Mohammed Harbi, nacido en 1933, ha fallecido el 1 de enero de 2026. Homenaje a una alta y hermosa figura de la revolución argelina. Líder de la Federación de Francia del FLN durante la Guerra de la Independencia, fue luego el lúcido analista de su confiscación por un poder burocrático y militar.

Mohammed Harbi fue un pionero en la deconstrucción de la ideología oficial transmitida en Argelia sobre la historia del país y la guerra de independencia contra Francia. Su crítica, a menudo muy afilada, de las prácticas del FLN durante la guerra, de la constitución de un aparato burocrático que se eleva por encima de la sociedad y confiscando los logros de esta acción anticolonial no ha pasado desapercibida.

En efecto, el hombre fue un importante líder de la dirección de la Federación de Francia del FLN entre 1954 y 1958, y luego un asesor influyente en la delegación del GPRA que dirigió las negociaciones con Francia, lo que llevó a la independencia de Argelia en 1962. Por lo tanto, Mohammed Harbi sabía de lo que hablaba, desde el interior de un movimiento político revolucionario del que había conocido todos los engranajes y a los hombres colocados en puestos de responsabilidad. En los primeros años de la independencia, antes de sufrir en 1965 la represión que siguió al golpe de Estado de Houari Boumedian, estuvo cerca del trotskista Michel Pablo y de las corrientes autogestionarias.

Sus primeros libros, en la década de 1970, fueron un verdadero relámpago en el cielo aparentemente sereno de los discursos oficiales argelinos, donde “un pueblo anónimo y unánime” se deshizo de la presencia colonial francesa. En Aux origines du FLN, publicado en 1975, Mohammed Harbi atacó primero la arqueología del nacionalismo argelino radical, sacando a la luz el personaje de Messali Hadj, que había animado las primeras organizaciones independentistas argelinas desde la década de 1920-1930, y que había sido derrotado por el FLN durante la guerra de Argelia. El personaje fue relegado al olvido, convirtiéndose su nombre en sinónimo de traición en la Argelia independiente.

Harbi explicó las crisis del movimiento nacionalista en relación con su ideología populista, explicó el papel de la religión en la movilización política, en detrimento de los factores de secularización, analizó la base social de este movimiento fundamentalmente plebeyo, es decir, que se apoyaba en un campesinado pobre, desclasado, y una débil élite urbana aculturizada. Lo que le daba a este partido un aspecto tan variopinto, heterogéneo, aislado de una izquierda política francesa hostil en aquel momento al principio de la independencia de Argelia.

Mohammed Harbi fue aún más lejos con su segundo libro, Le FLN mirage et réalité, publicado en 1980. Contando la historia de la guerra, vista desde el lado de las y los argelinos, esta vez se centró en el papel de la violencia en la construcción del FLN y su control por la fuerza en las ciudades y el campo; contó la «guerra dentro la guerra», es decir, el enfrentamiento criminal entre el FLN y los activistas que permanecieron fieles a Messali Hadj; y describió en detalle todas las luchas internas, conspiraciones, asesinatos y ajustes de cuentas para la conquista del poder, y después (con los asesinatos de Mohammed Khider en 1967 y Krim Belkacem en 1970).

Este libro fue un acontecimiento considerable en la escritura de esta historia, precisamente desde finales de la década de 1970, en un momento en que la cuestión argelina había desaparecido de las preocupaciones de los intelectuales franceses. Argelia, que se había vuelto independiente y socialista, ya no interesaba a mucha gente en aquel momento. Y no será hasta la década de 1990 cuando la historia de este país vuelva a estar en primer plano en Francia, con la cuestión de la inmigración, del Islam en Francia y, sobre todo, de la guerra civil argelina que estalló entonces. También fue un antirracista convencido y decidido.

Los libros de Harbi han sido para mí verdaderos marcadores, así como para toda una generación de intelectuales argelinos. Gracias a él, se desarrollaron los escritos de la historia de las mujeres argelinas, en relación con las luchas ciudadanas por la igualdad; insistió en la necesidad de proceder a la deconstrucción de los mitos fundacionales de la historia argelina, para lograr una “secularización” de la historia de este país.

En un simposio que tuvo lugar en Orán, en homenaje a su trabajo, en 2008, expliqué cómo el trabajo del Sr. Harbi me había abierto el camino en la escritura de una biografía de Messali Hadj en la década de 1970. Otros ponentes destacaron cómo los análisis del Sr. Harbi habían servido para comprender las crisis actuales en Argelia, siempre en busca de legitimidad histórica. La celebración de este coloquio en torno a Mohammed Harbi, cuyos libros han estado prohibidos durante más de veinte años en Argelia, había sido obviamente un acontecimiento considerable.

Y aunque hoy queda mucho camino por recorrer en este país en el ámbito de la historia, el hecho es que las cosas han avanzado gracias a Mohammed Harbi. Fue un desencadenante insustituible en el conocimiento de la historia de la Argelia contemporánea.

Traducción: Faustino Eguberri