Especial Navidad: Suscríbete hoy a National Geographic por solo 1€/mes. ¡Última oportunidad al -75%!
¡NOVEDAD! Ya disponible la edición especial El cerebro infantil de la colección Los Secretos del Cerebro de National Geographic.
Con más de 170 publicaciones científicas a lo largo de su trayectoria, el neurólogo Conrado Estol es uno de los referentes en neurología en Latinoamérica. Su formación médica la realizó entre Argentina y Estados Unidos y ya en 1988 trató a uno de los primeros pacientes del mundo con drogas trombolíticas para tratar accidentes cerebrovasculares.
Además de dirigir el Centro Breyna, especializado en la prevención de la enfermedad vascular, y la clínica de longevidad Xtend Longevity, es uno de los divulgadores más reconocidos en la temática. En videollamada con National Geographic, reconoce que existe una cierta moda en los últimos años:

“Se habla mucho más de neurología por dos razones: primero, se han hechos grandes avances en enfermedades neurológicas. Antes se pensaba a los neurólogos como señores con barba y una pipa que miraban al paciente de forma pasiva y ahora hay tratamientos. Hace 20 años había cero tratamientos para el Alzheimer y ahora hay puertas abiertas. Lo mismo para la esclerosis múltiple o accidentes cerebrovasculares, que son la segunda causa de muerte en el mundo. La segunda razón es que ha desarrollado la neurociencia, que a todo el mundo apasiona porque ‘explica’ cómo actuamos nosotros”, explica.
Su último libro está basado en un estudio científico publicado por Lancet en 2006. Se trata del caso de Nando Parrado, uno de los supervivientes de la tragedia de los Andes en 1972.
“Todo surgió por escucharlo en una conferencia y pensé que esta persona tendría que estar muerta. Estaba en la última fila del avión partido: atrás de él no había nada y en su fila murieron todos, incluida su madre, su hermana y mejor amigo”, cuenta Estol.

Como si estuviera armando un rompecabezas, ató cabos: golpe en la cabeza cuando el avión impactó con la montaña, pérdida de conocimiento durante 72 horas y un inesperado despertar al tercer día.
National Geographic: ¿Ha sido un milagro?
Conrado Estol: «Algo así, por eso al libro lo llamo “El otro milagro”. Te explico la teoría: al golpearse la cabeza, se fractura el cráneo y eso actúa como descompresión. Con el golpe se inflama el cerebro, como puede suceder con el tobillo o en la cara. Mucha gente muere porque el cerebro cuando se inflama se encuentra con el hueso del cráneo, no puede salir hacia afuera y esa presión lastima centros vitales. Los amigos le decían que tenía la cabeza como un zapallo. Especulé con la fractura y al tocarle sentí una irregularidad en el lado derecho que era el cráneo fragmentado. Él dice que sentía fragmentos que se movían en la cabeza. Y tenía los ojos negros, como moretones, que son un clásico signo de fractura de cráneo. En 2008 lo comprobé con una tomografía computada.»
SIPA Press / Cordon Press
Con el cráneo fracturado y tras estar 72 horas en coma, Nando Parrado fue uno de los supervivientes de los Andes que caminó por la montaña hasta encontrar gente.
National Geographic: En el libro también cuenta que ha sido una ventaja que sus compañeros lo dieran por muerto.
Conrado Estol: «Al darlo por muerto lo dejaron en la entrada de del fuselaje sobre la nieve, donde estuvo expuesto a temperaturas bajo cero y la hipotermia protege al cerebro. El metabolismo, el requerimiento de oxígeno y de energía del cuerpo entero y del cerebro, baja. Entonces, consume menos oxígeno y puede vivir más tiempo. Hay un caso de un chiquito que estuvo 2 horas bajo el agua helada en Canadá y lo reviven porque la hipotermia protege las neuronas. Además, le restringieron el agua y eso fue bueno porque hidratarse contribuye a la hinchazón. Y, por último, al quedar en coma no estuvo excitado, como suele suceder tras un golpe, que provoca un mayor consumo de oxígeno. Por eso muchas veces a personas con un ACV los inducimos al coma para que esté sedada y consuma menos oxígeno. En conclusión, en 1972 antes de que se inventara la terapia intensiva de neurología, la naturaleza produjo una fractura que descomprimió el cerebro inflamado, causó hipotermia e hizo que sus órganos soportaran más tiempo, le quitó líquido y estuvo en coma para que el cuerpo no pidiera más oxígeno.»
Suena increíble. Lo escucho y pienso que el cuerpo está más preparado para sobrevivir de lo que uno mismo pensaría.
Conrado Estol: «Digamos que sí, pero también podemos agregar la parte mental. El chico de 20 años cree que es inmortal. Por eso los jóvenes hacen locuras. Y eso creo que ayuda. Si el avión tenía pasajeros comunes seguramente morían todos. Tenían que ser chicos con el propósito de vida y optimismo, que los llevó a tener energía durante 72 días en la cordillera.»

