Establecer analogías entre el tiempo en el que se ubicaron películas clave del fantástico y la ciencia ficción y la realidad de ese tiempo, cuando llega, resulta un ejercicio atractivo y productivo. ¿Cómo era el mundo imaginado por Stanley Kubrick en 1968 en ‘2001, una odisea del espacio’ y que enseñanzas podíamos recoger justo el año en que acontecieron los atentados terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York? En 2019, ¿qué aspectos tecnológicos y de relaciones sociales se desprendían del visionado de ‘Blade runner’, filme rodado por Ridley Scott en 1982 y ambientado en ese 2019? Cuando Michael Radford realizó en 1984 la película ‘1984’, según la obra distópica de George Orwell, el Gran Hermano preconizado por el escritor socialista era ya una inquietante realidad.
‘Metrópolis’ (1927) es una de las películas más importantes del cine mudo, de la cinematografía alemana en general, del expresionismo en particular y de su director, Fritz Lang, quien tras la llegada del nazismo se instaló en Estados Unidos. Allí realizó filmes importantes –‘Furia’, ‘Los sobornados’, ‘Más allá de la duda’–, tanto o más de los que rodó en su país natal, algunos de ellos planteados como metáforas del germen del nacionalsocialismo, como ‘El doctor Mabuse’, ‘M’ y ‘El testamento del doctor Mabuse’.
Hasta la aparición de ‘Blade runner’, la película de ciencia ficción más influyente desde la perspectiva arquitectónica seguía siendo ‘Metrópolis’. Es decir, durante cinco décadas y media, el filme de Lang había marcado la pauta en cuanto a la definición de las ciudades y sociedades del futuro, tanto en el terreno de la estética como en el de la ética. El próximo año celebraremos el centenario de su estreno, pero hoy debemos tener en cuenta algunas de las cosas que profetizó, ya que la acción acontece en este 2026 que inicia su andadura.
La novela ‘Metrópolis’ se publicó en 1925, cuando la escritura del guion ya había concluido. Su autora es Thea von Harbou, esposa y colaboradora de Lang. Juntos escribieron ‘Las tres luces’, ‘El doctor Mabuse’, ‘Los nibelungos’, ‘Los espías’, ‘Una mujer en la luna’, ‘M’ y ‘El testamento del doctor Mabuse’. Lang se fue primero a Francia y después a Estados Unidos cuando Hitler alcanzó el poder. Von Harbou prefirió quedarse en Alemania sirviendo a la causa del nazismo.
Lang, el director de fotografía Karl Freund (otro más de los que emigraron a Hollywood a principios de los años 30, donde dirigió las cintas de terror ‘La momia’ y ‘Las manos de Orlac’) y sus directores artísticos (Otto Hunte, Karl Vollbrecht y Erich Kettelhut), concibieron una ciudad futura con sofisticados rascacielos e infraestructuras, trenes alzados y coches revoloteando en el espacio. ‘Blade runner’ heredaría parte de estos conceptos, así como ‘El quinto elemento’ de Luc Besson y otras producciones futuristas. Algunas de las ideas imaginadas en el filme se han cumplido.
La división social de clases que proponía la historia no es muy distinta de la actual, aunque Lang propició un acercamiento inocente entre el trabajador y la burguesía. “Los obreros viven 10 pisos bajo tierra y el amo vive arriba: todo era muy simbólico. Pero no se puede hacer una película social en la que se dice que el intermediario entre la mano y el cerebro es el corazón. Quiero decir que es claramente un cuento de hadas”, le dijo Lang a Peter Bogdanovich.
Qué el hijo de quien gobierna la ciudad se enamore de una heroína de la clase trabajadora posibilita el acercamiento entre clases, tras la peripecia en la que la joven es reconvertida en un robot –la célebre María, motivo de uno de los galardones honoríficos que se entregan en el festival de Sitges– por parte de un ‘mad doctor’ que quiere alterar aún más el frágil ecosistema social. La parte relacionada con la máquina, tan presente hoy en día a partir de conceptos como el CGI cinematográfico o la IA, es lo que realmente interesó más al director. Y vista hoy, la película procura una utilización perversa de la máquina no muy alejada de ciertos comportamientos.
De ‘Metrópolis’ se conservan varias versiones procedentes de archivos y filmotecas diversas. A lo largo de la historia ha sido restaurada y presentada con músicas variopintas; por ejemplo, una versión de 1984 con banda sonora ultra-pop orquestada por Giorgio Moroder y canciones de Freddie Mercury, Pat Benatar, Bonnie Tyler y Adam Ant, y otra de 2000 con ‘score’ electrónico de Jeff Mills, que se proyectó en el festival Sónar de aquel año.
Fue una de las mayores apuestas del cine de la UFA, la gran productora que regía el destino del cine alemán. Costó dos millones de marcos de la época –cerca de seis millones de euros en la actualidad– y se rodó entre mayo de 1925 y finales de octubre del siguiente año, durante 310 días y 60 noches.
Una barbaridad. Su presentación oficial fue en Berlín el 10 de enero de 1927. El 6 de marzo llegó a Nueva York en lo que era una especie de cuadratura del círculo, ya que la estética urbana concebida por Lang para su filme se inspiró en la visión que tuvo años antes del ‘skyline’ de Nueva York al llegar en barco al puerto de la ciudad estadounidense. En Barcelona se estrenó el 9 de mayo de aquel año. Era la película preferida de Luis Buñuel y una de las pocas encuadrada en el programa Memoria del Mundo de la Unesco.
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