La elección, además, podría considerarse un guiño a su suegra, la princesa Diana. La difunta princesa de Gales era fan a la colección Trinity y tenía un anillo clásico que lucía en el dedo meñique.

Abundan las historias sobre los orígenes del diseño. Algunas apuntan a sus antiguas raíces celtas, mientras que otras afirman que los aros entrelazados descienden de los anillos de boda rusos. Sea cual sea la verdad que se esconde tras estas fábulas, las leyendas perduran, y la unión de los tres metales, que combina distintas entidades en una sola, ha adquirido su propio simbolismo. De hecho, esos tres aros han llegado a representar distintos significados: pasado, presente y futuro, por ejemplo, así como amor, lealtad y amistad. Cualquiera de estas interpretaciones resulta especialmente apropiada para la princesa de Gales.

Cuando estrenó la joya, en enero, se especuló con la posibilidad de que fuera un regalo sentimental del príncipe Guillermo por su cumpleaños.

No era la primera vez que la princesa apostaba por esta colección: en 2012, lució el largo y contundente collar Trinity de Cartier durante una visita a la National Portrait Gallery, que volvió a ponerse durante un viaje a Nueva York en 2014. También tiene los pendientes brillantes a juego, que combinó con un vestido azul real para un banquete especial en el Palacio de Kensington con motivo del 40º aniversario de SportsAid en 2016.

Artículo publicado en Tatler. Accede al original aquí.