Los auriculares Bluetooth han llegado para quedarse. La comodidad de no depender de un cable ha hecho que el mercado de los dispositivos inalámbricos no pare de crecer. Sin embargo, la llegada y asentamiento de este tipo de tecnologías suelen venir acompañados de rumores, y uno que no logra silenciarse pese a la evidencia científica existente es el daño que estos aparatos pueden hacer sobre la salud.
Para saber qué tipo de ondas producen estos dispositivos, es importante saber primero qué es el espectro electromagnético, que es la clasificación de todos los tipos de radiación que tienen los campos eléctricos y magnéticos, y que se desplazan en ondas. De acuerdo con el Instituto Nacional del Cáncer (NIH, por sus siglas en inglés), este espectro comprende desde la radiación de energía baja y frecuencia baja (que se traduce en ondas largas, como las de la radio y el microondas) y las de energía alta y frecuencia alta (ondas cortas, como los rayos X).
Dentro de las ondas, hay que distinguir entre las ionizantes y las no ionizantes, siendo la diferencia entre ambas que las primeras alteran el ADN y las segundas, no. “Estos dispositivos inalámbricos emiten radiación electromagnética no ionizante. En concreto, ondas de radiofrecuencia (RF) en la banda de 2,4 GHz, que es la misma que usa, por ejemplo, el wifi doméstico. Esta radiación es de muy baja energía, mucho menos que los infrarrojos del mando de la tele o que la luz visible que vemos con nuestros ojos”, explica a CuídatePlus Alberto Nájera, director científico del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCCARS) y profesor de la Universidad de Castilla la Mancha.
Por otra parte, continúa el experto, estos auriculares trabajan a intensidades “extremadamente bajas”, cosa que se puede comprobar al separar el auricular del teléfono móvil algunos metros, algo que hará que la señal se pierda rápidamente. Además, todos estos dispositivos deben cumplir con unos límites máximos de emisión.
“Otra evidencia empírica que cualquiera puede constatar es que, si estos dispositivos emitieran a mucha intensidad, su batería se reduciría rápidamente y una de las claves y retos de los fabricantes es que esta dure lo máximo posible. Para ello, sacrifican intensidad, lo que acorta el rango de alcance que no necesitamos, ya que normalmente móvil y auriculares no estarán a más de uno o dos metros de distancia”, indica el experto consultado.
Desde el punto de vista biofísico, Nájera aclara que la energía de las ondas de radiofrecuencia es demasiado baja para romper enlaces químicos o producir mutaciones y su intensidad, insuficiente como para causar un efecto térmico: “Para situarlo con números: los auriculares Bluetooth suelen emitir potencias del orden de 1 a 10 milivatios (mW), normalmente incluso menos. Esto es decenas o cientos de veces inferior a la potencia máxima de un teléfono móvil durante una llamada, y muy por debajo de los límites de exposición establecidos por las guías internacionales (ICNIRP, OMS), que incluyen amplios márgenes de seguridad y están pensadas precisamente para proteger a toda la población, incluidos niños y personas vulnerables”.
Por tanto, insiste el director del CCARS, “no existen evidencias científicas que avalen que el uso de auriculares Bluetooth cause ningún efecto sobre la salud, ni mucho menos cáncer, daño cerebral, alteraciones neurológicas, etc.”.
Nájera va más allá y señala que, en realidad, el uso de auriculares con cable comporta más peligros para la salud que los inalámbricos, sobre todo en ciclistas y personas que usan monopatines. “Además de prohibido, limitan la conexión con el entorno y supone un riesgo importante de accidente”, afirma el especialista, quien añade que, al menos, los auriculares que funcionan con Bluetooth tienen incorporada la opción de cancelación de ruido y de “transparencia”, para incluir el ruido de la calle en el sonido que llega a los oídos con el fin de reducir ese efecto de aislamiento.
Falsas creencias sobre los auriculares Bluetooth

(Foto: Shutterstock)
Uno de los miedos infundados más comunes sobre el uso de estas tecnologías es que la radiación entra directamente en el cerebro y provoca cáncer. “Se suele afirmar que al estar el dispositivo pegado a la cabeza, las ondas dañan neuronas o el ADN. Esto es falso: la radiación que emiten estos aparatos es no ionizante, no puede romper enlaces químicos ni producir mutaciones. Las potencias son muy bajas, muy por debajo de los límites de seguridad”, recuerda Nájera.
Otra creencia muy extendida es comparar los auriculares Bluetooth con “un microondas en miniatura”. Como resalta el experto, “la comparación es incorrecta. Aunque ambos dispositivos usan radiofrecuencias, un microondas doméstico funciona con potencias miles de veces superiores, en una cavidad cerrada diseñada precisamente para calentar alimentos. Un auricular inalámbrico emite una potencia mínima, incapaz de producir un calentamiento en los tejidos”.
Por último, también circula la idea de que la exposición es acumulativa y “se queda en el cuerpo”, de modo que usar auriculares hoy se sumaría a lo recibido ayer. Lo cierto es que “la radiofrecuencia no se acumula en el organismo como una sustancia química o un metal pesado”, aclara el científico, quien, por tanto, concluye que cuando cesa la emisión, la exposición desaparece y su efecto potencial, también.