Estrenamos el 2026 con una nueva conversación en profundidad. El presidente andaluz analiza lo que está ocurriendo estas semanas en la política global: «Desde Andalucía observamos, a veces con sorpresa y otras con inquietud» la dinámica de la política internacional y a «una Unión Europea que no siempre muestra la fortaleza o el papel global que le corresponde como espacio económico, histórico y social«. Es también copresidente del Comité de las Regiones de la Unión Europea esta legislatura y comparte desde el Palacio de San Telmo, en Sevilla, su visión de España y el mundo.

«Europa es también de las ciudades y las regiones«, advierte, y anticipa el riesgo de «una deriva recentralizadora» de la Unión en la «que los Estados miembros diseñen y ejecuten los fondos europeos relegando a regiones y ciudades». En el terreno económico, Moreno Bonilla destaca que «Andalucía está creciendo en industria por encima de la media, y hemos atraído inversiones muy importantes en pocos años, en gran parte por energía limpia y barata. Tenemos trescientos días de sol, liderazgo en fotovoltaica» y una oportunidad para competir «frente a Portugal —que es más ágil en licencias— y Marruecos, que está desarrollando una red potente y compite con precios muy bajos».

En el terreno de la política española advierte que «algún día Vox también tendrá que asumir responsabilidades: no basta con señalar problemas; gobernar implica dar la cara y rendir cuentas«. En relación al debate territorial destaca «que quede claro que a mí me interesa que a Catalunya le vaya bien, por vínculos sociales y económicos: si Catalunya va bien, Andalucía vende más, y al revés. Nos interesa que todos avancemos«. Y concluye en el terreno de la política nacional que «España necesita al PSOE» pero «no un PSOE instalado en las trincheras«.
 

Moreno Bonilla se dirige a López Plana. Foto: Agenda Pública / Maya Balanyà

¿Cómo ve el presidente de Andalucía el mundo de hoy? Es una persona muy activa en la política europea y hemos vivido unos días muy intensos…
Vemos la política internacional con preocupación. Estamos ante un cambio de orden mundial, el que nació tras la Segunda Guerra Mundial con Naciones Unidas y un marco basado en el respeto mutuo, la soberanía y unas reglas comunes. En la última década han crecido fenómenos populistas y extremos en países muy influyentes, que alteran ese orden.
¿Consecuencia? La pérdida de principios y reglas del juego que sostienen la paz y el progreso. Desde Andalucía observamos, a veces con sorpresa y otras con inquietud, estos cambios, y también una Unión Europea que no siempre muestra la fortaleza o el papel global que le corresponde como espacio económico, histórico y social.
¿Qué valoración hace de la propuesta de marco presupuestario de la Comisión Europea? 
La Unión Europea atraviesa dificultades en su posición en el mundo. Tenemos una amenaza clara por parte de Rusia tras la invasión de Ucrania, y también un enfriamiento de las relaciones transatlánticas con Estados Unidos. Todo eso ha empujado a Europa a reforzar su capacidad defensiva y, con ello, su soberanía: energética, tecnológica, cibernética y de seguridad en sentido amplio.

«El refuerzo de la capacidad defensiva de Europa no puede hacerse en detrimento de una pieza central de la arquitectura europea: las ciudades y las regiones»

 Ahora bien, ese refuerzo no puede hacerse en detrimento de una pieza central de la arquitectura europea: las ciudades y las regiones. Europa es también de las ciudades y las regiones. Somos quienes tenemos capilaridad y capacidad de trasladar a los ciudadanos el valor de la Unión y sus políticas.
¿Y qué papel considera que deben tener las regiones en la construcción de la Unión Europea?
En el debate presupuestario vemos dos riesgos. El primero es una deriva recentralizadora: que los Estados miembros diseñen y ejecuten los fondos europeos relegando a regiones y ciudades. Sería un paso atrás. Por eso, desde el Comité de las Regiones estamos frontalmente en contra. Confío en que haya rectificación, porque para países descentralizados como España no tendría sentido.
El segundo riesgo son los recortes en políticas clave para las regiones, como los fondos de cohesión o la política agraria común. Entendemos la necesidad de reforzar la seguridad europea, pero hay que buscar equilibrios.

 

Moreno Bonilla es copresidente del Comité de las Regiones de la Unión Europea. Foto: Agenda Pública / Maya Balanyà

 

¿Por qué es tan difícil que los dos grandes partidos —PP y PSOE— se pongan de acuerdo en cuestiones tan estratégicas como la construcción europea?
Hay un factor estructural: el sistema electoral. No favorece mayorías estables como ocurre en otros países con segunda vuelta o mecanismos que corrigen la fragmentación. Eso hace que, con el auge de fuerzas populistas, los partidos grandes dependan de partidos minoritarios y se tensen las relaciones entre PP y PSOE. Para mí, el primer gran acuerdo debería ser una reforma electoral que dé estabilidad y evite que fuerzas minoritarias condicionen el rumbo del país.

