Mientras en muchas partes del mundo la Navidad es sinónimo de encuentros familiares, celebraciones y calles llenas de luz, en el noreste de Nigeria estas fechas se viven de forma muy distinta. Allí, la alegría navideña convive con el miedo, la incertidumbre y la amenaza constante de la violencia.
En este tiempo tan significativo para los cristianos, nos acercamos a la realidad de Nigeria de la mano del Padre Joseph Fidelis Bature, sacerdote de la Diócesis Católica de Maiduguri, en el estado de Borno, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado.
Además de sacerdote, el padre Bature es psicólogo clínico y director del Centro Salama para el Desarrollo de Recursos Humanos y la Atención al Trauma, donde. desde hace seis años, acompaña a víctimas de la violencia provocada por Boko Haram. Se trata de personas desplazadas internas, comunidades de acogida, personas retornadas y familias profundamente marcadas por el conflicto. Su trabajo, que recibe apoyo de Manos Unidas, incluye atención psicológica y psicosocial, apoyo a familias con conflictos intrafamiliares y colaboración en la formación de seminaristas mayores.

El padre Joseph Bature atiende a una de las mujeres que apoya el proyecto. Foto: Manos Unidas
Una Navidad junto a los más vulnerables
Hace tiempo que el padre Joseph no pasa la Navidad con su familia. Este año también ha permanecido junto a las personas más vulnerables en Maiduguri, para celebrar con ellas y compartir un mensaje de esperanza.
En la su parroquia, la de San Hilario Polo, que acoge a numerosas personas desplazadas internas, la Navidad se celebrará con oración y convivencia.
Porque, aunque en Nigeria la Navidad siempre ha sido una gran celebración -cantos, bailes, villancicos, intercambio de comida y visitas familiares-, en los últimos años, estas tradiciones se han visto ensombrecidas por el miedo.
Este año quizá, si las condiciones de seguridad lo permiten, la parroquia también organizará una pequeña fiesta para los niños.
Las amenazas de ataques por parte de Boko Haram y el Estado Islámico de África Occidental (ISWAP por sus siglas en inglés) han generado un clima de ansiedad constante. Como consecuencia, las celebraciones se realizan con extrema precaución.

«No podemos organizar grandes celebraciones al aire libre, lamenta. En muchos lugares, la Navidad se ha limitado a la celebración de la misa, tras la cual las personas regresan rápidamente a sus casas. Mientras en otras partes del mundo se vive la fiesta con entusiasmo y libertad, aquí la Navidad se celebra de forma contenida, casi en silencio», explica el religioso.
Pero, a pesar de todo y aunque pueda parecer lo contrario, la alegría sigue viva, aunque se expresa con cautela.
El fin de año también se festeja, aunque con restricciones. En Borno, por ejemplo, los actos son mínimos y se recomienda realizarlos temprano. En otros estados como Adamawa, las celebraciones pueden ser algo más abiertas, aunque siempre bajo vigilancia.
Entre la responsabilidad y la esperanza
A nivel personal, el padre Fidelis reconoce que esta época es especialmente exigente. Es un «sentimiento mixto», afirma. Por un lado, como sacerdote, debe transmitir esperanza y la alegría propia de la Navidad. Y por otro, comparte el miedo, la ansiedad y las privaciones de su comunidad.
La labor del padre Joseph en esta fechas no se limita al acompañamiento espiritual, también trabaja en coordinación con las autoridades y las fuerzas de seguridad locales para garantizar la protección de los lugares de culto y prevenir posibles ataques. «Porque la amenaza no se limita al norte», advierte. Los grupos armados son móviles e impredecibles, lo que obliga a mantener una vigilancia constante en todo el territorio.
«Sentimos que no estamos solos»
El padre Fidelis agradece el creciente interés internacional por la situación de los cristianos en Nigeria. «Sentimos que no estamos solos», afirma. Y, como Nigeria no es el único país marcado por la violencia, manifiesta un deseo universal: que todos los pueblos puedan vivir en paz, con su dignidad respetada.
“Nuestra fe no nos abandona ni siquiera en estos tiempos oscuros y terribles” y esa certeza es la que sostiene su trabajo cada día.