Los gigantes empresariales rara vez nacen en sedes icónicas o edificios singulares. Suelen hacerlo en espacios modestos, casi invisibles, donde lo importante no es el lugar, sino la idea. “Los gigantes nacen en garajes”, recordaba recientemente Dimas Gimeno, Empresario español y ex presidente de El Corte Inglés, en una reflexión que ha vuelto a poner el foco sobre uno de esos enclaves discretos que, sin saberlo, acabaron cambiando la historia empresarial de un país. En España, uno de esos puntos de origen tiene nombre y dirección: calle Noia, número 61, en A Coruña. Y es el germen de una de las principales empresas del país y de las más importantes del mundo en el sector de la moda: Inditex.

Hoy, ese mismo espacio histórico, figura en el mercado como un local comercial en alquiler gestionado por la agencia Inmobiliarias R, con una superficie de alrededor de 380 m2 a pie de calle y un precio de salida de 900 euros al mes, lo que lo convierte en una de las pocas oportunidades de este tamaño y ubicación en el tejido urbano de la ciudad. El anuncio destaca no solo su amplitud, sino también su accesibilidad y visibilidad en una zona con tránsito peatonal y comercial, aunque carece de cualquier distintivo que recuerde su papel original como semilla de un imperio empresarial.

Antes de convertirse en el mayor grupo textil del país y en una de las mayores compañías de moda del mundo, Inditex fue un proyecto embrionario que dio sus primeros pasos en un bajo de 402 m2, con forma de L invertida. Allí se instaló en 1963 Confecciones GOA, acrónimo de Amancio Ortega Gaona escrito al revés. “El local donde Amancio Ortega comenzó a implantar el modelo que le haría rico”, en palabras de Gimeno, fue durante años el corazón de una empresa todavía desconocida, pero ya obsesionada con el control del proceso productivo.

En ese espacio trabajaba la familia Ortega casi al completo: Amancio y su hermano Antonio, junto a sus respectivas esposas, Rosalía Mera y Primitiva Renedo. Se confeccionaban principalmente batas y prendas de estar por casa, en un sistema casi artesanal que, sin embargo, empezaba a sentar las bases de lo que más tarde sería una revolución en la industria de la moda: producir rápido, ajustar cantidades y responder con agilidad a la demanda.

Hoy, más de seis décadas después, el bajo de la calle Noia es un local silencioso. Según diversas informaciones, lleva años vacío, “a la espera de un comprador o un arrendatario que se anime a hacer negocios bajo el mismo techo que cobijó a la familia Ortega”, como señala Gimeno. En el mercado inmobiliario figura como un local más, sin distintivos ni referencias visibles que recuerden que allí se gestó una de las mayores historias empresariales de España.

La paradoja es evidente. Mientras Inditex se ha convertido en un gigante global con miles de tiendas repartidas por todo el mundo, el espacio donde empezó todo permanece cerrado, ajeno a su propio pasado. Un contraste que invita a reflexionar sobre cómo cambian las ciudades y cómo ciertos lugares clave quedan relegados al anonimato. “En otro país, ese local habría sido declarado de interés nacional y tendría una placa que recordara que allí 4 emprendedores lanzaron el germen de Inditex”, explica Luis Lara, uno de los mayores expertos en el negocio del retail en España.

El local de Noia fue, además, un segundo paso. “Pero, realmente, el de Noia fue el segundo local”, recuerda Gimeno. El primero fue aún más pequeño y precario. Estaba en la calle San Rosendo, junto a la estación de tren. Un bajo de menos de 100 m2 donde Rosalía Mera y Primitiva Renedo cosían prendas rodeadas de retales, máquinas y poco más. “Allí no cabían ni retales, ni máquinas, ni personas”, explica. Aquella primera ubicación duró apenas unos meses, hasta que el crecimiento obligó a buscar un espacio mayor.

Ese traslado a la calle Noia marcó una etapa clave. GOA permaneció allí durante años, hasta que la actividad volvió a desbordar el espacio y la empresa dio el salto al Polígono Industrial de Sabón, en Arteixo. Más tarde llegarían hitos decisivos: la apertura de la primera tienda Zara en 1975 y, en 1985, la constitución formal de Inditex como grupo empresarial, iniciando una expansión internacional sin precedentes.

La historia del bajo de A Coruña conecta con una idea que Gimeno resume con claridad: “Las grandes compañías no nacen con visión global. La construyen cuando el espacio se queda pequeño”. Frente a la tendencia actual de esperar condiciones ideales para emprender, el origen de Inditex demuestra justo lo contrario. “En España tenemos la obsesión de esperar ese ‘momento perfecto’ para emprender, lanzar o crecer”, apunta. Pero la realidad es que “los proyectos que triunfan no empiezan listos; son el resultado de muchas pruebas y errores desde el salón de casa, el garaje o un local improvisado”.

Hoy, el local de la calle Noia encarna esa lección empresarial y urbana. Un espacio que pasó de ser el germen de la mayor empresa de moda del país a convertirse en un bajo vacío, pendiente de una nueva oportunidad. De ahí la pregunta que lanza Gimeno y que sobrevuela la historia: “¿Para cuándo una placa que diga que ahí nació Inditex?”.