«La forma de hacer política del presidente Sánchez dificulta el entendimiento con el PP: no ha buscado puentes, sino la confrontación»

Y luego hay un factor político. La forma de hacer política del presidente Sánchez dificulta el entendimiento con el PP: no ha buscado puentes, sino la confrontación. Espero que en el futuro el PSOE recupere una línea más cercana a la socialdemocracia europea, más centrada y con más capacidad de acuerdos. España necesita al PSOE, pero un PSOE europeo y de centroizquierda, no un PSOE instalado en las trincheras.
Acabamos de vivir un ejemplo palmario de esa forma de hacer política del presidente del Gobierno, que negocia a solas con Oriol Junqueras un nuevo modelo de financiación para todas las comunidades autónomas. Y el resto de las comunidades autónomas nos enteramos por el señor Junqueras de que habrá propuesta de modelo de financiación. Esto no es serio pero, además, es desleal por parte de Sánchez.
Entonces, ¿no tendremos un nuevo sistema de financiación autonómica?
El Gobierno español lleva 8 años mareando con la financiación autonómica. Me llama la atención que ahora, a meses de unas elecciones en Andalucía, se anuncie un modelo: parece hecho con prisas y con interés electoral. Además, lo que hemos visto con una reunión bilateral en la Moncloa con el señor Junqueras no gusta al resto de comunidades, porque rompe la multilateralidad. Si se defiende la multilateralidad en el mundo, y en esto estoy de acuerdo con el gobierno de Pedro Sánchez: también hay que aplicarla dentro, en España.
No tiene sentido un trato excepcional a un socio parlamentario sin convocar antes el Consejo de Política Fiscal y Financiera ni informar al resto. Tal como ha empezado, mucho me temo que nace muerto.
¿Cuál sería su propuesta de un modelo de financiación?
La clave es un modelo que tenga como base la población, y Andalucía, que es la comunidad más poblada, admite que haya variables correctoras para territorios con dispersión, envejecimiento o baja densidad. Eso es ser solidarios con el resto de españoles, porque recuerdo que la hoy ministra, cuando era consejera de Hacienda de Andalucía, defendía el criterio de la población real y no el de la población ajustada. Es decir, no se comportaba de manera solidaria. Andalucía defiende un modelo principalmente por población: tenemos casi nueve millones de habitantes. Pero entendemos que para otras comunidades se necesitan ajustes. Estamos dispuestos a un modelo mixto, siempre que ninguna comunidad quede por debajo.

«Queremos sentarnos con un planteamiento claro: todas las comunidades tendrán que ceder en algo y, además, el Gobierno tendrá que poner más recursos»

El problema del modelo de 2009 fue que dejó a varias comunidades por debajo de la media desde el inicio: Murcia, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Andalucía. Ese diferencial se ha agrandado con el tiempo. Queremos sentarnos con un planteamiento claro: todas las comunidades tendrán que ceder en algo y, además, el Gobierno tendrá que poner más recursos, porque el modelo se ha quedado anticuado. Con el envejecimiento de la sociedad y más dependencia, sanidad y servicios sociales cuestan mucho más. No se puede contentar a todos con el mismo dinero. Necesitamos un modelo estable, de Estado, que no se cambie cada pocos años según convenga a los pactos del Gobierno de turno.
Y algo muy importante: todas las comunidades deben recibir el mismo dinero por habitante ajustado. Si no se garantiza eso, se rompe la igualdad entre españoles.
 

El presidente de Andalucía durante la conversación con ‘Agenda Pública’. Foto: Agenda Pública / Maya Balanyà

