El Museo de Historia de Madrid se convierte esta temporada en un espacio de contemplación, gracias, entre otras exposiciones, a «Naturaleza de asfalto. Madrid hiperrealista», la obra monográfica que reúne óleos y esculturas de José Miguel Palacio. La muestra, comisariada y coordinada por Raquel Velázquez Rayón, jefa de la sección de Exposiciones del Museo, propone un recorrido por la capital desde una mirada tan precisa que, paradójicamente, transforma lo cotidiano en extraordinario.
El hiperrealismo urbano de José Miguel Palacio llega al Museo de Historia con 70 obras que recorren MadridAYUNTAMIENTO DE MADRIDEuropa Press
Hasta el 24 de mayo de 2026, la sala de exposiciones temporales del museo acoge una selección de obras que sitúan al espectador frente a un Madrid reconocible y, al mismo tiempo, sorprendente. «Hablar de hiperrealismo en Madrid cobra un sentido especial», explica Velázquez Rayón. «Es una ciudad vibrante, llena de vida y ritmo, que ofrece múltiples escenarios capaces de inspirar este movimiento artístico». La exposición no busca un Madrid monumental en el sentido clásico, sino una capital vivida, transitada, observada con mucha atención. Gran Vía, Paseo de la Castellana, parques, calles, mercados y escenas aparentemente banales (como un músico tocando la guitarra en el Parque del Retiro) se convierten en protagonistas absolutos. En ellos, José Miguel Palacio encuentra el pulso urbano que define a la ciudad contemporánea.
El hiperrealismo, movimiento caracterizado por la representación precisa y minuciosa de la realidad, alcanza un significado especial. Cada óleo es el resultado de un proceso técnico riguroso, donde la fidelidad a la imagen original no anula la emoción, sino que la potencia. «La realidad supera a la ficción», señala la coordinadora de la muestra. «En cada uno de los óleos observamos una minuciosidad abrumadora, cuidando cada detalle, textura y acabado». Esa obsesión por el detalle es un medio para provocar una experiencia sensorial en quien las mira. Ante las obras de Palacio, se busca que el espectador no solo vea Madrid sino que lo escuche, intuya, y casi lo respire. «Al situarnos delante de cada una de ellas sentimos el tren que llega, la melodía de la música callejera, el ajetreo de la calle», apunta Velázquez Rayón. «Es la faz de una urbe que se nos revela grandiosa».
Uno de los aciertos de «Naturaleza de asfalto» es el contraste que establece entre el bullicio representado y el silencio del espacio expositivo. Al cruzar el museo, el ruido de la capital se apaga, pero reaparece transformado en imagen. Esa paradoja de la ciudad más ruidosa contemplada desde la quietud permite una aproximación distinta a Madrid: «El pulso de la capital se transforma en silencio al entrar en el ámbito expositivo», explica la jefa de Exposiciones. «La precisión de las obras nos redescubre un Madrid que nos permite acercarnos a su esencia y sentir la ciudad más nuestra que nunca».
Fotografía y pintura
El proceso creativo de José Miguel Palacio parte de la fotografía, que utiliza como base para sus composiciones. Sin embargo, lejos de limitarse a una simple traslación mecánica, el artista somete la imagen fotográfica a un trabajo pictórico exhaustivo. «Las replica con un grado de exactitud y una fidelidad tal que las convierte en objeto de contemplación en sí mismas». Ese tránsito de la fotografía al óleo es clave para entender el impacto de la obra porque la pintura añade tiempo, capas y presencia material a una imagen originalmente instantánea. El resultado es una escena congelada que «concentra la vida».
El título de la exposición encierra una de las ideas fundamentales del proyecto. «Naturaleza de asfalto» aboga por que la naturaleza no desaparezca de la ciudad, sino que la transforme; se adapta, convive con el hormigón y el tráfico. «Va más allá de ser un simple título: es una declaración de intenciones, la síntesis perfecta entre la materia urbana, el devenir de nuestros días y la mirada artística». En este Madrid hiperrealista, la naturaleza se cuela en los parques, en la luz que se filtra entre los edificios, en los gestos humanos dentro de un paisaje urbano y la ciudad aparece así como un organismo vivo, en constante transformación.
La exposición resulta especialmente pertinente en un momento en que Madrid se redefine constantemente debido al crecimiento urbano, cambios sociales y nuevas formas de habitar la ciudad. Frente a esa velocidad, la obra de José Miguel Palacio propone una pausa: «Madrid tiene la extraordinaria capacidad de reinventarse cada día», considera Velázquez Rayón. «De revelarse distinta en cada esquina, en cada luz, en cada calle». Por ello, uno de los objetivos de la exposición es presentarla como una invitación a redescubrir la ciudad desde una mirada profunda, atenta a los matices, capaz de encontrar belleza donde a menudo solo vemos rutina.
Como resultado, el espectador se reconoce en las escenas, en los lugares, en los instantes suspendidos en el tiempo. «La precisión técnica nos lleva a una realidad que supera a la ficción porque , cuando se mira con tanta atención, lo real se vuelve casi irreal, cargado de significado».
La ciudad en la actualidad
El montaje expositivo refuerza esta experiencia de redescubrimiento. Las obras crean para el espectador un recorrido de la ciudad que acompaña al visitante por distintos espacios y atmósferas de la ciudad en busca de mostrar un un retrato coral de Madrid «con todas sus caras». La explicación es que cada sala funciona como una ventana abierta a un espacio urbano, y el conjunto construye una imagen compleja y muy contemporánea que nos hace sentir identificados. «Nos ayuda a descifrar una ciudad en permanente transformación», añade la entrevistada a LA RAZÓN.
Con todo ello, la exposición puede visitarse en la sala de exposiciones temporales del Museo de Historia de Madrid de martes a domingo, de 10:00 a 20:00 horas. Pero, más allá de fechas y horarios, la exposición se plantea como una experiencia imprescindible para quienes quieran mirar Madrid con otros ojos. Una invitación a detenerse, observar y descubrir que, incluso en el asfalto, late una forma de naturaleza que también es muy humana.