Uno puede cruzarse con un artista como This Is Lorelei y creer que está ante un descubrimiento, un nombre nuevo cuyo hallazgo otros sabrán agradecer. La realidad suele ser distinta: casi siempre llegamos tarde, y conviene asumirlo con cierta humildad. “Holo Boy”, la última entrega del proyecto en solitario de Nate Amos –miembro de Water From Your Eyes junto con Rachel Brown y del dúo My Idea con Lily Konisberg (Palberta)–, reactiva precisamente esa percepción engañosa: la de estar asistiendo a un punto de partida.
Lo cierto es que Amos llevaba años trabajando en solitario, dando salida a EPs –algunos de ellos numerados de forma consecutiva– y a discos autoeditados, mucho antes de que el sello Double Double Whammy lo encuadrara en un marco más visible con “Box For Buddy, Box For Star” (2024). En este álbum, el indie rock de pulso kraut se cruzaba con el synthpop de Vocoder, su espectro se desplegaba desde un country más recluido hasta una indietrónica cercana a The Postal Service. Por cierto, dentro de esa primera serie, resulta especialmente recomendable detenerse en “EP #19” y “EP #21”, ambos de 2021.
“Holo Boy” llega después, y no para presentar a nadie, sino para ordenar y volver a examinar un repertorio previo. Es solo una porción visible del vasto iceberg de publicaciones del músico estadounidense. Regrabaciones de material, abordadas con una energía más firme y, a menudo, sorprendentemente luminosa. Todo aparece aquí concentrado, en ese punto donde se entiende que el supuesto descubrimiento no era tal, sino una llegada tardía a algo que llevaba tiempo ocurriendo, y ocurriendo maravillosamente.
El arranque llega con el tema “I Can’t Fall”, donde asoma un registro vocal más bajo, salpicado de falsetes y sostenido por un tempo balanceado con cierto swing y una orquestación emocional mínima. El yo que canta comparte unos pocos días –o noches– con alguien que viene de fuera y que pronto tendrá que subirse a un avión rumbo a California. Más adelante aparece “Name The Band”, interpretado con una urgencia casi nerviosa. Irradia claridad: guitarras vivas, estribillos brillantes y una frescura contagiosa. El fraseo, más cercano al habla que al canto melódico, refuerza el groove y desplaza el peso hacia el ritmo. Ahí cobran especial sentido líneas como “How could it collapse like that? I don’t wanna mess you up like that”, donde Amos contempla a alguien que ya llega tocado, sin comprender del todo cómo se ha alcanzado ese punto y con la certeza de avanzar con cautela.
En “This Is A Joke” emerge un gesto casi caricaturesco, con un punto de exceso, que convive con frases como “I wonder if my brother thinks I’m good or if I’m too far gone”, donde se filtra una inseguridad muy concreta. De ahí brota también una nostalgia por gestos mínimos que parecían irrelevantes y que, observados a distancia, adquieren un peso inesperado. La pieza que da título al disco, “Holo Boy”, introduce un leve desajuste. Se mueve entre un folk-punk emocional y un pop deforme y romántico, con una épica doméstica registrada como entre cuatro paredes, atravesada por guitarras cargadas de fuzz –familiares para quienes lo hayan visto en directo en Water From Your Eyes– y un twang sintetizado que reaparece a lo largo del desarrollo. Aquí se habla de fragilidad y de acompañamiento, de un vínculo que se ampara en un entorno inestable.
“Holo Boy” se confirma, así, como un ciclo de composición directa y muy disfrutable dentro del universo de This Is Lorelei. A lo largo del recorrido no es de extrañar que nos acordemos de bandas como Death Cab For Cutie, Wilco, Beck o Teenage Fanclub. Tal es así, que la mejor manera de acercarse a esta entrega pasa por esquivar la tentación ingenua del descubrimiento y permitirse, en cambio, la sensación –provisional, discutible, incluso ligeramente exagerada– de estar ante canciones que condensan con acierto todo un código compartido con los grandes. Adoptemos a este excéntrico aplicado: inquieto, sí, pero plenamente funcional. ∎