Usted probablemente seguirá siendo presidente de Andalucía tras las próximas elecciones autonómicas, y hay un escenario posible que es que el próximo presidente del Gobierno sea Alberto Núñez Feijóo. Pero Feijóo podría depender de Vox, igual que Pedro Sánchez depende ahora de otros apoyos. ¿Podríamos estar en una situación similar?
Deseo que el PP tenga una mayoría suficiente para gobernar, como hemos hecho en Andalucía. La inestabilidad no es buena: se nota cuando no hay presupuestos ni capacidad legislativa, y eso provoca carruseles electorales.
Si Vox puede condicionar después de las próximas elecciones generales, los acuerdos tendrían que limitarse a aquello en lo que hay coincidencia: una política para el conjunto del país y reformas económicas para mejorar competitividad. Luego habrá asuntos en los que no habrá acuerdo. Pero algún día Vox también tendrá que asumir responsabilidades: no basta con señalar problemas; gobernar implica dar la cara y rendir cuentas.
En todo caso, vuelvo a la idea de fondo: mientras no cambiemos el sistema electoral, será difícil tener mayorías estables. Ese gran acuerdo, que solo pueden hacer PP y PSOE, debería ser una reforma electoral. La fragmentación está bloqueando ayuntamientos, autonomías y, en general, la gobernabilidad.
Yo personalmente, como secretario de política local, en el año 2005-2006, trasladé al Partido Socialista la propuesta para hacer en el ámbito municipal un cambio en el modelo electoral, de manera que hubiera una prima cuando se pasara de un porcentaje de votos, como la tiene el modelo italiano o lo tiene Grecia. La idea era empezar por los ayuntamientos, llevarlo al ámbito autonómico y, finalmente, al ámbito nacional. El PSOE se negó. Y el problema es que mientras tengamos un sistema electoral como el que tenemos son muy difíciles las mayorías suficientes, mayorías absolutas. Y cada vez que nosotros dependemos de fuerzas políticas que son más pequeñas y más radicales, debilitamos la convivencia y debilitamos el marco común de acuerdo que deberíamos de tener entre las dos grandes fuerzas políticas. El primer gran acuerdo que deberíamos alcanzar en un futuro es un acuerdo de régimen electoral.
Se dice que los Next Generation han sido muy importantes para España y Andalucía, pero tienen un calendario final. ¿Se han aprovechado para hacer reformas?

Desde mi punto de vista, no. Hemos tenido que devolver fondos y la Unión Europea ha señalado falta de diligencia en la ejecución. Se han hecho cosas interesantes, pero no se ha aprovechado como se debía. Y, de nuevo, se partió de una base equivocada: el Estado concentró el control y dejó poco margen a las comunidades.

«Con un control centralizado, muchos fondos Next Generation se ejecutan tarde y con prisas. Y cuando se acaben, España puede pasarlo mal, porque esa inyección ha sostenido parte del crecimiento»

Habría sido más eficiente con una participación real de las comunidades autónomas, que llevan décadas ejecutando fondos europeos y conocen el tejido productivo. En Andalucía, parte del gasto no ha estado vinculado al modelo productivo ni a un salto en competitividad. Al final, con un control centralizado, muchos fondos se ejecutan tarde y con prisas. Y cuando se acaben, España puede pasarlo mal, porque esa inyección ha sostenido parte del crecimiento.

 

El editor y director de ‘Agenda Pública’, Marc López Plana, se despide del presidente andaluz. Foto: Agenda Pública / Maya Balanyà

 

¿Es así como lo ha vivido en Andalucía? ¿Ha ayudado la estabilidad?
Sí. Las empresas no quieren líos políticos: quieren seguridad y que no se les creen problemas. La estabilidad ayuda a planificar y ejecutar. Nosotros hemos simplificado trámites, reducido burocracia, bajado impuestos y reforzado la seguridad jurídica. Eso ha contribuido a récords de inversión extranjera, a liderar la creación de empleo interanual en términos absolutos y a aumentar la base empresarial. 
Andalucía ha avanzado en convergencia: los hogares han crecido un 30%. Hemos pasado a competir en exportación con comunidades como Cataluña y Madrid. Y que quede claro que a mí me interesa que a Cataluña le vaya bien, por vínculos sociales y económicos: si Cataluña va bien, Andalucía vende más, y al revés. Nos interesa que todos avancemos.
Y, por último, hablemos de industria y energías renovables. ¿Cómo puede Andalucía aprovechar mejor el sol y el viento para atraer empresas y contribuir al crecimiento?
Andalucía está creciendo en industria por encima de la media, y hemos atraído inversiones muy importantes en pocos años, en gran parte por energía limpia y barata. Tenemos trescientos días de sol, liderazgo en fotovoltaica y buen recurso eólico en zonas como el mar de Alborán o el Campo de Gibraltar. Además, el hidrógeno verde abre una oportunidad relevante, con proyectos ya en marcha y grandes inversiones.

«España tiene una oportunidad histórica de reindustrialización gracias a las renovables, pero necesita una red acorde»

El cuello de botella es la red eléctrica. Producimos energía, pero no siempre podemos evacuarla. Red Eléctrica no ha acompasado inversión y crecimiento. Creemos que necesita un cambio para ser más eficiente y que no sea un instrumento político. Andalucía ha recibido un porcentaje muy bajo de nuevas inversiones, pese a ser potencia energética, y eso frena proyectos industriales, especialmente en zonas con gran potencial.
España tiene una oportunidad histórica de reindustrialización gracias a las renovables, pero necesita una red acorde. Si no, perderemos competitividad frente a Portugal —que es más ágil en licencias— y Marruecos, que está desarrollando una red potente y compite con precios muy bajos. En esto, o nos ponemos las pilas o tendremos un problema.
Muchas gracias, presidente.