De forma paralela a la captura casi de película de Nicolás Maduro por parte de EEUU bajo cargos de narcoterrorismo discurre el hilo del petróleo. A nadie se le escapa que detrás de la actuación de la Administración Trump hay también intereses petroleros. Venezuela ya no produce ni de lejos lo de antaño, pero aun así sigue siendo un punto estratégico crucial que Washington quiere tener controlado. Ya no solo se trata de las amplias reservas petroleras que sigue teniendo el país o del potencial que estas bolsas de recursos suponen para las grandes empresas de EEUU. Al no estar alineada con Washington, la Venezuela de Maduro participaba de un comercio petrolero –esencialmente con China– en el que habían dejado de tener cabida los dólares. Esto suponía un desafío tal a la arquitectura hegemónica de los petrodólares instaurada por EEUU hace décadas, que habría precipitado la acción de Trump.

El resumen es muy simple: una Venezuela acorralada por los embargos y sanciones de EEUU y muy necesitada de ingresos se echó en brazos de una China que presenta pocos miramientos a la hora de acaparar materias primas, especialmente petróleo. De los aproximadamente 900.000 barriles al día que produce Venezuela, el grueso va a parar a China. El pasado septiembre, el 84% del petróleo venezolano exportado se destinó al gigante asiático, ya sea directa o indirectamente.

Buscando ambos países sortear el control efectivo de EEUU, qué mejor manera de hacerlo que prescindiendo del dólar en sus intercambios. Tanto la divisa china, el yuan, como las criptomonedas se han convertido en modo de pago para este comercio cada vez más clandestino, llevado a cabo en los famosos buques petroleros de la ‘flota fantasma’. Venezuela no ha dejado de transportar petróleo a China mediante esta flota paralela empleando tácticas de evasión en el mar, como apagar los rastreadores durante las transferencias de barco a barco y cambiar la marca del crudo venezolano por la de Malasia, enclave considerado como ‘lavadora’ del petróleo que ‘mancha’ los dedos de China. En 2020, las importaciones oficiales chinas de petróleo venezolano se redujeron a cero, mientras que las importaciones de petróleo malasio alcanzaron su máximo en 16 años.

Este era un destino poco natural (China está muy lejos de Venezuela) y que escocía en EEUU por el medio de pago utilizado. El dólar llevaba siendo desplazado desde 2017 en los intercambios de crudo entre China y Venezuela. Una parte de los intercambios se pagaba con yuanes, otra se entregaba como parte de la deuda que tiene Caracas con Pekín y otra parte con criptoactivos. Ahora, si el crudo sigue fluyendo de Venezuela a China es probable que el dólar vuelva a predominar como medio de pago, una vez que las petroleras americanas comiencen a invertir en la ruinosa industria venezolana. No obstante, se espera que los flujos también cambien, matando así EEUU dos pájaros de un tiro.

Trump sugirió el sábado que China seguirá recibiendo parte del petróleo venezolano bajo el control estadounidense de Caracas, pero es probable que esa cantidad sea limitada y su intercambio se empiece a efectuar más pronto que tarde con el dólar. Alrededor de dos tercios de las importaciones chinas de petróleo desde Venezuela se destinan a refinerías independientes, conocidas como teteras, que están dispuestas a burlar las sanciones para comprar el crudo con grandes descuentos, según estimaciones de Reuters. Sin embargo, si se levantan las sanciones, el petróleo se vendería a precios internacionales, eliminando el incentivo para estos compradores.

El tercio restante de las exportaciones petroleras actuales a China se destina al pago de las cuantiosas deudas de Caracas con Pekín. No está claro si este comercio continuará, ya que el petróleo probablemente se entrega al precio de producción o cerca de él, muy por debajo de los precios del mercado. En definitiva, el rumbo de la mayor parte del crudo venezolano está claro. EEUU es un mercado mucho más natural que China, debido a la proximidad geográfica, lo que reduce significativamente los costes de flete. Además, las refinerías de EEUU necesitan el crudo pesado de Venezuela. Si la mayor parte de las exportaciones venezolanas se redirige a EEUU, las importaciones de este último país podrían aumentar en más de 200.000 barriles diarios en cuestión de meses tras esta medida, más del doble de las compras estadounidenses, según los niveles de exportación de 2025, según estimaciones de Reuters.

