La toxina botulínica es una neurotoxina elaborada por una bacteria llamada Clostridium botulinum. Como bien sabemos, se puede encontrar en numerosos lugares y es muy resistente en condiciones ambientales extremas. De hecho, es considerada por la comunidad científica y médica como la sustancia más tóxica del planeta.

Su potencia no se puede comparar con absolutamente nada, siendo casi unas 600 veces más tóxica que el cianuro en seres humanos. Se dice pronto. Desgraciadamente, la enfermedad que produce, en caso de ingerir alimentos contaminados, se conoce como botulismo.

En profundidad

Y, aunque es poco habitual, puede llegar a ser mortal. Ahora bien, es importante saber que de persona a persona no puede transmitirse. «Mucho cuidado al cocinar», ha relatado en Instagram Guillermo Martín Melgar es más popularmente conocido en las redes sociales como Farmacia Enfurecida.

De acuerdo a la información proporcionada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las esporas producidas por la bacteria Clostridium botulinum son termorresistentes ampliamente difundidas en el medio ambiente que, en ausencia de oxígeno, germinan, crecen y excretan toxinas.

Más detalles

Por lo general, existen siete formas diferentes de toxina botulínica identificadas con las letras A a G: cuatro de ellas (tipos A, B, E y ocasionalmente F) pueden causar botulismo humano y los tipos C, D y E provocan determinadas enfermedades en otros mamíferos, aves y peces.

Al parecer, la toxina botulínica se ingiere con alimentos elaborados inapropiadamente, en los que la bacterias o sus esporas sobreviven, crecen considerablemente y producen las toxinas. Y se caracteriza por una parálisis flácida descendente que puede producir insuficiencia respiratoria.

A tener en cuenta

Entre los síntomas iniciales, conviene señalar fatiga intensa, debilidad y vértigo, acompañados de visión borrosa, sequedad de boca y dificultad para tragar y hablar. Por si fuera poco, pueden producirse vómitos, diarrea, constipación e inflamación abdominal.

Incluso puede dar lugar a debilidad en el cuello y los brazos y afectar posteriormente a los músculos respiratorios y a los que están situados en la parte inferior del cuerpo. Aunque la incidencia es baja, la tasa de mortalidad es alta si no se lleva a cabo un diagnóstico precoz y se sigue el tratamiento adecuado.

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