Lo ha vuelto hacer y una vez más junto a su gran amiga, la pintora Beatriz Sanz, que es su mejor partner a la hora de compartir exposiciones. El magistrado Santiago Pedraz se convirtió en el protagonista de la inauguración de su última exposición de pintura que ha tenido lugar en una galería junto al parque del Retiro de Madrid, la galería E Ciento Veinte (mañana se clausura). Con el título Dolce Farniente tanto Pedraz como Sanz, dieron a conocer sus últimas obras pictóricas en una jornada que consiguió un lleno absoluto a pesar del mal tiempo que hizo durante la tarde en Madrid. Pedraz presentó seis cuadros nuevos (en las primeras horas consiguió vender casi la mitad) y volvió a esos abstractos, que ya son su santo y seña, y que últimamente remata con ciertos toques luminosos.

Muy discreto y está tímido a la hora de hablar de obra, el juez ha conseguido encontrar precisamente en la pintura ese remanso de paz que consigue reconciliarle con su parte más íntima y hasta darle un soplo de aire a una vida donde el ritmo de la actualidad y la tensión de los juzgados le sitúan muchas veces en primera línea de fuego de comentarios. Acompañado por su mujer, Elena Hormigos, el matrimonio ha celebrado días atrás el segundo cumpleaños de su hijo, Jacobo, y ahora se disponen a disfrutar de estas fiestas navideñas en compañía de sus familiares. Junto a Beatriz Sanz, la artista que ha hecho del color su mejor carta de presentación, Pedraz no quiere llamar la atención, pero tacita a tacita se va haciendo su hueco en el complicado mundo del arte, que no suele tener muchos magistrados entre sus autores.

Precisamente, del mundo de la judicatura acudieron muchos compañeros de Pedraz a esta jornada inaugural que tampoco se perdió la escritora Carmen Posadas, a quien vi muy interesada precisamente en la obra de Santiago. El juez Eloy Velasco también estuvo contemplando los cuadros de su colega, en un ambiente totalmente relajado y fuera del pulso diario que se respira en la Audiencia Nacional. Aunque sea por unas horas, el remanso de paz que siempre se consigue en torno a una exposición pictórica fue un auténtico «Kit kat» para algunos representantes del mundo de la justicia, que son protagonistas absolutos de casi todas las crónicas. Al igual que pasa con la música el arte también sirve para amansar a la fuera que todos llevamos dentro.

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