La mayoría de las familias sudanesas que llegan a la frontera con Chad lo hacen en condiciones precarias, especialmente los niños. Este año, el personal sanitario informó que uno de cada diez menores de cinco años que ingresan en algunas zonas de Chad sufre desnutrición aguda grave.

En el campo de refugiados de Farchana (Chad), donde viven más de 22.000 personas, la situación es alarmante. Muchos llegaron durante los últimos dos años y medio, aunque algunos permanecen allí desde hace años por conflictos anteriores. En este lugar de acogida para muchas familias que han huido de la violencia en Darfur, decenas de bebés y niños sufren desnutrición. En la clínica de desnutrición del Hospital Farchana, más de 80 niños reciben atención urgente, pero la falta de financiación amenaza con el cierre del centro.

El caso de Mohamed, un niño de dos años que lucha por recuperarse de la desnutrición severa, refleja la gravedad de la crisis. Ante la reducción de las raciones alimentarias por los recortes de fondos, muchas familias pasan días sin una alimentación adecuada, lo que pone en riesgo la vida de bebés y niños pequeños.

Mohamed, uno de tantos niños que sufre desnutrición. Foto: © ACNUR/Ala Kheir.

A pesar de la dedicación de los profesionales sanitarios (muchos de ellos también refugiados sudaneses), la creciente amenaza de la desnutrición es realmente preocupante.

Mohamed Ibrahim, farmacéutico originario del estado de Gezira, en el centro de Sudán, huyó con su familia y ahora trabaja en el Hospital Farchana. Con el personal y los suministros al límite, está cada vez más preocupado por la salud de sus compañeros refugiados en el asentamiento.

Mohamed Ibrahim, farmaceútico en Farchana. Foto: © ACNUR/Ala Kheir.