Alberto Nuñez Feijóo es diputado y, por tanto, aforado. No tenía poder para adoptar medidas sobre la dana el 29 de octubre de 2025. Carecía de responsabilidad sobre los hechos acaecidos. Y no está imputado. Sus mensajes por Whatsapp con Carlos Mazón, presidente de la Generalitat, y como tal, la más alta autoridad durante la actuación en la dana, que tampoco está imputado, son privados, y están amparados por el secreto de las comunicaciones (artículo 18 de la Constitución). La relación de Feijóo con Mazón es la de un jefe político con un miembro de su equipo y partido en un momento crítico.
Nuñez Feijóo alardeó el 31 de octubre, dos días después de la catástrofe del 29-O, que Mazón le había informado en tiempo real sobre los acontecimientos. Por la boca, se dice, muere el pez.
Como la investigación penal intenta establecer si en una catástrofe de 230 muertos hubo conductas negligentes y Mazón desapareció de lo que podríamos llamar la escena del crimen hasta su entrada a las 20:20 en el CECOPI (Centro de Coordinación Opetativa Integrada), que centralizaba la actuación de emergencia durante las fuertes lluvias y desbordamientos, la jueza de Catarroja citó como testigo a Feijóo -habida cuenta de sus manifestaciones del 29 de octubre- y le solicitó que entregase “voluntariamente” los mensajes intercambiados con Mazón.
Feijóo entregó solo aquellos que le había enviado Mazón, pero se guardó de aportar los suyos. La juez le pidió, más tarde, si podía aportar también los suyos a Mazón, cosa que, en efecto, hizo antes de prestar declaración el pasado, 9 de enero.
Secreto de las comunicaciones
La petición de la jueza Ruiz Tobarra incursionaba en un terreno delicado. Porque impera el secreto de las comunicaciones y porque ni Mazón ni Feijóo están siendo investigados, lo que va en contra de levantar ese secreto, que sí puede conseguirse con razonamiento meticuloso sobre por qué es imprescindible para la investigación.
Pero a la luz de lo que ha pasado con el caso del fiscal general del Estado, García Ortíz, España ha entrado en una etapa en la que se ha normalizado la suspensión de facto del secreto de las comunicaciones.
La petición de entrega “voluntaria” suponía hacer a Feijóo una oferta que difícilmente el líder del PP podía rechazar. ¿Por qué? Muy sencillo: si él reivindicaba el secreto quedaría como un testigo que no cooperaba con la justicia. O, para más inri, que ocultaba algo. Es decir: había algo así como una sutil coacción.
Pero el intercambio de mensajes está ahora en la causa -y en manos del público- y Feijóo ha prestado declaración. No tiene consecuencia penal, es cierto. Pero es un escáner de la política del PP un día clave, el 29 de octubre.
La gestión de la dana
Y resulta que ahora a la impostura de los mensajes de Mazón -que, insistimos, se escaqueó de dirigir los acontecimientos- podemos unir lo que podríamos llamar la indolencia y el sentido calculador de Feijóo.
De lo primero da fe la secuencia de los mensajes. Mazón le dice a las 21:45: “Estamos desbordados no sabemos lo que está pasando realmente pero nos llegan decenas de desaparecidos y no puedo confirmarlo».
Es un SOS ¿o cómo llamarlo? ¿Qué atención presta Feijóo? (insistimos que no está en su poder tomar medidas). Como está en una gala en el Teatro Real de Madrid de entrega de premios a periodistas, no contesta el mensaje ni con una llamada ni con un mensaje. Será más de dos horas y cuarto después, a las 23:21, que responde con este mensaje: “Dicen que el Gobierno os ha llamado. Espero que sea así y os esté prestando ayuda suficiente”. Mazón contesta que sí, que ha hablado con Sánchez y otros ministros y que la Unión Militar de Emergencias (UME) está actuando.
Y cabe recordar que el PP ha atacado al Gobierno precisamente porque la UME, sostenían, no estaba, por así decir, a bordo de la operación de salvamento cuando debía.
Feijóo tras prestar declaración se quejó de que el Gobierno no le mantuvo informado. Pero si él estaba (teóricamente) en comunicación directa con Mazón, ¿qué sentido tiene esa acusación?
Contra Zapatero
El estriptis de Feijóo no se ha limitado estos días a la dana del 29 de octubre de 2025. Ha anunciado que habrá un “cambio político” en 2026, y que “la agenda judicial está todavía más dura de lo que conocemos”, al tiempo que ha vaticinado, después de dirigir varios ataques contra él y amenazar con citarle a declarar en el Senado, que el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero sería imputado por el rescate de la aerolínea Plus Ultra.
Es curioso: a Zapatero se le han abierto, una semana más tarde del vaticinio de Feijóo, diligencias previas por parte del juez Antonio Piña, titular del juzgado de instrucción número 6 de la Audiencia Nacional. Pero, atención, no por Plus Ultra sino por una querella de la asociación ultraderechista Hazte Oír, por presuntos delitos de tráfico de drogas, blanqueo de capitales y organización criminal.
¿Cabría esperar, por tanto, una nueva querella contra Zapatero, o varias, de modo que irían al despacho del juez Piña por ser el primero en abrir diligencias?
Fuentes judiciales consultadas señalan que la Fiscalía de la Audiencia Nacional informará contra la admisión a trámite de la querella de Hazte Oir. Pero habrá que ver qué pasa con la primicia de Feijóo sobre Plus Ultra.
Y si Trump ha hecho su estriptis en Venezuela, Groenlandia y el mundo, no ha sido menos sugerente el de Feijóo al apoyar el ataque de EEUU del 3 de enero con la consecuencia de 132 muertos en Caracas para capturar a Venezuela, perdón, a Nicolás Maduro y su esposa, que han redundado, de momento, en mantener el “madurismo, sin Maduro”.
Suscríbete para seguir leyendo