La casa blanca, minimalista y siempre cambiante de la galerista Andre Zivanari
Ayios Andreas es uno de los barrios más antiguos de Nicosia, habitado durante siglos por comunidades griegas, turcas y armenias chipriotas. En 1964, la ciudad se dividió en dos a través de la conocida como Línea Verde, una zona desmilitarizada que aún hoy marca la separación entre Chipre y la República Turca de Chipre del Norte, y que permanece bajo control de Naciones Unidas. Muchas de las familias del sector tuvieron que desplazarse, dejando tras de sí un paisaje urbano que con el tiempo ha sido protegido. En 2005, Andre Zivanari construyó aquí una casa blanca y minimalista, a tan solo 300 metros de la línea. Se levanta junto a la ribera de un arroyo, frente a un bosque de eucaliptos que parece fundirse con el jardín. “Es la razón por la que quise este terreno a toda costa”, cuenta.

El salón, con la instalación The Cry of Fox and the Calm of It All (2025), de Soshiro Matsubara, sentada a la mesa. Alrededor, sillas Grand Prix, de Arne Jacobsen para Fritz Hansen, y modelos en palisandro realizados por el ebanista chipriota Pambos Savvides en los años 60. Lámpara G1, de Pierre Guariche para Editions Disderot, y biombo de rejilla de Gianfranco Frattini, de los años 50.© Beppe Brancato
Una casa, tres partes diferenciadas
En aquel entonces, con dos hijas pequeñas, prefirió seguir su intuición antes que dejarse influir por las consideraciones prácticas. Separó la vivienda en tres partes: una estancia pública que da a la calle, un área familiar que gira en torno a la cocina abierta al patio interior (con los dormitorios en la planta superior) y otra sala grande llena de luz. “El salón está volcado al río, orientado al este. Con el clima que tenemos aquí en la ciudad, a veces el tiempo puede ser un poco exigente, pero forma parte de la belleza de vivir en plena naturaleza”. Hoy, esa área pública funciona también como una galería de arte, aunque en el pasado ha sido, cuanto menos, polifacética, transformándose en una sala de baile, un cine o un lugar de reunión familiar, cambiando a medida que las más pequeñas crecían. “Siempre me he hecho la misma pregunta: si no defines la función de un espacio, ¿en qué puede convertirse? Me gusta que esté abierto a cualquier posibilidad”, afirma Andre.