Casas pequeñas: el estudio Bruzkus Greenberg crea un sofisticado pied-à-terre de 70 m2 con mucho ingenio y una curiosa caja azul

«Una casa bien organizada debe planificarse como una ciudad: con calles y caminos que conduzcan a lugares sin tráfico donde sea posible relajarse», sentenció en una ocasión el arquitecto austro-sueco Josef Frank. Por muy lógica que suene esta frase, no todos los proyectos cumplen este requisito. El estudio de arquitectura Bruzkus Greenberg se tomó a pecho esta cita a la hora de reformar una de esas casas pequeñas sin mucho carácter y con tres habitaciones pequeñas (una de ellas sin ventanas).

Una pareja posa en las escaleras de un piso

Peter Greenberg y Ester Bruzkus, de Bruzkus Greenberg.

© Pion StudioVivir al aire libre en Prenzlauer Berg

El apartamento fue adquirido por una pareja como segunda residencia y el equipo de diseño formado por Ester Bruzkus, Peter Greenberg y Anna Kopeina recibió el encargo de crear algo especial y funcional a la vez. El primer impulso del equipo fue separar las zonas comunes de las privadas, pero pronto cambiaron de idea. «Tuvimos una reunión en la vivienda con todas las ventanas y puertas estaban abiertas y había una brisa muy agradable», comenta Greenberg. La pareja y el estudio de arquitectura querían intensificar esta sensación. «La solución fue eliminar todas las paredes de la estancia principal, creando un único espacio diáfano, a excepción de la zona de entrada y los baños. Este gesto dotó de amplitud al espacio y facilitó que la luz llegara a todos los rincones.

Muebles empotrados para piso pequeño

En el salón, el mueble empotrado de roble empieza como estantería, luego se convierte en armario y finalmente se funde en un escritorio en la esquina, que por el otro lado, sirve de cabecero de cama.

© Pion StudioSalón en Prenzlauer Berg

El sofá en amarillo mantequilla también es un diseño original. Para crear un efecto invisible, el estudio cubrió la columna con espejos. La alfombra de Beni Ouarain zonifica visualmente el salón.

© Pion StudioLa Caja Azul, el alma del piso

Originalmente, el minivestíbulo daba a una habitación sin función con escaleras a la azotea y una chimenea, frente a la cual era imposible sentarse por falta de espacio. Los propietarios ni siquiera sabían dónde poner la mesa de comedor. Así que la chimenea desapareció. Ahora, un mueble empotrado de color azul oscuro, al que Bruzkus Greenberg bautizó cariñosamente como la «Caja Azul», se ha convertido en el alma del piso. Una estructura multifuncional que hace las veces de armario, banco y estantería bajo la escalera y en partes de las paredes restantes.

Con su presencia, el mueble hace brillar el resto del diseño y dirige la circulación sin necesidad de puertas o soluciones más drásticas. Así, la zona de comedor queda separada del salón, cubierta por una alfombra Beni Ouarain. Otro mueble empotrado de roble con frentes de espejo conduce intuitivamente a la zona de los dormitorios, con su estructura de estanterías, armario, escritorio y cabecero de cama. ¿Y si quieres separarlo espacialmente? Entonces, la cortina azul cielo se puede correr delimitando y separando la zona de estar y la de noche: no estropea la ligereza de la atmósfera.