Georgina Rodríguez entiende la Navidad como un espectáculo íntimo, aunque sus dimensiones -como casi todo en su universo- sean descomunales. La influencer ha dado la bienvenida a diciembre con un árbol que desafía la gravedad y el concepto tradicional de «sencillez», instalado en su residencia de Arabia Saudí y concebido, según ella misma explica, pensando en sus mayores tesoros: sus cinco hijos. «Todo lo hago por mis amores», deja caer en ese diario visual que son sus redes sociales, donde comparte fragmentos cuidadosamente editados de su vida familiar.

El árbol no pasa desapercibido. Altísimo, tan elevado que requiere una escalera para alcanzar la copa, el abeto se impone como el eje absoluto de la decoración navideña. No hay ramas visibles ni espacios vacíos: cada centímetro está cubierto por adornos de gran formato que convierten el conjunto en una declaración estética sin medias tintas. Georgina no escatima ni en tamaño ni en brillo. Perlas, oro, estrellas, flores y lazos conviven en una coreografía ornamental pensada para deslumbrar.

«Sencillo como Gio»

La propia protagonista ha resumido el resultado con una frase que no ha pasado inadvertida: «Oro, perlitas, estrellas, flores y lacitos. Sencillo como Gio«. La ironía es evidente, o al menos lo parece. Porque si algo define este árbol es su exuberancia. Estrellas de mar gigantes en tonos plateados se mezclan con bolas de tamaño XXL, luces que emergen como ramilletes y grandes lazos dorados que culminan la composición, incluido uno monumental que corona la punta del árbol como si se tratara de una joya final.

Árbol de Navidad de Giorgina RodríguezÁrbol de Navidad de Giorgina RodríguezRedes sociales

Las imágenes del proceso, compartidas en Instagram ante una audiencia de casi 72 millones de seguidores –Georgina es, de hecho, la española más seguida del mundo en esta plataforma-, muestran a la influencer subida a una escalera, ultimando los detalles de un montaje que parece más propio de un escaparate de lujo que de un salón doméstico. Pero ahí reside precisamente su sello: convertir lo cotidiano en algo extraordinario, incluso cuando se trata de una tradición tan arraigada como la Navidad.

No es casual que esta puesta en escena llegue acompañada de otros gestos igual de calculados, como su reciente aparición inaugurando el mes en bikini rojo, otro guiño a esa narrativa visual que mezcla sensualidad, opulencia y familia. En el universo Rodríguez, todo convive sin fricciones aparentes.

Este árbol, monumental y saturado de brillo, no es solo un elemento decorativo: es una extensión de su personaje público. Una Navidad pensada para ser vivida en casa, sí, pero también para ser mirada, comentada y compartida. Porque en el mundo de Georgina, incluso la sencillez se mide en grande.