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La neutralidad no promueve la paz por sí sola. Históricamente, no ha sido ni necesaria ni suficiente para el éxito de los buenos oficios en los conflictos armados, tal y como indica la historiadora Liliane Stadler.
Este contenido fue publicado en
03 enero 2026 – 09:00
A menudo, en Suiza se da por sentado que la capacidad de un país para ejercer los denominados buenos oficios está directamente relacionada con su neutralidad permanente. Una opinión que desempeña un papel clave en el debate actual sobre la iniciativa de neutralidad que se votará en 2026.
La invasión rusa de Ucrania en 2022 reavivó en el mundo los debates sobre la neutralidad. Y esto llevó a naciones tradicionalmente neutrales a cambiar de rumbo. Finlandia y Suecia, por ejemplo, se han unido a la alianza defensiva de la OTAN. Suiza, sin embargo, sigue siendo percibida como la nación con la tradición de neutralidad más larga y firme.
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Opinión

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Neutralidad
El significado de la neutralidad en un mundo multipolar
Este contenido fue publicado en
03 ene. 2026
Paul Widmer aboga por la aceptación de la ‘Iniciativa de neutralidad’, ya que la neutralidad suiza depende del reconocimiento internacional.
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Aunque la guerra en Ucrania también ha desencadenado un intenso debate sobre la neutralidad en Suiza. Después de que el Gobierno helvético se sumara a las sanciones de la UE contra Rusia, en noviembre de 2022, un comité que representa al grupo de presión Pro Schweiz [Pro-Suiza] presentó la iniciativa denominada de neutralidad. Esta iniciativa pide que la Constitución recoja la neutralidad perpetua y armada y prohíba que Suiza se adhiera a cualquier alianza militar o de defensa que limite su capacidad de participar en sanciones multilaterales. Según la iniciativa, Suiza también debe seguir haciendo hincapié en su papel de mediador neutral en los conflictos armados.

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Política exterior
Neutralidad suiza: ¿qué camino tomar?
La neutralidad suiza siempre se ve sometida a presión en tiempos de crisis. Suiza se enfrenta actualmente a una cuestión clave: ¿apertura o aislacionismo?
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El término «buenos oficios» abarca todas las acciones que un país, una organización internacional o un actor no estatal pueden ofrecer como tercera parte neutral para ayudar a alcanzar una solución pacífica a los conflictos armados. Las acciones pueden ir desde celebrar conversaciones de paz hasta actuar como potencia protectora o prestar servicios de mediación. La resolución de disputas y el arbitraje, históricamente, también formaban parte de los buenos oficios.
La reputación de Suiza como proveedor de confianza de buenos oficios no se forjó a través de la mediación, sino actuando repetidamente como potencia protectora en los siglos XIX y XX. En esta función, Suiza gestionó los canales de comunicación diplomática —a veces durante años— entre Estados hostiles que habían roto sus relaciones diplomáticas. Durante la Primera Guerra Mundial, Suiza ostentó 36 mandatos de potencia protectora, y más todavía durante la Segunda Guerra Mundial.
Tras la Guerra de Corea, entre 1950 y 1953, junto con Suecia, Checoslovaquia y Polonia, Suiza asumió un mandatoEnlace externo de potencia protectora en la frontera interna de Corea; función que en la actualidad sigue desempeñando. Incluso durante la Guerra Fría, Suiza se centró principalmente en los mandatos de potencia protectora y la ayuda humanitaria.
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Historia
Suiza como mediadora en conflictos internacionales: análisis
Este contenido fue publicado en
21 nov. 2022
¿Cuál es la historia de Suiza como país mediador? Repasamos los éxitos y fracasos de la política de paz del páis helvético.
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Historial mixto
Como mediadora entre partes beligerantes, Suiza tiene un historial mixto. La mediación a nivel mundial solo comenzó a ganar terreno como fenómeno de posguerra después de 1945.
Suiza hizo su primer intento durante la crisis de Suez de 1956, cuando se ofreció a acoger las conversaciones para evitar que Francia y Gran Bretaña invadieran Egipto. Todas las partes en conflicto rechazaron la propuesta. También, las Naciones Unidas, de las que en ese momento Suiza no formaba parte.
