Decía Christian Dior que el perfume de una mujer dice más sobre ella que su propia letra. Y quizá por eso, cuanto más tiempo pasamos escribiendo —y oliendo—, más claro tenemos que ya no nos conformamos con fragancias bonitas, correctas y fáciles, aunque a veces son a las que nos gusta volver en busca de calma y serenidad. Hay perfumes que huelen bien… y luego están los que son dignos de admirar y merecen la pena probar alguna vez en la vida, esos que amplían tu zona de confort olfativa. Los perfumistas ya no se conforman con flores, maderas o cítricos. La perfumería moderna ha decidido ir un paso más allá e incluir entre sus notas materias como arena, cerilla, hielo e incluso sangre (tranquilidad, todo es más poético y menos literal de lo que suena). Y, pese a que suena a excentricidad, a nosotras nos gusta llamarlo creatividad llevada al límite.

En los últimos años, la perfumería, especialmente la de autor —no es muy común encontrar este tipo de fragancias en grandes superficies comerciales o en perfumes de diseñador— se ha convertido en un auténtico laboratorio donde las narices juegan con texturas, recuerdos y sensaciones casi físicas. Perfumes que huelen a sol caliente, a fuego, a frío extremo o a piel metálica. Estamos ante una nueva generación de fragancias que no buscan gustar a todo el mundo, sino contar historias y provocar conversaciones.

Confieso que haberlos probado fue una mezcla de curiosidad y vértigo, en algunos casos casi un deporte de riesgo (olfativo). Algunos me han conquistado desde la primera pulverización, otros me han hecho dudar —mucho—, y varios han conseguido algo aún más difícil: no parecerse a nada que hubiera olido antes, pero desde un encanto familiar, con efecto ese déjà senti, tan difícil de explicar. Como cuando pruebas algo nuevo y no sabes exactamente qué es, pero tienes la certeza de que ya lo has saboreado antes. Perfumes con mucha, mucha personalidad. Y una vez entras en este terreno, lo clásico empieza a saber (y oler) un poco aburrido. Y ya no hay vuelta atrás.

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Por qué se considera raro: El vino tinto es la rara avis de este perfume árabe. La fragancia abre, precisamente, con la opulencia del vino tinto, experiencia inicial por la que ya vale la pena probarlo. Tiene ese efecto ‘¿a qué hueles?’ asegurado. No deja indiferente a nadie.

Poderío, de La Sabia Madrid

© Cortesía de La Sabia Madrid

Poderío, de La Sabia Madrid

Por qué se considera raro: Contiene longoza, también llamada Flor Fénix. Es una planta de Madagascar que sigue siendo prácticamente desconocida fuera de los círculos de la industria. Sus semillas se utilizan para producir un extracto con un brillo delicadamente especiado, similar al jengibre, y facetas verdes aromáticas, situado a medio camino entre una flor y una especia.

EDP Itaca, de Botanicae

© Cortesía de Botanicae

Por qué se considera raro: La davana, uno de los ingredientes de este perfume, es una planta aromática poco común en perfumería comercial, apreciada por su perfil cambiante y complejo, que evoluciona de notas herbales a matices afrutados y licorosos. En Ítaca, se combina con un acorde salí marí poco habitual, que aporta una sensación mineral. Esta combinación convierte la fragancia en una propuesta singular dentro de la perfumería de autor.

 Flame of Passion de Toni Cabal

© Cortesía de Toni Cabal

Flame of Passion, de Toni Cabal

Por qué se considera raro: La fruta de la pasión presente en su composición es un ingrediente elaborado a partir de unas moléculas “azufradas” (contienen azufre) muy difíciles de administrar, ya que se dosifican al 0,001% y son imposibles de detectar analíticamente.

Spiky Muse de Ex Nihilo

© Cortesía de Ex Nihilo

Por qué se considera raro: Ha cambiado las reglas del juego con Strawberry Alcoholate Orpur™ (surge de un extracto natural reciclado de fresa procedente de subproductos de la producción de zumo), una auténtica revolución en perfumería que ha permitido trabajar con una fresa natural, ya que, durante años, esta nota no existía en la naturaleza como materia prima perfumista. Este ingrediente forma parte de una nueva generación de materias primas responsables, recicladas y biodegradables.

Pistachio Voodoo Child, de IGGYWOO

Pistachio Voodoo Child, de IGGYWOO

Por qué se considera raro: el Voodoo Dancer Lily es un lirio considerado insólito porque solo crece en ciertas partes de Asia, al pie de las montañas, y es difícil de extraer, lo que limita inmediatamente su suministro. Según explica la marca, lo que realmente la hace rara es que no existe un historial documentado de este lirio siendo usado en la perfumería moderna. Es decir, está completamente fuera del espectro de ingredientes de fragancia tradicionales.