Algunos brindamos por las esperanzas depositadas en el Año Nuevo, otros escriben sus deseos por cumplir a los Reyes Magos, pero Jorge Fernández siente que ni los brindis ni las cartas son necesarios en este dulce momento que vive: «Tengo una pareja desde hace diez años … con la que mantengo una relación de amor basada en el respeto mutuo y en el reconocimiento de los espacios propios de cada uno con los que mantenemos nuestra independencia».

«No tenemos que hacerlo todo juntos, respetamos nuestra libertad de hacer cosas por separado, porque además tenemos gustos distintos, pero luego nos complementamos el uno al otro en otros aspectos», expresa. «Tengo, además, un hijo del que me siento muy orgulloso, y que vuelve a casa una temporada, así que voy a poder compartir más tiempo con él. Y, por último, tengo un trabajo en el que me lo paso de maravilla y que, gracias a cómo lo tenemos organizado, me permite disfrutar de un tiempo muy valioso para mí. Soy feliz con todo lo que tengo, sería egoísta pedirle más al nuevo año», añade.

Es muy probable que el presentador no vea hoy esta entrevista porque andará perdido por los Pirineos. Perdido en sentido figurado, porque conoce esos picos y valles como la palma de su mano: «Tengo mis rutas secretas para hacer ‘trekking’, para buenas caminatas con botas para la nieve o para el esquí de travesía. El paisaje es alucinante y vuelvo con a casa con energías renovadas».

Casa, para él, es Bilbao: «Me paso media semana allí, que es donde está mi hogar, donde está mi familia, mi perra, donde realmente transcurren las cosas importantes de mi vida, aunque luego soy de los que llega el fin de semana y me voy de aventura a la montaña, a la nieve, a la playa, cualquier lugar donde perderme o hacer deporte. Para mí Madrid es, más que nada, donde está mi lugar de trabajo, donde me encierro todo el día en un plató a disfrutar de las grabaciones».

«Susanna Griso me dijo que yo era el rey de las mañanas»

Jorge Fernández

Presentador de ‘La ruleta de la suerte’

Este año cumple 30 años al frente de ‘La ruleta de la suerte’ y los datos confirman que por mucho debate sobre las ‘reinas de las mañanas’, el único rey es él: «Eso me dijo también Susanna Griso, pero no, no es lo mismo. Ellas hacen programas de cuatro horas y yo solo tengo una casi a la hora del aperitivo».

«Es cierto que llego cada día de grabación con los datos de audiencia, que no bajan del 22%, y eso me da una tranquilidad que me permite divertirme y trabajar sin presiones», comparte. Se siente afortunado, pero tampoco cae en la trampa de la falsa humildad: «Aguantar tantos años, con tanto éxito, no es cuestión de suerte. Hay un trabajo detrás. Recuerdo que para la prueba no teníamos ni decorado propio, se hizo usando parte del set de María Teresa Campos. Si terminar de grabar sentí que sabía cómo hacerlo mío, que era mi programa».

Metódico

Y así ha sido desde 1996, se dice pronto: «Me emociona la gratitud de la gente mayor que me cuenta cómo el juego ayuda a pensar y hace compañía. Eso me hace ver la parte de obra social que ejerce la televisión. También me gusta ver cómo se han ido sumando los jóvenes, que nos descubrieron en la pandemia y ahora son muchos los que vienen a jugar». Si algo le define es la perseverancia, la disciplina: «Solo cuando tengo todo controlado me permito improvisar. Pero ese deseo de materializar los objetivos me ha servido los momentos más duros, sobre todo de salud. Soy cartesiano hasta para la dieta, porque es verdad que me cuido, me alimento bien. Pero es un estilo de vida, por eso ni bebo ni fumo».

Salvo apostar por algún negocio fallido, Jorge no es de los que daría marcha atrás en el tiempo para corregir errores: «He aprendido de ellos, me han servido para entender con lo que quiero. Hasta mi enfermedad ha servido para conocerme. Me divorcié, lo pasé mal, pero eso me permitió tomar la mejor decisión de mi vida, criar solo a mi hijo. Y hacerlo a mi manera».

«La paternidad sacudió mi vida, todo fue muy intenso y me marcó para siempre. Yo pasé a un segundo plano, dejando de hacer las cosas que hacía para dedicarme por entero a mi hijo. Incluso llegué a dejar el trabajo el primer año. Paseábamos, jugábamos, éramos inseparables, Todo eso sirvió para crear un vínculo especial, inquebrantable, entre los dos», sentencia.

Jorge Fernández, de niño

Jorge Fernández, de niño

ddrr

Muy personal

El ‘emoji’ que más usa: «El de la carita feliz, sobre todo en un grupo, para evitar malas interpretaciones de los mensajes y quede claro que voy de buen rollo».

Se haría un ‘selfie’ con: «Michael Jordan, de toda la vida. Aunque ahora se lo pediría a Matthew van der Poel, un ciclista excepcional».

Un momento ‘tierra, trágame’: «Suele meter la pata en el tema de las relaciones sentimentales cuando presento a los concursantes: pregunto por el marido y resulta que es viuda o separada, cosas así».

Un sacrificio por la fama: «No salgo de fiesta por las noches».

Algo que no puede faltar en su día a día: «El deporte, pero porque me divierte, no por obligación como parte de un entrenamiento».

Tiene miedo a: «A las cosas que no puedo controlar y que afecten a los míos. Que les pase algo, esas cosas me preocupan».

Un lugar para perderse: «El Valle de Arán en invierno».

Su primer beso: «No recuerdo mucho, solo sé que fue una sensación agradable».

Un propósito que nunca cumple: «Como no me gusta no cumplirlos, o no me los planteo o solo me centro en los accesibles».

Dentro de 10 años se ve: «Con la misma vida que tengo, compaginando el trabajo en Madrid con el hogar en Bilbao. Viajando todo lo que pueda. Y con un programa fijo en el ‘prime time’ de los sábados. Ahora estoy con la versión nocturna de ‘La ruleta’, así que con el concurso asentado o con uno nuevo, porque me trae recuerdos de cuando estábamos todos en la familia frente al televisor. Es un deseo lleno de nostalgia».

El pequeño Jorge: «Era un auténtico obseso del baloncesto, para mí no existía nada más en la vida, me pasaba horas jugando, entrenando, aprendiendo. Tuve claro desde pequeño que mi objetivo era ser jugador profesional y no paré hasta debutar en la Liga ACB. Me pasaba el día en la cancha, así que no me daba tiempo para hacer travesuras, era un niño bueno. Y muy sociable, aunque por entonces me costaba hablar en público».