En 2009, la actriz hollywoodiense Sigourney Weaver se presentaba al mundo entero como la doctora Grace Augustine, la creadora del programa que permitía a los humanos convertirse en Na’vi en Avatar.

Aunque parecía que la muerte de este personaje impediría su retorno, el director James Cameron, su amigo y fiel colaborador, recuperaba a la actriz en la figura de Kiri, una Na’vi cercana a la familia de Jake Sully (Sam Worthington). Los avances tecnológicos en el cine permitían que la intérprete pareciera una adolescente en Avatar: El sentido del agua (2022), cuando ya contaba con 70 años.

Ahora, Weaver recupera a este personaje en Avatar: Fuego y ceniza, actualmente en cines, cuya trama ha hecho que la propia Weaver tenga que defenderse por un polémico beso entre su personaje y el del jovencísimo actor Jack Champion (21 años), quien interpreta a Spider y era mucho más joven cuando se rodó este título.

El beso más polémico de ‘Avatar: Fuego y ceniza’

«Tuvimos que ser muy delicados con esa escena, porque incluía un beso. Obviamente no iba a besar a Jack, quien tenía 14 o 15 años en la vida real», ha explicado Weaver en una entrevista reciente para The Hollywood Reporter. El director y la actriz «le pidieron a Jack que eligiera a alguien a quien pudiera besar y eso hizo», confiesa.

Una forma de sortear esta problemática, aunque, aun así, ha tenido que justificarse. «Me imagino que cuando yo no estaba, eligieron a alguien apropiado para Jack. Esa preocupación ante este asunto, que es bastante legítima, ya existía«, añade la actriz, quien quedó encantada con el resultado final. «Me lo creí. Es tan sincero entre ellos dos. Creo que no hay lugar para ninguna preocupación sobre la edad real de Jack y la mía«.

En declaraciones a People, Cameron revelaba que sus propias experiencias en la secundaria besando a chicas, a menudo más altas que él, inspiraron este momento romántico. «Hubo mucha controversia creativa para nosotros sobre si Spider y Kiri debían mantener una relación fraternal», confiesa el canadiense, quien decidía jugar con ese «amor juvenil incómodo». 

«Me encanta esa imagen cuando ella lo besa en la cascada. Ella le saca una cabeza y tiene que agacharse. Mi recuerdo de séptimo u octavo grado [en EE UU] es que todas las chicas eran más altas que yo. ¡Eso no me detuvo en absoluto! Pensé que eran geniales, aunque fueran más grandes que yo«, concluye el cineasta.