Con una madurez asombrosa para su corta edad, el golfista del Junín Golf Club cerró un 2025 inolvidable. Tras finalizar cuarto en el Torneo Nacional Junior entre más de 80 competidores, Pedro analiza su presente, la importancia de la salud mental en el deporte y el valor de representar a su ciudad junto a sus amigos de siempre.
El silencio del green suele ser el escenario donde se forjan los grandes caracteres. Para Pedro Silveira, ese silencio no es soledad, sino el espacio donde la paciencia y la técnica se encuentran. El joven deportista de Junín viene de concretar una de las hazañas más significativas para el golf juvenil local de los últimos tiempos: se posicionó en el cuarto lugar del prestigioso Torneo Nacional Junior, una competencia que reúne a la elite del semillero nacional y a representantes internacionales.
Pero detrás del trofeo y los aplausos en el podio, hay una historia de perseverancia, de una «pijamada» entre amigos que compiten al más alto nivel y de un club que busca derribar el mito del elitismo para abrir sus puertas a toda la comunidad.
El Torneo Nacional Junior no es una competencia más. Es la culminación de un año de esfuerzo donde solo los mejores rankeados de cada federación logran su pasaje. Pedro, junto a sus inseparables compañeros Vicente Scevola y Gino Silveira, representó al Junín Golf Club en una cita que congregó a más de 80 jugadores de todo el país y el exterior.
«El Torneo Nacional Junior trata de los mejores de cada federación, clasifican y también van representantes de otros países», explica Pedro con la claridad de quien conoce bien el terreno que pisa. Durante dos jornadas de máxima intensidad, los chicos pusieron a prueba su temple. Para Pedro, el resultado fue una sorpresa incluso para sus propias expectativas: «Me sentí muy orgulloso por mí mismo porque era un logro muy increíble para mí; nunca me hubiera imaginado quedar cuarto en un torneo de esa calidad, un torneo nacional».
La competencia fue también una lección de resiliencia. El golf, quizás más que cualquier otro deporte, castiga la frustración y premia la estabilidad emocional. Pedro lo vivió en carne propia durante la primera jornada: «El primer día había empezado mal, los primeros tres hoyos estaba nervioso, con desconfianza y mala actitud. Pero dije: ‘Bueno, vamos a tratar de mejorar’. En los siguientes hoyos hice la mejor vuelta de mi vida y terminé empatando el primer puesto con otros tres chicos». Ese cambio de mentalidad fue la llave que le permitió mantenerse en la pelea hasta el último suspiro.
Uno de los puntos más destacados de la entrevista fue la relación entre los tres representantes locales. Pedro, Vicente y Gino no solo comparten el club, sino también la edad, los viajes y la vida cotidiana. Verlos alentarse mutuamente en el hoyo final, a pesar de estar compitiendo por los mismos puestos, es una imagen que define el espíritu deportivo que se respira en el Junín Golf Club.

«Se siente una gran responsabilidad porque querés representar muy bien al club y que este presente en todos los torneos», confiesa Pedro. Sin embargo, esa presión se alivia cuando se comparte con amigos. Su padre, presente durante la charla, destaca esa unión: mientras muchos podrían ver rivalidad, ellos ven compañerismo. Comparten hoteles, piletas y anécdotas, transformando la presión de la alta competencia en una experiencia de crecimiento grupal.
El éxito de Pedro no es casualidad. Es el resultado de una estructura de apoyo que incluye a su familia, sus entrenadores y las instituciones que rigen el deporte. Pedro comenzó a los 8 años, impulsado por su padre y de la mano del profesor Marcelo Mussi, quien le entregó su primer palo.
Hoy, su guía técnica es Pablo Martínez, a quien Pedro atribuye gran parte de su evolución: «Me ayudó mucho a mejorar en mis técnicas, en estrategia y sobre todo en la confianza y la mente. El golf es un deporte de mucha paciencia, de no romperte la cabeza porque si te enfocás mal, cada golpe puede empeorar».
Desde el club, se apostó por el alto rendimiento. Clínicas con coaches de renombre internacional, como Germán Palacios (con experiencia en los seleccionados de España y Uruguay), y viajes a la sede de la Asociación Argentina de Golf en Pilar, forman parte de la agenda de estos jóvenes talentos.
