El fútbol es una selva en la que los presidentes, como Florentino Pérez y Joan Laporta, son depredadores del poder y cambian su postura, según sus intereses personales que, a menudo, no son los de sus clubes. Su principal objetivo es perpetuarse en el cargo. En estas ‘guerras’ fratricidas de ambición, la lealtad es una quimera. Florentino ‘facilitó’ la presidencia de Laporta, permitiendo la famosa pancarta, porque sabe que Jan es un grandilocuente, que se acaba aliando con los poderosos. 

Las traiciones no tardaron en aparecer. Laporta empezó dando el sí a Tebas y Messi. Pero a los pocas horas, les traicionó y eligió aliarse con Florentino y la Superliga. El presidente blanco le ayudó con las palancas, una inyección económica a corto plazo que acabarán siendo una hipoteca inasumible para el Barça. Como Laporta es una vela, buscando siempre su viento a favor, se acabó reconciliando con Tebas para que le autorizara las ‘palancas’, alguna ficticia, y le permitiera inscribir a jugadores y, a cambio, retiró la demanda contra CVC, dejando colgados a Madrid y Athletic

Con el ‘caso Negreira’ ya descubierto, Florentino dijo en la Asamblea de 2024 que “no me voy a enfadar con el Barça. El Barça y el Madrid se tienen que ayudar”. Pero Laporta traicionó a Florentino, bajó de la Superliga, y abrazó a la UEFA, para evitar que le sancionaran con la exclusión de la Champions cuando le pillaron haciendo trampas con el ‘fair play’ financiero, lo que le hubiera costado la presidencia. Y ahora, dolido, y para esconder sus incendios, Florentino resucita el ‘caso Negreira’, justo cuando la acusación de corrupción deportiva se desvanece.