La brecha de género en las pensiones en España supera el 29%, cerca de 6 puntos porcentuales por encima de la media de la OCDE

La brecha de género en las pensiones no es fruto de la casualidad. Es la consecuencia directa de un mercado laboral y un entorno social que históricamente ha relegado a las mujeres a un segundo plano.

Las jornadas parciales, la precariedad laboral y la ausencia de medidas efectivas para facilitar la conciliación y la corresponsabilidad son los principales factores que explican que las mujeres en España cobren de media un 29% menos de pensión que los hombres.

La brecha de género en las pensiones en la OCDE ha pasado de un 28% en 2007 a un 23% en 2024, lo cual se traduce en que, en promedio, por cada euro que recibe un hombre en un país de la OCDE, una mujer recibe solo 0,77 euros.

Carreras laborales más cortas y más precarias

Esta brecha en las pensiones tiene su origen en los menores ingresos que perciben las mujeres a lo largo de su vida laboral. El motivo principal es que su trayectoria profesional es más corta: mientras las mujeres cotizan una media de 34 años, los hombres lo hacen durante 40 años, seis años más.

Aunado a ello, las mujeres trabajan formalmente, 5,1 horas menos de media, lo cual nos ayuda a comprender por qué perciben menores ingresos. Al momento de acceder a la jubilación, sus cotizaciones son menores y, por tanto, acceden a una menor pensión.

Las causas principales de esta brecha en las pensiones son tres: el menor acceso de las mujeres al empleo, menos horas trabajadas a lo largo de su vida laboral y la brecha salarial por hora. Estos tres factores demuestran que la diferencia en las pensiones no es casualidad, sino que es el resultado de un mercado laboral que ofrece peores condiciones laborales a las mujeres. A esto se suma la carga de cuidados que recae mayoritariamente sobre ellas, lo que se traduce en menores ingresos a pesar de realizar una doble jornada: la profesional y la familiar.

Por tanto, combatir a la brecha de género en las pensiones se convierte en un gran desafío, en un contexto de envejecimiento poblacional y menos personas en edad de trabajar. Como regla general, la edad de jubilación en países de la OCDE se incrementará, llegando en promedio a los 66,4 años. Además, se estima que en 2050 la población de más de 65 años por cada 100 personas de entre 20 y 54 años llegará al 52%. Esta situación de envejecimiento impacta directamente en la disminución de población en edad laboral, la cual en la OCDE se estima disminuirá en un 13% durante las próximas cuatro décadas y en más del 30% en España.

Brechas de género en pensiones diferenciadas en España

En 2024, la brecha de género en las pensiones alcanzó el 32% en España según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, lo cual significa que mientras la pensión media de las mujeres alcanzaba los 1.026,5 euros mensuales, la de los hombres llegó a 1.510,3 euros. Las mayores diferencias se encuentran en las pensiones de jubilación en las que se alcanzó la brecha de género del 31,1% y la pensión por incapacidad permanente, en la que la brecha de género fue del 13%.

La pensión por viudedad resulta de gran relevancia para equilibrar los ingresos de las mujeres, ya que ellas representan el 91% de las personas beneficiarias y la brecha de género (48,8%) en este tipo de pensión juega a favor de las mujeres. Sin embargo, no debemos perder de vista que esta pensión se calcula tomando como referencia la base reguladora de la persona fallecida, que en la mayoría de los casos se trata de un hombre. Por tanto, hablamos de una prestación que no refleja la trayectoria laboral de una mujer propiamente dicha, ya que muchas de las beneficiarias de este tipo de prestaciones tienen trayectorias laborales irregulares y no alcanzan por si mismas el acceso a una pensión por jubilación.

Desde USO reconocemos los esfuerzos realizados en los últimos años para reducir la brecha de género en las pensiones, como el complemento específico introducido en 2021. Sin embargo, estas medidas resultan insuficientes.

Aunque las cifras muestran avances, estos son todavía discretos. Si queremos combatir realmente las brechas de género, no basta con soluciones puntuales que únicamente beneficien a quienes acceden hoy a las pensiones.

Necesitamos medidas integrales que transformen el mercado laboral de raíz: acabar con la precariedad, la parcialidad forzosa y la infravaloración del trabajo de las mujeres. Es el momento de materializar una auténtica igualdad salarial. Solo así conseguiremos pensiones dignas e igualitarias para las mujeres.