Además, el apoyo de Fenoba (Federación de Golf del Noroeste de Bonaerense), presidida por el juninense Pedro Bocaccio, fue fundamental. La federación no solo estimula a los chicos desde lo deportivo, sino que brinda apoyo financiero para que los representantes locales puedan participar en los certámenes nacionales.
A pesar de sus logros, Pedro no deja de ser un chico que disfruta de su entorno. Se define como «re social» y logra equilibrar la exigencia del golf con la escuela y la vida con amigos. «Entreno dos veces por semana con Pablo, voy a practicar con amigos, y los sábados juego los torneos en el club. Fuera del golf, con mis compañeros de escuela y de la pileta me llevo muy bien, siempre trato de estar de buena onda con todos».
Este equilibrio es vital para sostener una carrera que proyecta grandes horizontes. Al mirar hacia el futuro, Pedro tiene sus metas claras. Para el 2026, busca mejorar su ranking en Fenoba: «Los últimos años he quedado siempre tercero, ahora voy a tratar de quedar segundo o capaz primero».
Pero su sueño va más allá de las fronteras locales. Inspirado por referentes del club como Pedro Córdoba o Pilar Ariaudo (quienes lograron becas universitarias en Estados Unidos), Pedro aspira a seguir ese camino: «Mi sueño es tratar de ser profesional. Estoy aspirando a mejorar mi rendimiento para tener una buena universidad y más posibilidades de llegar al profesionalismo».
Detrás de cada trofeo hay una logística compleja que muchas veces pasa inadvertida para el público. Ser un deportista de alto rendimiento a tan corta edad implica un compromiso que va más allá de la cancha. El padre de Pedro destaca el esfuerzo de coordinación con la escuela para que los viajes a torneos nacionales o regionales no interfieran con su formación académica. «A veces es difícil pedir las tareas, porque los torneos son de varios días y ahora, por ejemplo, se fue tres días a Mar del Plata», comentan desde su entorno. Esta capacidad de Pedro para cumplir con sus deberes escolares mientras mantiene su hándicap y su nivel competitivo es lo que marca la diferencia en su formación integral, demostrando que la disciplina deportiva se traslada directamente a su responsabilidad como estudiante.
Para cerrar, Pedro y su entorno dejaron un mensaje para toda la comunidad de Junín. El golf está cambiando y busca sacarse la etiqueta de deporte exclusivo. El Junín Golf Club mantiene una política de puertas abiertas, donde cualquier chico puede acercarse a probar sin necesidad de contar con equipo propio ni conocimientos previos.
«El mensaje que daría es que se animen a jugar porque es un deporte muy lindo, estás en la naturaleza y es entretenido si estás con amigos», dice Pedro con entusiasmo. «A los que recién empiezan y no le pueden pegar a la pelota, que se tranquilicen; hay que tomar clases y se mejora con el tiempo».
La escuela de menores del club se nutre constantemente de niños que quizás nunca tuvieron contacto con el deporte, provenientes incluso de las colonias de vacaciones. El objetivo es claro: que el golf sea una opción para todos.
Pedro Silveira termina el año con el trofeo del cuarto puesto nacional, pero se lleva algo mucho más valioso: la certeza de que con esfuerzo, buena actitud y amigos al lado, no hay hoyo imposible de completar. Como él mismo define: «La lección es que nunca hay que rendirse, siempre hay que tratar de lograr los sueños».
El camino de un joven golfista es imposible de transitar sin una red de apoyo sólida, y en el caso de Silveira, su familia es el pilar fundamental. Pedro no duda en dedicarles un espacio especial en su balance anual: «Un agradecimiento especial a mis papás porque me ayudaron en todo, siempre me alentaron y me llevaron a todos los torneos». Ese acompañamiento no solo es logístico o financiero, sino emocional; son quienes están ahí para contenerlo cuando una vuelta no sale como esperaba y para celebrar cada birdie como propio. Es ese entorno de contención, sumado a la calidez de su profesor Pablo Martínez, a Marcelo Muzzi por los inicios, y a la Federación Fenoba por el respaldo constante al semillero de Junín, lo que permite que chicos como Pedro, Vicente y Gino vean al golf no como una presión, sino como un estilo de vida que eligen día tras día.