Desde hace meses un proyecto del escultor ceutí Ginés Serrán en el Puerto de Málaga ha levantado las cejas de la comunidad artística. Se trata de un conjunto escultórico gigantesco, formado, entre otras, por dos figuras de Neptuno (dos toneladas de peso y ocho metros de altura) y una Venus (algo más de una tonelada y seis metros), además de dos leones, que se colocarán en el acceso por la plaza de la Marina.
La obra, cedida por su autor, no ha gustado a la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, que asegura que su disposición en la «fachada que abre el Puerto urbanística y simbólicamente a la ciudad consagraría una nueva y muy discutible configuración estética para el Puerto de Málaga, que lo aproximaría más a un parque de atracciones que a un recinto de la trascendencia histórica y cultural que el mismo supone secularmente para la ciudad».
En un comunicado dirigido a los medios de comunicación y firmado por su presidenta, la catedrática e historiadora del Arte Rosario Camacho, San Telmo, que recuerda sus atribuciones en materia de supervisión, defensa y preservación del patrimonio histórico-artístico y cultural, destaca, asimismo, que la voluminosa presencia de las figuras de Serrán, «que aquí adquieren un protagonismo innecesario y limitan los accesos», «tampoco deja ver lo que es todo un símbolo de la ciudad y del puerto y que está colocado detrás de la pretendida ubicación: el relieve de San Ciriaco y Santa Paula, los Urbis Tutelares, que conmemora y señala el comienzo de las obras del puerto en 1588 en tiempos del rey Felipe II, y su consolidación tras la visita de Felipe IV en 1622″.
Estética
La Academia tampoco comulga con la estética de las obras de Ginés Serrán para el Puerto de Málaga: «Se nos revela más que dudosa para un proyecto escultórico con dimensión urbana como éste, al asumir como distintivo visual un pseudo-neoclasicismo pretencioso y grandilocuente, de inequívoco enganche kitsch, más propio (aunque totalmente adecuado y pertinente para el mismo) del cómic de superhéroes y superheroínas surgido del universo Marvel que de una sincera recuperación del clasicismo desde la óptica contemporánea». Además plantea dudas sobre «las vías procedimentales seguidas por el autor en su ejecución».
«Cuando el puerto está en la ciudad, es ciudad misma, como ocurre en Málaga ¿hasta qué punto puede la autonomía administrativa de la Autoridad Portuaria alterar la imagen urbana de un paisaje plenamente consolidado? Antes de una intervención como la que se pretende, ha de oírse a la sociedad y a sus instituciones especializadas, y no irrumpir inopinadamente en el paisaje de la ciudad, alterándolo, descomponiéndolo sin respeto alguno a su historia y a una tradición de siglos, que queda así hecha añicos por una más que dudosa modernidad», reflexiona Camacho desde San Telmo.