A Héctor Alterio le habría gustado morir sobre las tablas. No ha sidoasí, pero casi, ya que ha estado trabajando hasta sus últimos días. Hace … un mes, sin ir más lejos, estaba actuando en Oviedo con su último espectáculo, ‘Una pequeña historia’, en el que recitaba poemas de León Felipe –su autor talismán– y cantaba tangos clásicos acompañado por el virtuoso pianista Juan Esteban Cuacci.

Fallecido este sábado a los 96 años de edad, era sin duda uno de los actores más venerados del cine y el teatro en español, y deja tras de sí una carrera monumental que abarcó más de siete décadas. Su muerte ha sido confirmada por su familia en un comunicado remitido por Pentación Espectáculos, la productora donde llevó a cabo sus últimos trabajos en el teatro. «Con profundo dolor queremos comunicaros que hoy, 13 de diciembre por la mañana, nos ha dejado Héctor Alterio. Se fue en paz después de una vida larga y plena dedicada a su familia y al arte, estando activo profesionalmente hasta el día de hoy. Descanse en paz», señala la nota.

Alterio era uno de los intérpretes más queridos tanto en su Argentina natal como en España, donde desarrolló de manera prolífica su carrera y donde fue reconocido por su enorme trayectoria con el Goya de Honor 2004, que recibió de manos de sus hijos, los también intérpretes de cine, teatro y televisión Malena y Ernesto Alterio.

Nacido en Buenos Aires en 1929 en el seno de una familia de inmigrantes napolitanos, Alterio descubrió muy temprano su pasión por las tablas. Su vocación lo llevó a estudiar Arte Dramático y, en 1948, a crear la compañía Nuevo Teatro, un proyecto que buscaba aportar innovaciones a la escena argentina y que se mantuvo activo hasta finales de los años sesenta. Allí, se forjó como un intérprete profundo y comprometido, consolidando un estilo que combinaría la naturalidad con una intensidad emotiva que atrapaba a espectadores y críticos.

A principios de los años setenta, cuando ya era un rostro conocido en el cine argentino, la situación política del país lo obligó a tomar una decisión que cambiaría su vida. Amenazado por la Triple A, una organización de extrema derecha, Alterio se exilió en España en 1975 junto a su familia.

Precisamente en el que ha sido su último espectáculo teatral, escrito por su mujer, la psicoanalista Ángela Bacaicoa, recordaba el actor este episodio y las circunstancias de su exilio, pocos meses antes del golpe militar que llevó al poder a Videla y a su camarilla.

Aunque Alterio regresó a Argentina con frecuencia terminada la dictadura, echó raíces en Madrid, donde residía desde hace medio siglo y donde comenzaron a hacer carrera también en la interpretación sus hijos, Ernesto y Malena, dos excelentes actores en la estela de su padre.

Legado imborrable

La capital española se convirtió así en su nueva casa, y donde comenzó otra etapa clave de su carrera. Pronto se integró en el cine y el teatro españoles. Su primera aparición significativa fue en ‘Cría cuervos’ (1976), de Carlos Saura, tras lo cual vinieron papeles memorables en películas como ‘A un dios desconocido’ (1977), de Jaime Chávarri, por la que obtuvo la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián, y ‘El crimen de Cuenca’ (1980), dirigida por Pilar Miró.

Alterio no solo brilló en producciones europeas: su carrera cinematográfica en Argentina ya había sido fundamental para la historia del cine latinoamericano. Participó en títulos que hoy se consideran clásicos, como ‘La tregua’ (1974), la primera película argentina nominada al Oscar; ‘Camila’ (1984) y ‘La historia oficial’ (1985), esta última ganadora de la estatuilla a la Mejor Película Extranjera. También se consolidó internacionalmente por su papel en ‘El hijo de la novia’ (2001), una película que emocionó al público de todo el mundo y que reforzó su reputación como un actor dotado de una humanidad y una calidez difíciles de igualar.

Además de estos hitos, a lo largo de su carrera participó en más de 150 películas, incluyendo títulos como ‘Caballos salvajes’, ‘Cenizas del paraíso’, ‘Plata quemada’, ‘Kamchatka’, ‘Las huellas borradas’, ‘Noviembre’ y otros filmes que subrayaron su versatilidad como actor.

En 2004, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le otorgó el Goya de Honor en reconocimiento a una trayectoria ejemplar, un momento especialmente emotivo porque fue entregado por sus propios hijos, Malena y Ernesto. Además del Goya, en 2008, su Argentina natal le reconoció con el Cóndor de Plata por su trayectoria cinematográfica y en 2023, el Centro Cultural Kirchner de Buenos Aires le brindó un homenaje que contó con la presencia de un nutrido grupo de profesionales del séptimo arte de Argentina, como Ricardo Darín.

Había dejado ya el cine, donde brilló en una larga lista de películas, tanto en su Argentina natal como en España. Pero el teatro, su primigenia pasión, no tenía ninguna intención de abandonarlo pese a su avanzada edad. Era una proeza la de Héctor Alterio, subiéndose a sus 96 años dos o tres veces por semana a escenarios a lo largo de toda España.

La noticia de su fallecimiento ha generado una ola de reacciones en España, Argentina y el resto del mundo hispanohablante. Amigos, directores, compañeros de escena y admiradores han recordado no solo a un intérprete incomparable, sino a un gigante que dedicó toda su vida a contar historias, a explorar emociones humanas universales y a tender puentes entre culturas a través del arte.

En palabras del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue un «actor inmenso y querido, que dejó una huella imborrable en el cine, el teatro y la televisión; su talento y humanidad seguirán vivos en cada uno de sus trabajos». También se ha despedido de él el Teatro Arriaga, que celebra «su larga vida y haber disfrutado de su categoría como actor sobre el escenario».

Según contaba recientemente a este diario el reputado director de escena madrileño José Carlos Plaza, Alterio no tenía ninguna intención de retirarse: «El otro día le fui a ver con 95 años, dando un recital de poesía. Cuando terminó, me dio un abrazo y me dijo: ‘¿Qué hacemos lo próximo?’».