En un momento en el que casi toda reforma parece pasar por empezar de cero, este proyecto reivindica lo contrario: actualizar una vivienda sin necesidad de desmontarla. La casa, una planta baja amplia, con grandes ventanales y una terraza perimetral que funciona como segundo salón, ya tenía una base sólida.
Lo que buscaban los propietarios, una familia con tres hijos, era recuperar la frescura del espacio y conseguir una atmósfera más amable, más acorde con su día a día. Desde esa idea, Anna Torndelacreu planteó una intervención delicada, cuidada y muy consciente del lugar. No era cuestión de transformar el plano, sino de ajustar las sensaciones.
Una reforma mínima que cambia mucho más de lo que parece

Foto: Torndelacreu
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La petición llegó directamente de la propietaria, Ana: “Acompañarla en una renovación sutil de su hogar sin alterar su forma”. Esa condición marcó toda la estrategia del estudio. “La intervención se planteó desde la sutileza, cuidando los materiales, las texturas y la luz, con una actitud respetuosa hacia el espacio existente”, explica Torndelacreu. La terraza, que envuelve la vivienda, ya funcionaba como prolongación natural del interior; el objetivo era reforzar esa conexión y actualizar la atmósfera sin perder la identidad original.