El mercado de renta fija apunta un 2026 en el que el inversor tendrá que ser más selectivo para capturar una rentabilidad similar o superior a la vista en el año que ahora llega a su fin. Con los bancos centrales en la recta final de sus respectivas políticas monetarias, todo apunta a que el mercado de deuda se moverá con los últimos ajustes de tipos de interés del ciclo, aunque, de media, las rentabilidades cerrarán el año próximo en los niveles actuales. El consenso de expertos espera que la rentabilidad del bono de EEUU a diez años se sitúe en el 4,1% al cierre del 2026. Esto son 5 puntos básicos de diferencia respecto a los niveles actuales. Por su parte, el bono alemán a diez años se situaría en el 2,9% dentro de 12 meses. 5 puntos básicos de diferencia. Sí habrá mayor caída de la curva en los plazos más cortos mientras que los vencimientos ultralargos reflejarán mayor aversión al riesgo.
Los expertos prevén que 2026 será, en líneas generales, un año favorable para la renta fija, aunque con una diferencia clave respecto a otros periodos: será relativamente sencillo lograr rentabilidades positivas en términos nominales, pero resultará mucho más complejo batir a la inflación y obtener rendimientos reales elevados. Con el diferencial entre los tipos de interés en la eurozona y los tipos en EEUU cada vez más cerrado, la deuda alemana y la estadounidense apenas se llevan menos de 130 puntos básicos. Son casi 100 puntos básicos menos que el primero de enero del ejercicio en curso. Esto de debe a que se espera que la Reserva Federal recorte los tipos en dos ocasiones más antes de diciembre del año que viene mientras que no se esperan cambios por parte del BCE.
Donde sí se observará cómo se aplana la curva es en los tramos más cortos de la deuda estadounidense donde bonos como los títulos a dos años recortarán su rentabilidad del 3,5% actual al 3,1% que se espera en 12 meses, según el consenso de mercado que recoge Bloomberg. Es decir, la deuda a más corto plazo tiende a igualarse a las expectativas de inflación mientras que los cupones de la deuda a más largo plazo se siguen recortando. No obstante, habrá oportunidades en la renta fija como en el 2025.
Esta doble lectura, que se repite entre gestoras internacionales, bancos de inversión y analistas especializados, refleja un escenario en el que los bonos recuperan atractivo tras años de tensiones y volatilidad, pero todavía operan bajo la sombra de precios al consumo persistentes que limitarán el «verdadero» rendimiento para el inversor.
Los expertos coinciden en que la renta fija llegará a 2026 con unas bases más sólidas que en ejercicios anteriores. Una combinación de cupones actualmente elevados, consecuencia del ciclo de subidas de tipos de los últimos años, y la posibilidad de que los principales bancos centrales inicien o profundicen en un proceso de relajación monetaria, abre la puerta a retornos positivos tanto por ingresos como por posibles revalorizaciones de precio. En este sentido, los bonos gubernamentales de calidad y parte del crédito corporativo parten con una posición favorable para «aprobar» el curso, es decir, para ofrecer al inversor un rendimiento razonable en términos absolutos. «Evidentemente, dependerá de en qué tramos o instrumentos estemos invertidos. Los fondos monetarios lo tendrán difícil para batir la inflación. Pero instrumentos un poco más complejos, como puede ser la deuda subordinada, nos dará algo más de rentabilidad», explicó el director de inversiones de renta fija de Renta 4 Gestora, Ignacio Victoriano
Sin embargo, la otra cara de la moneda es la inflación. Aunque los mercados descuentan una moderación progresiva de las tasas de precios, el consenso no espera un retorno inmediato y generalizado a niveles extremadamente bajos. Esto significa que, aun con rentabilidades nominales atractivas, el rendimiento real —el que se obtiene después de descontar la inflación— puede resultar más limitado. Para muchos perfiles conservadores, que suelen priorizar seguridad, estabilidad de ingresos y preservación del poder adquisitivo, superar claramente a la inflación no será una tarea sencilla. Es ahí donde el consenso marca la frontera entre un año «positivo» para la renta fija y un año «brillante»: el primero parece bastante probable; el segundo, más exigente. «El objetivo del 2% es ambicioso, pero posible. En un entorno de tipos de interés a la baja y con la inflación controlada, invirtiendo parte en monetarios y también en crédito para aumentar la rentabilidad, se puede lograr», opina la directora de fixed income de CaixaBank Asset Management, Carmen Lumbreras
Es por ello que en 2026 será necesaria la gestión activa y la combinación de activos conservadores con otros de mayor perfil de riesgo para elevar la rentabilidad de una cartera con mayor peso de renta fija. El crédito corporativo de mayor calidad, ciertos tramos de deuda pública y, en algunos casos, instrumentos ligados a la inflación, aparecen como alternativas interesantes para intentar capturar algo más de rendimiento real en buena parte de los estratégicos presentados en las últimas semanas entre gestoras y bancos de inversión.
En paralelo, la gestión de la duración —la sensibilidad de la cartera a los movimientos de tipos— será uno de los elementos tácticos clave para aprovechar posibles ventanas de oportunidad sin asumir riesgos innecesarios. No hay un claro consenso en cuanto a cuáles son las mejores duraciones para tener en cartera de cara a los próximos 12 meses. Mientras algunos apuestan más por la liquidez y los tramos más cortos, otros apuntan incluso a los bonos a diez años. Aunque sí que es cierto que la mayoría de menciones se concentran entre los tres y los cinco años.
Por otra parte, las diferencias geográficas serán claves en 2026. Los expertos resaltan de nuevo que la deuda soberana periférica en Europa ofrece un atractivo mayor al visto en años anteriores. Se espera que las primas de riesgo de la deuda alemana frente a la española o la italiana se sigan estrechando. Si el consenso de expertos espera que la rentabilidad del bono alemán a diez años se quede aletargado en el 2,9%, la deuda española con el mismo vencimiento caerá del 3,3% actual al 3,1%. Es decir, la prima de riesgo se iría a la mitad en 12 meses.
Uno de los mayores peligros repetidos por los expertos es el Banco de Japón y la rentabilidad de su deuda al alza. Los inversores nipones están acostumbrados a invertir su dinero en el extranjero para captar algo de rentabilidad. Esto ha sido así durante décadas en las que las operaciones de pedir dinero prestado en una divisa con tipos de interés bajos para comprar otros activos en otras divisas (carry trade) ha sido lo habitual con el yen japonés. No obstante, el endurecimiento de la política monetaria del Banco de Japón cambia el panorama. Y el temor a que los japoneses repatrien su capital amenaza con sacudir al conjunto del mercado de deuda global en 2026.
En definitiva, el mercado de renta fija encara 2026 con un optimismo moderado y realista. Las perspectivas sugieren que será un año en el que gran parte de los inversores podrá obtener rentabilidades positivas, apoyadas en cupones sólidos y en un entorno monetario potencialmente más benigno. Sin embargo, el listón para «destacar» será más alto: batir de manera consistente a la inflación y lograr rendimientos reales elevados exigirá mayor análisis, diversificación y una aproximación más estratégica. La renta fija parece bien posicionada para aprobar el año; lograr sobresaliente dependerá, en buena medida, de la evolución final de los precios y de la habilidad para moverse dentro de un mercado que, aunque más favorable, seguirá siendo exigente.
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