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Los galardones «hollywoodienses» no siempre son sinónimo de calidad o merecimiento. Aquí algunos ejemplos…
19 dic 2025 . Actualizado a las 08:45 h.

Ahora que comienza la temporada de premios y lo más probable es que tengamos representación gallega con la Sirât de Oliver Laxe, es buen momento para hacer un pequeño repaso por la historia de estos galardones para constatar que la victoria del filme del gallego sería irrelevante a la hora de medir su calidad. No así su notoriedad, todos los productores, directores, actores y demás baluartes de la industria audiovisual norteamericana harán acto de presencia en esas galas insoportablemente largas, así que la hipotética victoria de Sirât serviría como un potente escaparate al mundo. Hollywood le ha cogido el gustillo a ensalzar el cine extranjero, una gran noticia y un motivo de alegría cuando se le da prestigio a joyas como La zona de interés u Otra ronda, y un motivo para avergonzarse cuando se exaltan pestiños del tamaño de Emilia Pérez. Cuatro Globos de Oro, incluido el de mejor película en la categoría de comedia y musical, y 13 nominaciones a los Óscar (récord absoluto para un filme extranjero) es lo que se llevó el espanto creado por Jacques Audiard. Cierto es, que en la gala de la Academia recibió solamente dos estatuillas, algo que, probablemente, hubiese sido distinto si las decenas de tuits de Karla Sofía Gascón, protagonista de Emilia Pérez, poniendo a caldo a medio mundo no hubiesen salido a la luz. Supongo que premiar a una película supuestamente progresista, y que denuncia los asesinatos y desapariciones que ocurren en México año tras año, pierde su encanto cuando la actriz principal ha criticado con dureza a todos los colectivos habidos y por haber y su director dice que el español es un idioma de «pobres y migrantes».





«Sirât», de Oliver Laxe, precandidata al Óscar en cinco categorías

Gracia Novás



Este tipo de cosas no suceden solo con las obras internacionales, los gurús de Hollywood también han tomado decenas de decisiones de difícil explicación en las categorías principales. Cómo olvidar, por ejemplo, en el año 1999, cuando Shakespeare enamorado, un biopic más de los miles que ha parido Hollywood, se llevó a casa un total de siete estatuillas, incluido el de mejor película. Para poner este dato en perspectiva, las dos primeras entregas de El Padrino, consideradas como obras magnas del cine americano, suman ocho entre ambas. La producción del convincente (y convicto) Harvey Weinstein no tuvo que vérselas con ninguna de las dos maravillas de Coppola, pero se impuso a Salvar al soldado Ryan, La delgada línea roja y La vida es bella, lo que me lleva a imaginar que, aunque alguno de los dramas de la familia Corleone estuviese en la contienda, el resultado no cambiaría. Cuatro años después, Chicago, que casualmente era también una producción de Harvey Weinstein, fue coronada como mejor cinta del año en los Óscar por delante de El pianista y El señor de los anillos: Las dos torres, que, al igual que las oponentes de Shakespeare, apenas son recordadas por los espectadores… Dicho esto, ojalá Sirât sea la película de moda en Hollywood los meses de enero y febrero.





Oliver Laxe: «No creo que gane el Oscar, pero estoy en paz y tranquilo»

Iker Cortés



Sería un golpe en la mesa tremendo por parte de Oliver Laxe y algo que engrosaría de forma notable sus números en taquilla. Pero consiga premios o no, serán el tiempo y la audiencia los que pondrán su trabajo en el lugar que le corresponde.