En 1961, Suiza logró un éxito diplomático al apoyar activamente las conversaciones de paz entre Argelia y Francia en la ciudad francesa de Évian, que finalmente, condujeron a la independencia de Argelia en 1962. Las partes implicadas rechazaron otros intentos de mediación durante la crisis de los rehenes iraníes de 1979 y el conflicto de las Malvinas entre Gran Bretaña y Argentina en 1982. En 1991, después de que la Unión Soviética se retirase, Suiza medió entre el régimen afgano y el movimiento de resistencia muyahidín. El régimen, no obstante, se derrumbó en 1992 cuando el presidente afgano Mohammed Najibullah dimitió.
Los buenos oficios de Suiza como mediadora, según los historiadores, despegaron en la década de 1990. En 1991, en el punto álgido de la Guerra del Golfo, Suiza acogió una conferencia cumbre entre el secretario de Estado estadounidense James Baker y su homólogo iraquí Tariq Aziz. El entonces diplomático suizo Edouard Brunner fue nombrado enviado especial de la ONU para Oriente Medio, mientras que su sucesor, Klaus Jacobi, desempeñó un papel clave en las conversaciones de paz sobre los Balcanes entre el presidente serbio Slobodan Milosevic y su homólogo croata Franjo Tudjman.
Entre 2000 y 2018, oficialmente Suiza participó en iniciativas de mediación en una veintena de conflictos, entre ellos los de Sudán, Nepal, Siria y Colombia. Entre 2008 y 2015 también acogió en Lausana negociaciones de alto nivel sobre el programa nuclear de Irán. En 2014, Suiza —como presidenta de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE)— dirigió el Grupo de Contacto Trilateral sobre Ucrania y desde entonces ha desempeñado un papel clave para promocionar soluciones pacíficas a los conflictos en Túnez, Myanmar, Zimbabue y Mozambique. El índice de éxito de estos buenos oficios, sin embargo, ha sido desigual.
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¿Cuál es el futuro del modelo suizo de neutralidad?
¿Puede existir siquiera una vía neutral en tiempos de confrontación de bloques y antagonismo geopolítico?
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Otros actores implicados
Este historial no es necesariamente un reflejo de los esfuerzos diplomáticos de Suiza, sino que muchos de los conflictos son muy complejos. A esto hay que añadir que Suiza ya no es el único proveedor de buenos oficios. En los esfuerzos de mediación en todo el mundo participan activamente organizaciones internacionales, otros países neutrales y un número cada vez mayor de actores no neutrales.
En 2021, Suiza acogió una cumbre entre el entonces presidente estadounidense Joe Biden y el presidente ruso Vladimir Putin, pero las conversaciones sobre la retirada estadounidense de Afganistán tuvieron lugar ese mismo año en Catar. En 2022 y 2024, Suiza organizó dos conferencias sobre la guerra de Rusia en Ucrania, aunque —hasta ahora— las negociaciones reales entre Rusia y Ucrania se han celebrado en Turquía y Arabia Saudí. Bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos impulsó brevemente una solución pacífica, mientras que, en 2023, China medió para que Irán y Arabia Saudí restablecieran sus relaciones diplomáticas.
En definitiva, resulta difícil establecer un patrón claro o una relación causal entre la neutralidad de Suiza y sus buenos oficios, basándose únicamente en la historia.
A la hora de otorgar mandatos de mediación o garantizar el éxito de las conversaciones de paz, históricamente, la neutralidad rara vez ha sido un factor decisivo. Los buenos oficios de Suiza se valoran a nivel internacional y la experiencia que en este ámbito ha adquirido el Ministerio de Asuntos Exteriores suizo es considerable. Lo cual aboga por el compromiso continuo de Suiza con la mediación. Aunque si el pueblo vota a favor de la iniciativa de neutralidad, es probable que lo haga más por tradición e identidad nacional que porque haya una creencia generalizada de que la neutralidad, por sí sola, promueve la paz.
Iniciativa sobre neutralidad
La iniciativa sobre neutralidad presentada por la asociación Pro Schweiz pide que la Constitución federal incorpore una interpretación rigurosa de la neutralidad suiza. En la actualidad, el Gobierno y el Parlamento son los responsables de la política de neutralidad, y pueden adaptarla en función de las circunstancias geopolíticas del momento. Si en 2026 se aprueba la iniciativa popular, el Gobierno y el Parlamento perderían esta flexibilidad.
Editado por Benjamin von Wyl. Adaptado al español por Lupe Calvo y revisado por Patricia Islas.
Las opiniones expresadas por la autora no necesariamente reflejan las de Swissinfo.
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Política exterior
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