La temporada de ciclocross entra en fase roja, llegó Van der Poel
Mathieu Van der Poel ha regresado al barro y, como si tal cosa, ha vuelto a colocar el contador de sus victorias donde lo dejó.
No fue un triunfo cualquiera.
El holandés eligió el circuito más exigente y emblemático del calendario, la Copa del Mundo de Namur, para su debut en la temporada de ciclocross.
Y sí, ganó.
El titular es directo y el hecho, devastador para sus rivales: el mejor está de vuelta y no necesita rodaje.
La victoria, además de ser una declaración de intenciones, lleva consigo un componente psicológico demoledor.
Pensemos en el complejo que debe generar su figura.
Mientras el resto de la élite lleva semanas, incluso meses, afinando su forma en la especialidad, con batallas intensas que sirven de entrenamiento y medida, Van der Poel aparece por primera vez y desmonta el pódium.
No compite contra ciclistas fatigados, sino contra corredores que ya han alcanzado un pico de rendimiento.
El ejemplo más claro es Thibau Nys.
El joven belga, una de las grandes sensaciones de este inicio de campaña, estaba en la cresta de la ola. Su progresión era palpable, su confianza, máxima.
Y aun así, en el cara a cara contra el “alien”, se quedó a las puertas.
No es que Nys corriera mal, es que se encontró con una fuerza de la naturaleza que, a pesar de la inactividad en el cross, demostró una superioridad técnica y una capacidad de sufrimiento inigualables en ese punto de la temporada.
Falló en el momento clave, suficiente para que el neerlandés se le fuera lo suficiente.
La pregunta que debe resonar en el paddock es incómoda: ¿Cuánto vale el esfuerzo de toda una preparación cuando un rival, con una hoja de ruta centrada en la carretera simplemente llega y gana?
El retorno de Van der Poel no es una simple carrera.
Es un catalizador de frustración y la prueba de que, para él, la diferencia entre una bici de carretera y una de cross es tan solo el grosor del neumático.
El neerlandés no solo gana carreras, sino que, por su sola presencia y resultados inmediatos, roba la moral de sus competidores, convirtiendo su debut en el trauma recurrente de un deporte que le queda, de momento, demasiado pequeño.
La temporada ha empezado de verdad, y no precisamente para bien de sus oponentes.
Y lo que nos tememos es que Van Aert no va a revertir la situación.


