La red de defensa planetaria monitoriza de cerca la trayectoria del asteroide 2024 YR4, un objeto cercano a la Tierra que, según los cálculos actuales de la NASA, tiene una probabilidad del 4.3% de impactar contra la Luna a finales de 2032.
Aunque el riesgo para nuestro planeta se ha descartado, un posible impacto lunar plantea nuevos desafíos para las futuras misiones espaciales, el evento, que los astrónomos califican como de baja probabilidad pero alta consecuencia, está llevando a las agencias espaciales a considerar protocolos de actuación nunca antes implementados.
La evaluación de una amenaza inusual
Inicialmente, los cálculos orbitales mostraron una pequeña pero preocupante probabilidad de impacto con la Tierra, lo que activó los protocolos de alerta de la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN). Observaciones adicionales descartaron por completo ese escenario para nuestro planeta, pero revelaron que su camino podría cruzarse con el de la Luna.
Actualmente, la probabilidad de impacto lunar se estima en un 4.3% para el 22 de diciembre de 2032, aunque se enfatiza que esta se trata de una cifra dinámica; «las probabilidades podrían caer a cero casi cualquier día», explicó Paul Chodas, director del Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA.
Una próxima oportunidad crucial para observarlo llegará en 2026 de la mano del Telescopio Espacial James Webb, cuyos datos podrían elevar la probabilidad de impacto hasta un 30%. El tamaño de este objeto lo sitúa en una categoría similar al asteroide que causó el evento de Tunguska en 1908, que arrasó miles de kilómetros cuadrados de bosque en Siberia, sin embargo, a diferencia de aquel, 2024 YR4 no representa un peligro directo para la población terrestre.
Consecuencias de un impacto en la Luna
Si el impacto llegara a ocurrir, sería un evento espectacular y sin precedentes en la era moderna, liberaría una energía equivalente a 6 millones de toneladas de TNT. De producirse, habría un 86% de probabilidad de que golpee el lado de la Luna visible desde la Tierra, generando un destello que podría ser visible con telescopios desde lugares como Hawái o la costa oeste de Estados Unidos, dependiendo de las condiciones locales.
El golpe crearía un cráter de aproximadamente un kilómetro de diámetro, la principal preocupación para los expertos no es el cráter en sí, sino la nube de escombros que se generaría. «Esto podría suponer muchos riesgos para los activos en órbita terrestre», advirtió el ingeniero aeroespacial de la NASA Brent Barbee. Existe incluso un 1% de probabilidad de que parte de este material sea eyectado hacia el espacio cercano a la Tierra, amenazando satélites y posibles misiones tripuladas.
Aunque la probabilidad es baja, el escenario es lo suficientemente serio como para que los científicos estén comenzando a trazar planes de contención, aunque desviar un asteroide de este tamaño de manera controlada requiere conocer con gran precisión su masa y estructura, datos que aún no se tienen, ya se está barajando la opción de fragmentarlo intencionalmente con un impactor cinético o un dispositivo nuclear al menos tres meses antes del posible choque lunar, para que los fragmentos se dispersaran lejos de la órbita terrestre.