Kiko Galván muestra un “arrepentimiento ejemplar”
“Al rey lo que es del rey” me dicen de Kiko Galván personas que le conocen de cerca sobre un carácter que no a todos gusta pero que no puede disimular el motor y lo bien ciclista que es.
Pero no todo se esconde bajo la calidad y el motor.
En el ciclismo de hoy, donde la imagen es un activo tan valioso como los vatios, un segundo de imprudencia puede borrar años de sacrificio.
Lo supo bien Kiko Galván, protagonista de ese video viral donde realizaba una maniobra temeraria que le ha costado su puesto en el Equipo Kern Pharma.
Leemos que, tras aquello: “Sonrío, pero por dentro me avergüenzo de haber fallado“.
El caso de Galván es el reflejo de una era donde la frontera entre el deportista y el ‘influencer’ es peligrosamente delgada.
Sin embargo, tras la tormenta mediática y la rescisión de su contrato, queda la persona.
Y ésta no ha buscado excusas ni ha culpado a los algoritmos; ha dado la cara con una vulnerabilidad poco común en el pelotón, admitiendo que un error de juicio no debería definir toda una trayectoria.
Ahora cabe preguntarse si el castigo no ha sido el fin, sino el principio de un ensañamiento innecesario. Galván ha fallado a su equipo, a sus patrocinadores y a la seguridad vial, sí.
Pero su arrepentimiento público es el primer paso para una rehabilitación que el ciclismo, a veces tan puritano para unas cosas y tan laxo para otras, debería permitirle.
Creo que Todos merecen una segunda oportunidad cuando el arrepentimiento es tan explícito y el precio pagado ha sido ya tan alto: el desempleo y el escarnio público.
El error fue grave, pero la madurez mostrada tras la caída invita a pensar que Kiko Galván merece volver a ponerse un dorsal.
Porque el ciclismo, como la vida, va de caerse y levantarse, incluso cuando la caída no es sobre el asfalto, sino en el fango de las redes sociales.
Esperemos que el pelotón no le cierre las puertas definitivamente a quien ya ha aprendido la lección de la peor manera posible.

