelas están. Los derechos los tiene Netflix. Dependerá de cómo vaya esta primera y de lo que decida la plataforma”.

Francesc Puig Alegre

Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1987. En la actualidad en las secciones de Series, Televisión y Gente