¿Hoy los jóvenes cuidan más la salud?
Conrado Estol: «En Estados Unidos, el segmento de la población que más invierte en salud son los centennials y millenials porque saben que van a vivir 99 años y no quieren estar como los que hoy tienen esa edad. Tienes que empezar a los 20, a los 30, a los 40. Nunca es tarde. Hay muchos estudios publicados de gente con más de 75 años que si hace lo que hay que hacer van a tener una mayor expectativa de vida y con más calidad.»
¿Qué hábitos encuentra en los pacientes que asisten a una clínica de longevidad?
Conrado Estol: «Yo confirmo lo que mostró en un estudio de Mayo Clinic: menos del 5% de las personas cumplen con hábitos de vida sana. Casi todas las personas tienen exceso de grasa desde severo hasta moderado. Un porcentaje altísimo de jóvenes tienen hipertensión arterial no diagnosticada. Una clínica de longevidad hoy en día es una medicina predictiva preventiva y de precisión. Uno quiere que el paciente no llegue a esas enfermedades que son las que matan a la gente.»
Hay un gran interés por la neurociencia y el sueño, ¿qué suele recomendar?
Conrado Estol: «Los seres humanos tenemos que dormir 7 horas. Ese parece ser el número mágico. Esto es un estudio del UK Biobank en un millón de personas. Menos aumenta la mortalidad. Dormimos 7 horas y soñamos el 25% del tiempo. Es muy reparador, procesa emociones y fija memorias. Fjate que los chimpancés duermen 10 horas y tienen un 5% de sueño REM. Se podría especular que nosotros hemos evolucionado con respecto a un chimpancé porque necesitamos dormir menos tiempo y tenemos más REM.»

¿Cómo es el sueño en la era moderna?
Conrado Estol: «En el siglo XVII en el Reino Unido, la gente se despertaba, se iba a dormir, se despertaba, leían, tenían intimidad, y se volvían a dormir. Internet está prendido las 24 horas por día. Tenemos que ver cómo hacemos para encajar la cantidad de actividades y la efectividad porque dormir no es negociable. Por otro lado, aparece la inteligencia artificial, que te hace más efectivo y creativo. Los cambios son muy rápidos. Hay que dormir antes de las 12 de la noche con oscuridad total. Hay estudios publicados en revistas científicas sobre la importancia de que no haya una mínima luz. La luz del router en el dormitorio que te ilumina en la noche aumenta el riesgo cardiovascular y de arritmias. Pueden ayudar los antifaces y las persianas blackout. También diría que es importante comer alejado de la hora de dormir, al estilo norteamericano. La comida debe ser liviana y cuidado con las bebidas: preferible nada con cafeína y mejor evitar las gaseosas y el alcohol. Después el ejercicio durante el día y la meditación ayudan a bajar el estrés, que todos tenemos algún grado”.»
¿Cómo es su rutina a los 65 años?
Conrado Estol: «Yo me levanto a las 6 de la mañana y a las 7 estoy en un gimnasio. Hago 35 minutos de pesas y aeróbico y después hago 30 minutos de piscina para aumentar el consumo de oxígeno, lo que se llama VO2 max. Paso toda la mañana en una terapia intensiva con pacientes con ACV y llego a la 1 de la tarde a mi centro médico, donde me quedo hasta las 7:30 u 8 de la noche. Los fines de semana mezclo tenis y bicicleta e hijos con escribir y preparar las conferencias, libros o artículos científicos.»