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Hay arquitectos que hacen su trabajo bien. Y luego hay arquitectos que hacen de su trabajo algo único. Pablo Farfán —capaz de buscar en archivos históricos para descifrar manuscritos del siglo XVI escritos con pluma de ganso— es de los que se encuentran en la segunda categoría. Mientras otros levantan estructuras con hormigón y aislantes petroquímicos, él ha convencido a una fábrica de Málaga para que le produzca los bloques de tierra comprimida que necesita para resucitar técnicas constructivas milenarias cumpliendo con la normativa actual. Es en esencia, un detective del patrimonio: alguien que lee en los muros de tapial y las piedras de pizarra la historia olvidada del país.
Los secretos de la España rural

Foto Shutterstock
Para Farfán, la arquitectura negra de Guadalajara es paradigmática.
Especializado en rehabilitación de arquitectura vernácula y obra nueva bioclimática, Farfán lleva más de una década desentrañando los secretos constructivos de la España rural. Su trabajo le ha llevado desde la arquitectura negra de Guadalajara hasta las casas moriscas de la Axarquía malagueña, pasando por los pueblos de piedra granítica de Sayago en Zamora.
Cuando le contacto, Farfán está a punto de iniciar una visita de obra en un pueblecito de la provincia de Málaga. Maneja simultáneamente once o doce proyectos entre rehabilitaciones y obra nueva. «Como estoy muy especializado en ciertas cosas que son muy poco habituales…», dice como disculpándose.
Habitar el tiempo
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Regreso a lo tradicional
Foto: Pablo Farfán
La Torre almohade de Torrox —una estructura defensiva medieval construida entre los siglos XII y XIII mediante muros de tapial— en la que Farfán Estudio realiza un proyecto de conservación para su puesta en valor, restaurando los acabados y materiales originales.
¿Qué cosas son esas tan poco habituales a las que te dedicas?
Pues a la rehabilitación de arquitectura vernácula con materiales tradicionales. Eso es lo que resumiría todo mi trabajo. Por ejemplo, ahora tengo un proyecto de rehabilitación de una torre almohade del siglo XII en Torrox. Para rehabilitar ese tipo de edificios, los requerimientos que te hace Cultura son súper exigentes: tienes que utilizar los mismos materiales, quitar todo lo que sea cemento porque ya se ha demostrado que estropea el bien.
¿Y qué le pasó a esa torre?
En los años 90 se cubrió de cemento. ¿Te lo puedes creer? Es un edificio construido con tierra comprimida, con tapial. Ahora la Consejería de Cultura nos obliga a quitar ese cemento y poner cal o barro, materiales que transpiren. Lo que se aplica a un Bien de Interés Cultural, yo lo aplico a cualquier tipo de vivienda que rehabilito. Cualquier vivienda que tenga más de cien años está construida con muy pocos materiales: cal, tierra, cerámica, piedra, madera, alguna fibra vegetal como el esparto o la caña, yeso… Son siete materiales, para de contar.
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Una arquitectura auténtica

Foto: Estudio Farfán
Como arquitecto y viajero. ¿Has tenido esa sensación de llegar a un lugar y sentir que es un escenario sin autenticidad?
Sí que me ha sucedido. Creo que hay un error de planteamiento a la hora de rehabilitar muchos cascos históricos. Lo general es que se protege un pueblo bonito, pero después se derriban edificios porque no son cómodos, para aprovechar más el espacio, para meter un garaje, o así… Y se construye con los materiales de ahora, imitando lo antiguo. Imitar con cemento o escayola lo que antes estaba construido con piedra y con tierra. Se produce una disonancia cognitiva, algo que tú ves que falla.
Es una impostura, vaya.
Una impostura que a la gente realmente no le gusta. Es como los mesones estos que les ponen vigas de madera de poliuretano extruido. Alguien que tiene una mínima sensibilidad lo nota. Cuando hago rehabilitaciones no busco tanto la mímesis como utilizar los mismos materiales para que al final el resultado sea similar. Si buscas la orientación, los materiales, el tamaño del hueco, al final da algo que encaja. Y los extranjeros lo notan.
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Nuevas oportunidades
Foto: Farfán Estudio
Casa neovernácula en Tarifa.
¿Los extranjeros?
Sí, sí. Trabajo mucho en la Costa del Sol con gente de todas partes. Son los extranjeros —británicos, alemanes, belgas— los que invierten en nuestra arquitectura antigua y la rehabilitan con criterio. Es alucinante. En la Axarquía o en la Serranía de Ronda lo veo a diario: compran casas muy baratas, las rehabilitan y después las venden caras. Las llaman Moorish House. Ellos saben que son casas moriscas. Los británicos, sin ningún estudio de arquitectura, saben que son casas de estilo nazarí; pero los arquitectos municipales no lo saben. O no lo quieren reconocer.
Y mientras tanto, los pueblos se vacían.
Conozco Torremocha de Ayllón, en Segovia. Una ciudad que había tenido 2.000 habitantes, juzgados… Cuando estuve hace 15 años le quedaban cuatro habitantes. Cuatro. Una ciudad preciosa con bodegas, palomares, tejares… Ahora, con las facilidades del teletrabajo, veo una oportunidad espectacular para recuperar esos pueblos.
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La protección del patrimonio

