Esta conversación con Ricardo Urgell, publicada originalmente en Vanitatis en 2021, sigue siendo un retrato vivo de uno de los grandes artífices del sueño ibicenco, un empresario que vendió su imperio en 2017 por 290 millones.

Noelia Zazo, colaboradora de Lecturas, hablaba hace unos años con el fundador de la marca Pachá sobre su figura, que conecta inevitablemente con la de otros protagonistas de la noche balear, como Abel Matutes, dueño de Ushuaïa, que recientemente repasaba su trayectoria y explicaba qué significa para él el lujo.

Los inicios de Ricardo Urgell en los años dorados de Pachá

Urgell lo tiene claro cuando mira atrás: “De todos los locales que yo tuve, la mejor época fueron los 80”. Aquel impulso coincidió con el nacimiento del primer Pachá en Sitges, que abrió con 27 años tras apartarse de la arquitectura: “Yo estudié arquitectura, pero era un vago y no aprobé. Después empecé en esto y ya no paré”. Y confiesa que “me terminé denominando a mí mismo en un documental que me hicieron como ‘el arquitecto de la noche’”.

Ricardo Urgell durante una intervención pública

Los primeros años de Urgell fueron clave para construir el universo Pachá.

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La entrevista arranca en el restaurante El Yate, donde la autora describe a Ricardo como “moreno y en increíble buena forma física”. En aquel momento residía en Ibiza, una isla que lo atrapó en los 70: “Cuando yo fui había cuatro hippies y no había una peseta. Aquella Ibiza maravillosa se ha ido porque por donde pasa el hombre no crece la hierba”.

Aunque su marca llegó a asociarse con más de un centenar de locales, recuerda que “muchas eran franquicias” y que no siempre funcionaban: “yo les hacía el proyecto y luego ellos lo llevaban como querían y, claro, no siempre funcionaba porque para que lo haga hay que currárselo mucho”.

La venta millonaria y el cambio que supuso en su vida

En 2017 vendió todo por 290 millones, una cifra que considera suficiente económicamente, pero no emocionalmente. “La verdad es que aún estoy triste por ello”. La decisión llegó, en parte, porque sus hijos no querían continuar el negocio: “Ellos me veían que yo no paraba en todo el día… Ellos no querían esa vida”.

Aun así, mantiene una vitalidad que atribuye a haber trabajado siempre rodeado de gente joven: “Dentro de lo que cabe, me conservo bien porque he vivido entre jóvenes, y esa tendencia me ha llevado a tener una actitud más joven”.

Su visión sobre la noche y la música actual

Pese a ser el alma de un imperio nocturno, Urgell siempre se ha considerado un hombre diurno. “Nunca me ha gustado el mundo del bullicio, el follón y tal… Yo disfrutaba con el proyecto y con el éxito, esa era mi adrenalina”. Desde ahí explica también cómo ve hoy la noche y el rumbo de la música electrónica: “Los chicos jóvenes no bailan, solo levantan los brazos”. 

Luces y ambiente de club durante una sesión nocturna

Urgell afirma que la noche de hoy ya no se vive como antes: “Los chicos jóvenes no bailan, solo levantan los brazos”.

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Al mirar atrás, su recuerdo más especial de más de cinco décadas en el sector sigue siendo la inauguración de Pachá Madrid en 1980: “Desde aquel día, no dejé de viajar entre Barcelona, Madrid e Ibiza durante los siguientes 37 años”.