Una cuestión de poder bajo las divisas

Bajo una estructura logística propia de los ‘malos’ de una película de 007, este comercio clandestino de petróleo desafía al eje que ha vertebrado y aún vertebra el mercado petrolero global: el petrodólar. Por sintetizarlo mucho, el petrodólar se refiere a los dólares estadounidenses que los países ganan con la venta de petróleo. Desde la década de 1970, la mayor parte del petróleo comercializado a nivel mundial se cotiza en la divisa americana, independientemente de dónde se produzca o consuma.

Esto significa que los países importadores de petróleo deben obtener primero dólares antes de poder comprar suministros energéticos. Dado que el petróleo es esencial para el transporte, la energía y la industria, la demanda de dólares se mantiene constante en todo el mundo. Los países exportadores de petróleo reciben dólares por las ventas de crudo. Estos dólares suelen reinvertirse en la economía estadounidense, principalmente a través de bonos del gobierno estadounidense y los mercados financieros. Este ciclo mantiene alta la demanda tanto de dólares como de deuda estadounidense. Con el tiempo, este sistema ha ayudado al dólar a seguir siendo la moneda dominante del mundo y ha permitido a EEUU pedir dinero prestado más fácilmente que la mayoría de las demás naciones.

Al poner el foco en Venezuela, Washington le ha pegado realmente un corte a China en la mano de Venezuela. La ‘conexión caribeña’ estaba siendo una de las demostraciones más palpables de que los actores no alineados con Washington le están ‘haciendo la cama’ en lo posible al todopoderoso dólar. Ante años de sanciones, Venezuela comenzó a experimentar con la venta de petróleo fuera del sistema del dólar. Aceptaba pagos en yuanes, euros y activos digitales, lo que le permitía eludir los canales bancarios tradicionales controlados por EEUU.

Esta historia tuvo comienzo en 2017, cuando Maduro anunció que aceptaría otras divisas a la hora de vender el petróleo venezolano. Esto suponía y supone una gran ventaja para los países importadores. Por un lado podían comprar el crudo venezolano que cotiza con descuento, lo que ya suponía un ahorro, pero además podían financiar las compras con su propia moneda, controlada por el banco central nacional. Esto daba incluso la opción de imprimir dinero (por ejemplo, rublos o yuanes) para comprar crudo venezolano. Luego sería Venezuela quien asumiría el riesgo divisa.

Este comercio de petróleo en diferentes divisas, aunque se producía en un rincón relativamente pequeño del mercado petrolero, revelaba que había opciones de comerciar materias primas sin necesidad de usar el dólar. Maduro creó una especie de canasta de monedas (el rublo de Rusia, el yuan de China y la rupia de la India) que podía ser utilizada por las empresas locales para importar y exportar. Finalmente, todo hace indicar que han sido el yuan y los criptoactivos los medios de pago más utilizados.

Este tipo de exclusión del dólar no planteaba ningún riesgo en el corto plazo para el billete verde, pero en el largo plazo, junto a las sanciones sobre los activos rusos y la errática política internacional de Donald Trump sí podían erosionar la credibilidad y el uso del dólar en las transacciones de materias primas, donde los países emergentes (todos los BRICS) están muy involucrados. Ahora, el control del petróleo venezolano tapona uno de estos agujeros. El ‘manotazo’ indirecto a China por parte de Washington es un aviso para navegantes, pero la extensión del uso de ciertos criptoactivos para el intercambio de petróleo parece haber abierto una puerta muy grande.

El papel de las ‘criptos’ y el auge del Tether

Con permiso del baluarte del yuan que China cuida cada vez más, los activos digitales han cobrado un peso cada vez mayor en esta estrategia de los ‘enemigos íntimos’ de EEUU. Las informaciones manejadas hasta la fecha apuntan a que el gobierno venezolano ha estado recibiendo pagos por petróleo en la stablecoin vinculada al dólar Tether (USDT) desde 2024, lo que ha socavado las sanciones que la administración Trump impuso a la petrolera estatal PDVSA y al banco central de Venezuela en 2019.

