En el documental ‘¡Qué suerte hemos tenido!’, numerosos compañeros de profesión, los entrenadores que tuvo a lo largo de su carrera y personas muy cercanas de su entorno, repasan la carrera del genio más grande que ha dado el deporte español. En una de sus intervenciones, Álex Corretja hace memoria y evoca algunas de sus primeras veces con Rafael Nadal. El ganador de las ATP Finals de 1998 cuenta una anécdota muy ilustrativa sobre sus primeros peloteos en un entrenamiento en Barcelona.

“Eran las nueve de la mañana y, en la primera bola que le tiro, le pega una hostia. Paro y le digo: ‘Tío, qué haces, no puedes pegarle tan fuerte’. Y me dice: ‘Ah, yo le pego así desde la primera hasta la última’”. Cualquiera que siguiera la brillantísima trayectoria de Nadal reconocerá en ese comentario de una joven promesa del tenis al posterior ganador de 14 títulos sobre la tierra de Roland Garros y de otros ocho Grand Slams más. También al dueño de una manera de hacer y de comportarse sobre la pista extremadamente auténtica, basada en el esfuerzo, la competitividad, la fortaleza mental, física, la educación deportiva y un tenis inteligente y en constante adaptación.

Hay un jugador del Real Zaragoza que también condensa buena parte de esos valores. De otra manera pero los reúne: esfuerzo desde el primer segundo hasta el último, despligue físico y máximo compromiso. En cierto modo, Francho mimetiza en el equipo aragonés lo que fue Nadal. El jugador aragonés recorre kilómetros cada partido y con su constante actividad por la parte diestra del campo, tanto en zonas interiores como ensanchado el terreno de juego, se ha convertido en el mejor símbolo de la resurrección del equipo y en su espíritu competitivo.

En los dos últimos encuentros, saldados con una derrota ante el Cádiz y con un empate in extremis pero merecido en Burgos, Francho estuvo ausente por unas molestias en la rodilla. En la vuelta a los entrenamientos, el capitán todavía no se reincorporó al grupo. Han sido importantes la vuelta de Andrada a la portería y sus extraordinarias actuaciones, la irrupción de Aguirregabiria en el lateral hasta que se lesionó, el regreso de Guti a su lugar natural, la presencia de Valery a pierna cambiada, la de Soberón en zonas intermedias a pesar de que está reñido con el gol o la capacidad de trabajo de Kodro.

Sin embargo, poco o nada tan relevante y capital como el papel de Francho, cabeza, piernas y alma del Real Zaragoza en esta etapa en la que ha conseguido reengancharse a la pelea por la permanencia. Que el capitán esté bien físicamente para la segunda parte del campeonato será decisivo para el destino del equipo.