Sábado, 10 de enero 2026
| Actualizado 11/01/2026 07:35h.
Dicen de la Casa-Taller de Oteiza y Basterretxea que fue uno de los mejores ejemplos de Arquitectura Moderna del País Vasco y que sólo ese hecho le confiere un valor patrimonial. El colectivo CTOB (Casa Taller Oteiza Basterretxea) que reclama la rehabilitación del inmueble, añade otros méritos asociados al uso que los artistas le dieron durante sus años de vida y trabajo allí.
Uno de los fundadores de este grupo, el arquitecto donostiarra Emilio Varela, ha tenido interés en este edificio «desde siempre. A lo largo de los años he ido haciendo dibujos que por diferentes circunstancias han ido evolucionando. Para el libro ‘Animal Fronterizo’ que publicó Guillermo Zuaznabar pasé los dibujos a autocad y más adelante, cuando Jesús Mari Palacio se puso con el proyecto del documental ‘Casa Vacía’, los amplié y mejoré». Varela reflexiona que ha ocurrido que «a medida que la casa se ha ido deteriorando, los dibujos se han ido construyendo. Creo que ahora tiene que empezar a ser al revés, que la casa se vaya reconstruyendo y que esos dibujos vayan quedando en el olvido… Me gusta pensar en esos términos».
El caso es que en sus análisis sobre lo que es la casa taller, lo que fue cuando se construyó, incluso lo que se pretendió cuando se planteó, Varela sostiene una teoría bien argumentada que defiende una intención artística por parte de Oteiza y Basterretxea con la que comprometían al arquitecto del proyecto, Luis Vallet de Montano.
«Hay muchos detalles que inciden en la intención de hacer que el prisma blanco flote»
Varela considera que era algo que estaba «en el espíritu de los dos artistas, aunque luego vimos que fue Oteiza quien más desarrolló la idea». Comenta que ya se recoge la tesis en el libro Animal Fronterizo, «donde Zuaznabar apunta que toda la casa se pinto de gris, salvo el prisma horizontal, que se pinto de blanco. Parecía que hubiera una voluntad de desmaterializar la casa alrededor del prisma».
No es sólo la cuestión del color. «Hay detalles fundamentales en esa misma línea y en los que yo creo que tuvo mucho que ver la mano de Basterretxea aunque, insisto, luego fuera Oteiza el que siguió con la idea más allá de este proyecto y lo llevó a otros». Varela refiere, por ejemplo, «el biselado de los postes del pórtico del frente de la casa, los postes de la pimera línea. Se aprecia muy bien en los planos. Son postes que tienen una anchura de treinta centímetros». Ese tamaño posiblemente respondía a la exigencia técnica de los cálculos del arquitecto, pero no se ajustaba a la sensación de vuelo que los artistas querían para su prisma blanco. Así que los postes tienen un bisel hacia el frente, donde la anchura se reduce a 10 centímetros «para que casi acaben desmaterializados».
Otro elemento de la fachada principal que empuja en la idea de que el prisma flote es el vuelo sobre la estructura inferior. El cuerpo blanco (obviando los balcones) sobresale 10 centímetros sobre el bajo de color gris, alimentando la idea de la suspensión. «En esa dirección empuja el propio bajo, que en la idea original era un pórtico que atravesaba toda la casa y hacía respirar todo el edificio. Hay que pensar», subraya Varela, «cómo era la avenida Iparralde entences y que ese pórtico abierto conectaba visualmente el río Bidasoa con Jaizkibel, estaba integrado en su entorno».
También subraya la presencia del relieve realizado por Oteiza en el forjado superior de esa planta baja, «incidiendo en la idea de que eso también era una fachada del prisma». El arquitecto donostiarra advierte como «todos esos detalles inciden en esa intención de hacer que el prisma flote, que todo a su alrededor se desmaterialice».
Dos intentos más
«Me gustaría», dice Emilio Varela, «que en este momento fuéramos capaces de hacernos conscientes de cuál es la naturaleza de esta construcción. Porque puede ser cierto que dentro del movimiento moderno, a nivel general, no tenga la importancia de las casas de Le Corbusier, pero sí me parece muy interesante la intención artística. Creo que la idea de que estuvieran buscando hacer un prisma blanco flotante aporta a la casa-taller una dimensión espiritual, metafísica, muy potente».
Explica que Oteiza profundizó en la idea del prisma blanco suspendido en dos concursos arquitectónicos, en ambos casos con proyecciones más ambiciosas y en las que aspiraba a una concreción más evidente de su intención. Uno fue para el monumento a José Batlle y Ordóñez en Montevideo en 1959 y el otro para el cementerio de Ametzagaña, en Donostia, 1986. En ambos casos desarrolló literatura en torno a la propuesta conceptual y lo que buscaba expresar.
Finalmente ninguna de las dos ideas se materializó, por lo que el de la avenida Iparralde sigue siendo, pese a su actual estado, el edificio más cercano a la idea de Oteiza y Basterretxea de construir un prisma blanco en el aire.
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