«Al igual que Irán y Rusia, Venezuela necesitaba recibir pagos de petróleo de China fuera del alcance de la supervisión financiera occidental. Las transacciones con criptomonedas son uno de estos métodos de evasión, que Corea del Norte, por ejemplo, ha utilizado en el pasado para blanquear las ganancias de la ciberdelincuencia. El año pasado, Rusia suavizó su postura restrictiva sobre las criptomonedas al permitir que las empresas las utilizaran en el comercio transfronterizo. Informaciones de este año indican que Rusia ha estado recibiendo pagos de petróleo de clientes chinos e indios en bitcoin y otras criptomonedas, con volúmenes de transacción que alcanzan decenas de millones de dólares», ponen en contexto los estrategas del think tank Atlantic Council en una nota.

Lo cierto es que el Gobierno chavista lleva varios años experimentando con las criptomonedas, sobre todo con el lanzamiento del petro (PTR), respaldado por el Estado, que se puso en marcha en 2018 y se derrumbó en 2024. A medida que se intensificaban las sanciones de EEUU contra Venezuela en 2019 y en los años siguientes, el régimen de Maduro se interesó cada vez más en aprovechar los activos digitales para facilitar las transacciones petroleras, lo que llevó al Departamento de Justicia de EEUU a presentar acusaciones contra las personas que intermediaban en estas operaciones. Durante el último año, Caracas ha recurrido al citado Tether, emitido por la empresa offshore del mismo nombre, como vehículo alternativo para los pagos internacionales.

Tether se ha enfrentado anteriormente a un escrutinio por su presunta participación en finanzas ilícitas y blanqueo de capitales. Cabe destacar que Tether también ha colaborado con el Departamento de Justicia de los EEUU en una investigación que condujo al desmantelamiento de la infraestructura online que respaldaba a Garantex, una plataforma de intercambio de criptomonedas sancionada implicada en facilitar la evasión de las sanciones a Rusia y el lavado de dinero por parte de organizaciones criminales transnacionales. Para 2024, Tether también había congelado 41 carteras que utilizaban la stablecoin para evadir las sanciones sobre el petróleo de Venezuela.

Rusia podría seguir el ejemplo

A finales del primer trimestre de 2024, PDVSA comenzó a exigir a los nuevos clientes que utilizaran monederos digitales y realizaran pagos en Tether para las transacciones petroleras al contado. Posteriormente, las autoridades venezolanas permitieron a un número limitado de bancos y casas de cambio ofrecer Tether a empresas privadas a cambio de bolívares. Solo en julio, se vendieron al sector privado criptomonedas por un valor estimado de 119 millones de dólares.

«Este cambio marcó el creciente uso de las criptomonedas, predominantemente Tether, como sustituto de los dólares estadounidenses físicos en los flujos financieros nacionales. Si bien las criptomonedas aún representan solo una pequeña parte del valor total del comercio de petróleo, desempeñan un papel estratégico desmesurado al ofrecer a los regímenes sancionados un canal de pago paralelo fuera de la banca tradicional», explican los estrategas del Atlantic Council. Con el hecho más que constatado de que el petróleo venezolano destinado a China termina en Tether para el país exportador, lo que aún se desconoce, y que requiere investigación, subrayan estos analistas, es la cadena de pagos que conecta estos dos hechos.

«Este método se asemeja a los planes de evasión de sanciones utilizados por otros Estados fuertemente sancionados, como Rusia, Irán y Corea del Norte, y merece una respuesta política firme y coordinada por parte de EEUU», instan desde el think tank. Con las gigantes petroleras rusas Lukoil y Rosneft ahora bajo sanciones, es probable que Moscú adopte el enfoque venezolano de usar stablecoins para facilitar los pagos de petróleo de los compradores chinos, alertan. «Por lo tanto, es esencial desarrollar una estrategia clara sobre cómo las autoridades estadounidenses encargadas de las sanciones y la aplicación de la ley abordan el uso de stablecoins vinculadas al dólar y otras criptomonedas», remachan.

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