Salir de Bulgaria dispara los costes del inicio del Giro de Italia
El año que viene el gran ciclismo pisará, al menos que yo sepa, por primera vez Bulgaria con la salida del Giro de Italia.
El negocio vuelve a demostrar que tiene los pies de barro y el ego de oro.
Mientras las grandes organizaciones siguen empeñadas en exportar sus carreras a destinos exóticos para engordar la cuenta de resultados, la realidad en la base —la de los equipos que ponen los corredores, las máquinas y el sudor— es de una precariedad que asusta.
El último episodio de este despropósito tiene nombre propio: la salida del Giro de Italia desde Bulgaria.
Llevar la Corsa Rosa a tierras búlgaras no es una decisión deportiva; es una transacción comercial.
El problema es que, como suele ocurrir, los beneficios se quedan en las oficinas de RCS Sport mientras que los costes se socializan entre los equipos.
Cruzar media Europa para una Grande Partenza no es solo una pesadilla logística de vuelos, traslados y camiones cruzando fronteras; es un agujero negro en presupuestos que ya caminan por el filo de la navaja.
Equipos de clase media y los modestos invitados están haciendo auténticos equilibrios para que las cuentas no salgan en rojo antes de llegar a los Alpes.
Leemos que la tensión es real.
Los equipos ya han rechazado las dos primeras propuestas económicas de la organización para compensar los gastos de desplazamiento a Bulgaria.
Se plantan porque la cifra ofrecida no cubre ni de lejos el sobrecoste de mover una estructura de WorldTour a miles de kilómetros de su base logística habitual.
Es la vieja historia de siempre: el ciclismo quiere ser la Fórmula 1 en cuanto a expansión y espectáculo, pero sigue tratando a sus protagonistas como meros figurantes que deben estar agradecidos por participar.
No se puede pedir excelencia, lucha contra el dopaje tecnológico y estructuras de primer nivel si luego obligas a los equipos a financiar las ocurrencias geográficas de los organizadores.
Si el Giro quiere salir de Bulgaria por un puñado de millones de euros, esos millones deben servir, primero, para asegurar que nadie pierda dinero por el camino.
Lo contrario no es fomentar el ciclismo; es canibalizarlo, hay que repartir mejor, y los equipos van cada vez más apurados.
En este deporte, la épica se queda en la carretera, pero la supervivencia se juega en los despachos, y ahora mismo, las cuentas no salen.

