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Las enfermedades cardiometabólicas se han convertido en uno de los grandes retos sanitarios de las sociedades desarrolladas, con un impacto directo sobre el metabolismo, el peso corporal y la salud cardiovascular. Lejos de explicaciones simplistas, la ciencia apunta a procesos internos complejos que avanzan de forma silenciosa y sostenida, incluso cuando no existen síntomas evidentes.
Esta reflexión ha sido abordada por el médico e investigador Íñigo San Millán en una conferencia publicada por TEDx en YouTube, donde advierte de que el problema no se limita a lo que se come o se deja de comer. “Nunca en la historia de la humanidad tanta gente ha muerto de enfermedades no infecciosas”, afirma, antes de subrayar que “cerca de 2/3 partes de la gente en el mundo muere de estas enfermedades”, muchas de ellas relacionadas con alteraciones metabólicas profundas.
El origen celular del problema
San Millán insiste en que el foco debe ponerse en lo que sucede dentro de las células, un terreno aún poco comprendido. “No tenemos idea de qué sucede a nivel celular”, reconoce, y cuestiona que estas patologías se traten solo como un trastorno nutricional. Según explica, enfermedades como la obesidad, la diabetes tipo 2 o las cardiovasculares comparten un denominador común: una disfunción de la mitocondria, el orgánulo encargado de transformar el combustible en energía.
Cuando la mitocondria no funciona correctamente, el cuerpo pierde capacidad para quemar glucosa y grasa, lo que favorece la acumulación de energía y una respuesta inflamatoria persistente. “Cuando la mitocondria no funciona bien, no podemos quemar la glucosa”, detalla el investigador, señalando que este proceso acaba derivando en resistencia a la insulina y en un deterioro progresivo del metabolismo.
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El estrés se ha convertido en uno de los factores más analizados por la ciencia actual debido a su impacto directo y sostenido sobre el metabolismo, hasta el punto de que, como advierte Íñigo San Millán, “El estrés crónico altera el metabolismo aunque no lo notes”. Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, el organismo libera de forma continuada cortisol y otras hormonas del eje del estrés. Esta exposición prolongada provoca daño mitocondrial, reduce la capacidad de las células para producir energía de forma eficiente y aumenta el estrés oxidativo.
Frente a este escenario, el médico apunta a un factor clave que suele infravalorarse en el día a día: el movimiento. El sedentarismo prolongado actúa como un estresor metabólico continuo que deteriora la función celular, mientras que la actividad física regular estimula la mitocondria y la mantiene activa. Como recordó citando a Hipócrates, “caminar es la mejor medicina del hombre”, una afirmación que, dos mil años después, sigue teniendo pleno respaldo científico.