Esta casa adosada luce tras su fachada en rojo intenso un espacio sofisticado diseñado por el estudio de arquitectura Lupettatelier

En el barrio de Wagner, donde el Milán residencial revela su alma más refinada, esta casa adosada llama inmediatamente la atención gracias a su fachada en color rojo, en un guiño a las pintorescas casas de colores de Notting Hill (Londres). No es una referencia literal, sino un eco lejano: el mismo placer por el color, el mismo deseo de afirmar un carácter preciso en medio de la ciudad. Aquí, sin embargo, el rojo adquiere una vibración totalmente milanesa, más material, más arquitectónica, sin desmerecer la preferencia por el estilo británico de los propietarios.

Hombre en balcón de casa roja

En la foto, Edoardo, el propietario de la casa.

© Beppe BrancatoFachada de casa roja

La casa adosada recuerda a las coloridas casas de Notting Hill.

© Beppe BrancatoEl jardín secreto, un cuadro vivo

Pero es más allá de la entrada donde tiene lugar la verdadera revelación. Detrás del edificio, protegido como un secreto bien guardado, se abre un jardín privado e inesperado, un pequeño pulmón verde que parece suspender el bullicioso ritmo de la zona. Es un privilegio difícil de encontrar, sobre todo en Milán. Un contrapunto natural a la verticalidad de la vivienda, un paréntesis de silencio en medio de la manzana.

Diseñado por el paisajista Gavril Cornelius, el jardín no es sólo un telón de fondo, sino una prolongación natural de la casa. Aquí, la gran ventana panorámica situada en la planta baja de la casa, renovada por el estudio de arquitectura Lupettatelier, se concibió como un umbral transparente que transforma este espacio verde en un cuadro vivo y cambiante. En esta atmósfera es donde cobra vida el salón: un ambiente que respira luz, reflejos y color. El diálogo entre el rojo de la fachada y el verde del jardín se convierte así en el rasgo distintivo, una tensión cromática culta y elegante que refleja su verdadera esencia.

Espacio exterior

En el exterior, los sillones de Maison du Monde y el suelo de cerámica Pittorica de Ceramica Bardelli.

© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia TaglialatelaSalón en tonos neutros con salida al jardín

En primer plano, los sillones Stilt Chair y mesa de centro Stilt Weave, de Amura Lab .© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia Taglialatela

Librería y arte

Aplique vintage de cristal de JT Kalmar para Kalmar, de los años 60.© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia Taglialatela

La escalera azul, el flujo vital entre diseño, memoria y color

Nada más atravesar la puerta de entrada, la escalera azul es lo primero que llama la atención. No es una simple estructura de conexión entre plantas, sino una presencia escenográfica que recorre la casa como una pincelada: continua, suave, envolvente. Los diseñadores la describen como «una cinta en movimiento» y, en efecto, casi parece bailar mientras fluye de un nivel a otro, uniendo los diferentes pisos sin reclamar nunca el protagonismo. Justo en torno a este gesto cromático, la casa se desarrolla y encuentra su ritmo.

escalera azul

La escalera azul atraviesa la casa como un signo gráfico, conectando los diferentes niveles con un gesto contemporáneo.

© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia Taglialatelaescaleras azules

El azul se convierte en protagonista arquitectónico: una presencia escenográfica que guía la mirada y armoniza los ambientes.

© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia TaglialatelaUna casa honesta

La cocina abre el camino con la ligereza de la mesa Tulip de Saarinen que dialoga con naturalidad con las lámparas de suspensión vintage de Venini. Un poco más allá, el comedor vibra con la energía de las Superleggera de Cassina y, el salón, iluminado por una pieza de Mario Schifano que destaca en el conjunto, revelando el alma más culta de los propietarios. “Su colección no se construyó para asombrar, sino para integrarse”. Un enfoque emocional que permite que el diseño italiano del siglo XX conviva con obras de arte de diversos estilos -desde Giulio Turcato a Christo & Jeanne-Claude- y con apliques de Venini que, al atardecer, dibujan sombras y reflejos.

El resultado es un equilibrio sutil y sofisticado. Una casa que no quiere enseñar nada, sino contar: hablar de sus habitantes, de sus viajes, de sus curiosidades, de los objetos elegidos por instinto y no por moda. Una pequeña villa en Milán que puede leerse como un diario abierto.

cocina rosa

En la cocina, los muebles Cesar dialogan con los apliques de Art&Solving que iluminan el Turcato colgado en la pared.

© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia Taglialatelacocina rosa

En el lado opuesto de la cocina conviven una fotografía de Christo & Jeanne-Claude, platos de Fornasetti y un paisaje azul de Guidi.

© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia Taglialatelacomedor con arcos

En el comedor, las sillas Superleggera, de Ponti para Cassina.© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia Taglialatela

mesa redonda

Al fondo, la mesa de centro Stilt Weave, de Amura Lab.

© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia TaglialatelaArcos en el comedor

Otro detalle del comedor, que se abre a la escalera mediante un arco.

© Beppe Brancato / Estilismo: Giulia TaglialatelaLa zona de noche: íntima y personal

Al ascender a las plantas superiores, la casa parece modular su propia voz. Los materiales se vuelven más suaves al tacto, la luz se vuelve más comedida, los colores se deslizan hacia tonos íntimos y personales. Es una elección intencionada, porque es aquí donde comienza la dimensión más privada de la vida. El estudio nos recibe primero: una habitación luminosa, amplificada por una terraza que se abre como una prolongación natural del jardín de la planta baja. Es el espacio de los pensamientos pausados, de las páginas subrayadas, de las ideas que toman forma en la calma de un lugar apartado.