Cuando quedamos con Ainoa hace apenas un mes que llegó de grabar el programa de televisión ‘Hasta el fin del mundo’, el concurso de La 1 de Televisión Española en el que participa con su tía Yolanda Ramos cruzando Latinoamérica. Esta es una de las primeras entrevistas que da y habla como quien todavía no está acostumbrada al interés mediático que ha cosechado por ser ella misma, pero lo hace con un desparpajo que sabemos bien de quién lo ha heredado.
A sus 20 años, recién llegada a Madrid y a la vida adulta, habla de ella con sencillez. “Hace unos meses te diría que no lo sabía”, confiesa ante la pregunta de quién es. “Antes del viaje estaba superperdida y la experiencia me ha ayudado a encontrarme”. Catalana de nacimiento, madrileña de reciente adopción, camarera por necesidad y artista por vocación, Ainoa se muestra entre el vértigo y la convicción de quien sabe que tiene toda la vida por delante.
Sobrina de una de las actrices más queridas de nuestro país, su sueño de seguir sus pasos nació viéndola a ella sobre los escenarios. “La veía y decía: ‘Yo quiero esto’”. Pero esto es algo que a veces también pesa, porque Ainoa carga con la frase que más le ha molestado siempre a lo largo de su vida: “Siempre me han dicho ‘aprovéchate de tu tía’ y me da mucha rabia”. Ella lo tiene claro: “Si me tiene que llegar algo, ya me llegará. Pero nunca la nombro para nada”.
Yolannda Ramos y Ainoa Olivares en la presentación de ‘Hasta el fin del fin mundo’. (Europa Press)
No tiene formación en interpretación porque, según cuenta, “mi tía nunca me ha dejado, siempre me ha dicho que en las escuelas matan al artista”. Se refugió al cumplir los 18 años en un grado superior de producción audiovisual “porque estaba cerca de lo que me gusta”, aunque cada rodaje era un recordatorio: “Veía a las actrices de los cortos que hacíamos y me moría de envidia. Yo quiero eso”. Lo curioso es que, hasta el programa, no había hecho nunca ningún casting: “Con todo lo del programa he hecho contactos y empezaré ahora”.
«Mi tía nunca me ha dejado estudiar interpretación, siempre me ha dicho que en las escuelas matan al artista»
La oportunidad de ‘Hasta el fin del mundo’ le llegó de una forma insólita: “Siempre lo cuento: estaba haciendo caca por la mañana y me llamó mi tía para contármelo y no me lo creía”, dice entre risas. No estaba previsto que fuera ella quien participara con Yolanda Ramos. “Al principio iban a ser parejas de famosos y no conocidos. Ella pensó en una amiga, pero fue el productor, a quien le había hablado de mí, el que dijo que tenía que ser yo”. Esa oportunidad tenía que llegar y llegó.
Durante dos meses, hasta que emprendieron el viaje, no volvieron a hablar del tema por miedo a gafarlo: “Es un proyecto tan heavy… no nos lo creíamos”. Ahora que lo ha vivido, cada día descubre el eco del programa: “¡Lo que me paran por la calle! Yo flipo. Y trabajando también me lo dicen un montón. A veces les da vergüenza pedirme cosas en el bar”.
Ainoa en Ushuaia, conocida como ‘El fin del mundo’. (@ainoaolramos)
La experiencia fue una sacudida emocional. “Un programa es una semana de grabación y todo, todo es real”, insiste. Pero hubo algo que la marcó especialmente: estar sin teléfono móvil. “Fue lo mejor que me pasó. Ahí estás en un autobús de nueve horas, sin internet, sin música… solo puedes pensar”. Lo único que le quedaba era mirar para adentro: “Me dio tiempo a ver mi corta vida y darme cuenta de qué quiero y qué no quiero. Mentalmente me ha cambiado un montón”.
«No me gusta decir lo típico de ‘la gente vive tan bien con tan poco’. Eso me parece una mierda como una catedral. Pobreza hay en Perú, en Madrid, en Barcelona…»
Sobre el aprendizaje vital, huye de tópicos. “No me gusta decir lo típico de ‘la gente vive tan bien con tan poco’. Eso me parece una mierda como una catedral”. Es joven, pero su mirada es más cruda: “Pobreza hay en Perú, en Madrid, en Barcelona… Los niños indígenas son felices, sí, pero muchos no saben qué hay más allá de su poblado. Pero también hay otros viendo TikTok”. Ella extrae otra valiosa lección: la paciencia. “Aprendí a tener paciencia con los tiempos y la gente”.
