¿Qué tienen en común la piel y el cerebro? A simple vista puede parecer que tan solo son órganos de nuestro cuerpo, sin embargo, comparten una relación muy importante para nuestro bienestar diario. Y esta comunicación no va en un solo sentido: lo que sentimos en la piel puede afectar nuestro estado de ánimo, y nuestras emociones a su vez cambian la manera en que percibimos el mundo a través del tacto.

Esa conexión entre la piel y el cerebro se nota en cosas muy sencillas de la vida diaria. Tocarnos, darnos un masaje, aplicar crema o simplemente acariciar nuestra propia piel puede parecer algo mínimo, pero en realidad tiene un efecto real sobre nuestro cuerpo y nuestra mente. Con gestos tan pequeños podemos relajarnos, dormir mejor y sentirnos más presentes en nuestro propio cuerpo.

La ciencia detrás del eje piel-cerebro

“Inspirar de forma lenta hace que tengamos más capacidad de memoria y exhalar de forma más larga que la inspiración nos produce una sensación de relajación”, comenzaba relatando la neurocientífica Nazareth Castellanos en su intervención en el programa ‘Saber Vivir’ de Televisión Española. Incorporar estos ejercicios de respiración en nuestra rutina diaria, aunque sea solo unos minutos, puede mejorar nuestra concentración, favorecer un sueño más reparador y contribuir a una mayor sensación de bienestar.

El periodista Jero Fernández pedía a la neurocientífica que hiciera hincapié en “otro hábito que recomiendas para cuidar y moldear el cerebro, el de acariciar la piel, que es el órgano más grande que tenemos en el cuerpo y que además está totalmente conectado con el cerebro”. “Sí, esto es el eje piel-cerebro. Una cosa es tocar y otra acariciar. Acariciar supone un movimiento que sea lento y suave”, comenzaba explicando Castellanos. 

“Cuando yo estoy haciéndolo, no solo se están activando en mí esas áreas del cerebro que están viendo las sensaciones que yo tengo en la mano, sino que cuando acariciamos sin darnos cuenta cada vez que mi corazón late, yo toco un poquito más, presiono un poquito más para sentirte mejor”, razonaba. Esa conexión no es solo física, sino emocional: cada gesto, cada ajuste de la presión o del ritmo, crea un pequeño puente invisible entre ambos, un lenguaje silencioso que se construye en el instante mismo de tocar y ser tocado.

Bienestar

Con gestos tan pequeños podemos relajarnos, dormir mejor y sentirnos más presentes en nuestro propio cuerpo.

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“Imagínate cuando hacemos esto sobre nosotros mismo, yo por ejemplo lo hago por la noche cuando te echas crema. Tocarte la cara, pero hacerlo de forma consciente es una experiencia que nos produce mucho bienestar”, sentencia la experta.

Este tipo de autocuidado no solo tiene efectos físicos, como mejorar la circulación o relajar la tensión muscular, sino que también influye positivamente en nuestro estado emocional, ayudándonos a reducir el estrés, a conectarnos con el presente y a cultivar una sensación de amor propio y autoaceptación.

La importancia de los masajes faciales

“El masaje facial es una técnica que combina movimientos suaves y presiones controladas en diferentes áreas del rostro. Esta práctica no solo tiene beneficios estéticos, sino que también puede ser una poderosa herramienta para liberar tensiones emocionales acumuladas”, expresan desde el blog Facial Yoga Plan.

Incorporar el masaje facial en tu rutina puede tener efectos positivos en la regulación de las emociones. Cuando dedicamos tiempo a cuidar nuestro rostro, también estamos fomentando el autocuidado y la autoestima.  “La conexión entre el cuerpo y la mente es fundamental en este tipo de masajes. Al trabajar sobre el rostro, se liberan endorfinas, las hormonas del bienestar, que ayudan a reducir el estrés y la ansiedad”, sentencian.