Foto: iStock
Castellar de la Frontera es una de las maravillas rurales que Pablo Farfán destaca: «cada casa del conjunto es fundamental».
Mencionas que en cascos históricos protegidos se siguen demoliendo casas.
Lo he visto en Castellar de la Frontera, Fermoselle, Frigiliana… Castellar es un pueblo dentro de un castillo en los Alcornocales, Cádiz. En los 70 llegaron artistas, hippies, artesanos con mucha sensibilidad. Es una maravilla: suelos de piedra transpirables, vegetación por las calles, casas conectadas con la muralla. Pero la última vez que fui estaban demoliendo una casa. «Vamos a hacer una galería de arte”, me dijeron. ¡No puedes demoler esto! Lo importante no es solo el castillo, es cada casa. ¿Cómo proteges un Bien de Interés Cultural y permites destruir una de las casas que son parte de ese bien?
ARQUITECTURA POPULAR
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Un caso ejemplar
Foto: Shutterstock
La Vereda es para Pablo Farfán uno de los pueblos mejor conservados de España… «si no de Europa».
También habrá casos de éxito, ¿no?
Por supuesto… La Arquitectura Negra de Guadalajara es paradigmática. Campillo de Ranas, El Espinar… En la cara norte de la Sierra de Ayllón, en esos pueblecitos se protegió el patrimonio, se hizo documentación espectacular, criterios de rehabilitación. Ahí hay un caso que para mí es increíblemente paradigmático. Se trata de uno de los sitios más extremos en cuanto conservación del patrimonio, ¿conoces La Vereda?
Ni idea…
Hombre… La Vereda es el pueblo mejor conservado de España, si no de Europa. Se abandonó en los años 60 o 70 porque se iba a hacer una presa. Al final la presa no se inundó porque se quedó más baja. Los antiguos propietarios hicieron una asociación para salvarlo. Tienen un permiso especial: la gente puede rehabilitar y habitar durante un tiempo, después se la da a otra gente. Es un sistema un tanto peculiar.
Un rincón auténtico
Robledillo de Gata, el micro pueblo negro de Extremadura rodeado de cascadas
El pequeño pueblo de Robledillo de Gata, en la provincia de Cáceres, invita a viajar por el pasado rural con sus casas de pizarra y sus saltos de agua.
¿Qué tiene de especial?
Solo se puede rehabilitar con técnicas antiguas. Es una maravilla. Está hecho con barro y piedra de pizarra, nada más. No hay cemento, ni siquiera exceso de cal. No hay cartelería, no hay cables, no hay electricidad conectada a la red. Cada uno tiene sus paneles.
Es un viaje en el tiempo.
Literalmente. Todo está rehabilitado con técnicas absolutamente ancestrales. Es como irte a hace cien o doscientos años. Han ido al extremo, pero es un ejemplo increíble de lo que se puede hacer. Ellos ni siquiera quieren fomentar que aquello se llene de gente.
Es curioso: probablemente el pueblo mejor conservado de España y uno de los más desconocidos.
Exacto. No tiene restaurantes, no tiene ayuntamiento. Es una anomalía tan extrema y tan bonita… Para alguien que estudia la arquitectura vernácula es alucinante. Todo empezó en los años 80 con una serie de arquitectos que se reunieron en el auditorio de Madrid, se hicieron asambleas y se organizó. Se reparten por tiempo: la gente va en una época, después va otra gente. No sé muy bien cómo funciona… Pero el resultado es maravilloso.
A 1.100 metros de altitud
Peñalba de Santiago, el micropueblo negro más bonito de Castilla y León que tiene 15 habitantes
En el Valle del silencio y rodeado por los Montes Aquilanos, conserva la arquitectura tradicional de El Bierzo.
El ejemplo de los pueblos negros
Foto: Adobe Stock
Campillo de Ranas, pueblo negro de Guadalajara.
¿Cómo es ese ecosistema perfecto al que te referías de los pueblos negros?
Todos estos pueblecitos de la Arquitectura Negra se repoblaron. Hay gente de todo tipo allí, con proyectos como cultivar azafrán… Gente que le gusta vivir en el campo. Está súper bien recuperada y habitada, se protegió el patrimonio —que es muy importante—, hay normativas para proteger esa arquitectura, se ha hecho un trabajo espectacular de documentación y criterios de rehabilitación. En la otra cara, en la Arquitectura Roja, no se ha hecho nada de eso. Y tiene un valor también, características súper peculiares que se podrían perder.
¿Tú crees que deberíamos viajar de otra forma, con otra mirada sobre la arquitectura de los destinos rurales?
Absolutamente. La arquitectura vernácula no es solo edificios, es memoria, conocimiento, forma de vida. En Cútar, en 2003, alguien picó una hornacina y encontró tres libros en árabe: un Corán y dos más, del siglo XIII-XIV, escondidos en el XV. Entre los Coranes más antiguos de España. Se protegieron los manuscritos, pero la casa no. Para mí son pistas. Si puedes encontrar un Corán tapiado en una pared, protege la arquitectura también. Esos libros están ahí, en nuestras paredes, en nuestro patrimonio. Es tan emocionante que amerita dedicarle todo el esfuerzo posible en su protección y divulgación. No solo para que lo sepan los guiris que compran casas por 40.000 euros y las venden por 250.000. Para que lo sepamos todos.