Ainoa y Yolanda Ramos durante la grabación de ‘Hasta el fin del mundo’. (@ainoaolramos)
El programa la obligó a convivir con gente que no conocía de nada como era el equipo del programa. “Me pasé dos meses, no solo con mi tía, también con un redactor y un cámara 24/7. Cada dos o tres países nos cambiaban a un seguridad que también era paramédico, un segundo cámara y un fixer de cada país, el que se conocía la zona”. De todos ellos se lleva algo.
«En este viaje he visto a mi tía más poderosa que nunca»
La convivencia con su tía —dos meses codo con codo— fue intensa, pero reveladora. “Hemos hablado mucho, hemos tenido momentos de intimidad. También nos hemos peleado, pero es como mi madre y nos queremos un montón. Contamos la una con la otra para todo”, resume. A la vez, pudo admirarla desde otra perspectiva: “Mi tía es una tía que sale de un cabaret de Barcelona y que se lo ha currado todo sola. En este viaje la he visto más poderosa que nunca. Puede conseguir todo lo que se proponga. Ella puede con lo que sea”.
También vulnerable. Le recuerdo una frase que dijo en uno de los primeros programas: “No tenía ganas de vivir y aquí disfruto de la vida”. “Ahí estábamos con un equipo que nos ayudó un montón, tuvimos muchas conversaciones con ellos. Ese día justo era su cumpleaños y ella estaba superfeliz, a unos niveles inexplicables. Lo pienso y me dan ganas de llorar”, admite emocionada.
Pese al impacto mediático, Ainoa ha vuelto a su vida con los pies en la tierra. “A mí que me vean trabajando en el bar no me importa nada. Yo puedo hacer esto y puedo hacer lo otro. Vengo de una familiar de mujeres que se lo han ganado todo ellas, son mis referentes”, reconoce.
Ni siquiera se plantea aprovecharse ahora de su apellido y de su participación en el programa: “Yo ahora podría dejar esto y estar a la bartola, pero me estoy centrando en lo que quiero”. Repite el mejor consejo que le dio su tía y que tiene muy interiorizado: “Ella es superfamosa y nos es consciente. La veo tan humilde y tan normal. Con lo del programa ya me ha dicho: ‘Tú no te vengas arriba. Eres quien eres y si te tiene que salir algo, te saldrá‘”.
En este experiencia también encontró vínculos inesperados. “Entré y vi a Alba Carrillo, que mide 2 metros 40 y me quedé tiesa. Es perfecta”, recuerda entre risas. Habla también con mucho cariño de las dos personas que «han sido mi mayor apoyo», Andrea Compton —”No he conocido persona más buena”— y de Jedet —“La seguía desde hace muchos años y me ha sorprendido mucho porque es como estar con una amiga de tu barrio de toda la vida”—. Pero de todos dice lo mismo: «Hemos hecho mucha piña. Me han ayudado un montón”.
«Yo manifiesto mucho. Creo que todo llega si lo quieres y te esfuerzas un poquito»
Ahora, entre turnos de camarera y una producción incesante de TikToks, siente que está “aterrizando, en shock” tras el programa. No tiene prisa. “Soy paciente con lo que me tenga que venir. Esto ha sido una oportunidad enorme, pero necesito reorganizar mi vida”.
Eso sí, sueña con disimulo cuando le preguntamos qué proyecto ambicioso le gustaría alcanzar: “Pues una serie de Netflix. Un ‘Élite’ en el que yo pueda enseñar un poco los pezones y liarme con un maricón”, dice con ese humor tan característico que ha heredado de su tía. “Yo manifiesto mucho. Creo que todo llega si lo quieres y te esfuerzas un poquito”.
Ainoa y Yolanda Ramos durante la grabación de ‘Hasta el fin del mundo’. (@ainoaolramos)
Y quizá sea eso lo que mejor define a Ainoa Olivares hoy en día: una chica que todavía está “muy disociada” con su recién estrenada vida adulta, pero que siente por primera vez que la dirige ella. “Es muy duro salir del nido y hacerte mayor”, confiesa, “pero ahora mi vida la llevo yo”. Y así lo está haciendo: con paciencia, con humor y, sobre todo, con una voz propia.
Cuando le pregunto si se le quedó algo en el tintero, si quiere añadir algo más a la entrevista, hace una única petición: “Quiero que al final pongas ‘un beso a los gays’, que son todos mis seguidores”.