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Los datos hablan por sí solos: la esperanza de vida en España ha superado los 84 años y en algunos países supera los 85 años. Los expertos llevan tiempo estudiando casos como el de María Branyas, que vivió 117 años, para identificar los patrones de una vida más longeva y saludable.
Los pequeños fallos en las células que provocan el envejecimiento cada vez son más posibles de combatir a través de la medicina. Por ejemplo, un estudio publicado en 2025 sobre la evolución de la reorganización cerebral identificó cinco fases críticas: una infancia más estimulada hasta los 9 años; una eficiencia cerebral que se desarrolla hasta casi los 30; una adultez muy diversa hasta los 65 y una vejez activa que puede prolongarse hasta los 80 cuando se desarrolla de manera avanzada.

Esto conlleva cambios en los hábitos de las personas, tanto en el mercado laboral como en la vida cotidiana. Aunque cada individuo es un caso diferente, existe un consenso científico sobre tres prácticas infalibles. Antonio Fernando Murillo Cancho, doctor en ciencias médicas y profesor de la Universidad de Almería, se basa en diferentes estudios y explica cuáles son las tres claves en un artículo publicado en The Conversation.
Las 3 claves de la longevidad, según la ciencia
En primer lugar, se refiere a una reducción calórica. Los alimentos azucarados (refrescos, galletas, harinas refinadas) empeoran la glucosa, los alimentos con mucho sodio (embutidos, comida rápida, snacks) aumentan la presión arterial y los de altas calorías (helados, ultraprocesados, patatas fritas) favorecen la grasa abdominal. A nivel celular, provocan inflamación y dañan tejidos, por lo tanto, el metabolismo requiere una ingesta moderada.
Algunos estudios postulan que no es necesario un ayuno estricto, sino una ingesta en menor tiempo. Muchas personas han modificado su metabolismo al dejar transcurrir al menos 14 horas entre la cena y el desayuno. Esto, que en los últimos años se ha popularizado bajo el nombre de ayuno intermitente, favorece el descanso nocturno. “Al parecer, el cuerpo interpreta esa pausa como un reinicio suave; si la cena es especialmente ligera, el efecto se potencia”, afirma Murillo Cancho.

La segunda clave es el ejercicio. Cuando los músculos se activan, las células reciben un tratamiento antiinflamatorio. Esto no es una novedad: hace unas semanas, el catedrático e investigador de la Universidad Europea, Alejandro Lucía, documentó cómo el entrenamiento reduce el riesgo de cáncer que, al fin y al cabo, es el crecimiento de células dañadas en el organismo que esquivan al sistema inmune. “No es preciso correr una maratón: basta con constancia y un plan sencillo”, dice Murillo Cancho. El ejercicio recomendado varía según la persona, la edad y sus hábitos, pero siempre es importante practicarlo.

Por último, la tercera clave infalible es dormir bien y a horas regulares. Aunque los científicos todavía no consiguen explicar el fin último del sueño, está comprobado que el descanso activa el sistema linfático para drenar los desechos del cerebro y ocurre un proceso de reparación nocturna.
El paso de los años es imposible de detener por cuestiones físicas fundamentales propias del universo, pero con numerosos estudios la ciencia está identificando cómo reducir su impacto en nuestro organismo. A cualquier edad y en cualquier momento, se pueden aplicar tres claves infalibles: reducir las calorías, hacer ejercicio y dormir bien.