La muerte de Tatiana Radziwill el pasado viernes ha ensombrecido esta Navidad de la reina Sofía, unida a ella no solo por lazos de sangre (eran primas segundas) sino por una estrecha amistad. Sin embargo, a la madre de Felipe VI esta triste noticia también ha debido de traerle recuerdos cariñosos de su infancia en Sudáfrica, el país en el que se hicieron amigas durante el exilio de sus familias: poco después de nacer la princesa Tatiana en 1939, estalló la Segunda Guerra Mundial y, tras un tiempo en Francia, sus padres, el príncipe Raniero Radziwill y la princesa Eugenia de Grecia, se la llevaron a vivir a Ciudad del Cabo con la entonces princesa Sofía y los demás miembros de la familia real de Grecia.

En la biografía de Pilar Urbano en la que colaboró hace años, la reina Sofía habla varias veces de esa época. Según explica el libro, su exilio africano comenzó a raíz de que Mussolini invadiera Grecia en 1940 y se desarrolló primero en Egipto y, después, a partir de 1941, en Sudáfrica, donde Sofía, sus padres, Pablo y Federica de Grecia, y su hermano Constantino llegaron en tren acompañados de Tatiana y sus padres. Doña Sofía tenía en aquel entonces 3 años y encontró una compañera de juegos en su prima, quien era solo un año más pequeña. “Tatiana y yo teníamos cada una nuestra muñeca; pero sólo un carricoche para sacarlas de paseo. Nos peleábamos, tirando cada cual por su lado, a ver quién se lo quedaba. Y, claro, por nuestras peleas acababan discutiendo también nuestras madres, como ocurre en todas las familias”, recuerda la reina Sofía en el libro. 

A su lado, se sentía menos sola durante las ausencias de sus padres, quien según doña Sofía se pasaron esos años viajando a Londres y El Cairo, los dos polos del gobierno heleno en el exilio. Así, se originó una amistad que duraría toda la vida. “Tatiana y yo hemos sido siempre muy amigas, íntimas. Antes de casarnos, después de casarnos… Ella fue dama de honor en mi boda. Vive en París, casada con un médico, el doctor Jean Fruchaud. Nos vemos a menudo. Y todos los veranos vienen a Marivent”.

Aunque con la guerra y los nazis de fondo, doña Sofía conserva buenos recuerdos de su infancia y asegura que aquellos años en Sudáfrica fueron “años de felicidad”. Fue también en Ciudad del Cabo donde, en 1942, nació su hermana, la princesa Irene de Grecia, otro de los pilares de su vida como reina de España. “Mi madre me venía preparando: “¿Sabes, Sofía? Vamos a tener otro niño. Pero no será un muñeco, sino un niño de verdad”, cuenta.

El padrino de Irene fue el general Jan Smuts, en aquel entonces primer ministro de la Unión Sudafricana, quien fue quien alojó a la familia real griega en su residencia oficial. Considerado una de las figuras claves de la lucha contra el apartheid  y de la redacción de la Carta de las Naciones Unidas, fue otro de los personajes de la infancia de la reina doña Sofía. “Cuando vivíamos en su residencia oficial, Tatiana, Tino y yo nos levantábamos a las cuatro de la madrugada para ir a su cama a que nos contase historias de tigres y leones y monos… Y él (parece que le estoy viendo, con sus bigotes y su perilla blanca) nos atendía como si fuésemos unos personajes muy importantes”, recuerda la reina de  Smuts, de quien explica que fue a él a quien “se le ocurrió la idea de las Naciones Unidas” y que luchó “cuerpo a cuerpo contra los ingleses” por la independencia de Sudáfrica.