Más allá de sus rincones virales, Medellín guarda una esencia que va mucho más allá del postureo: es la tierra del café, de las flores y de una identidad paisa que se vive con orgullo y se transmite a través de sus tradiciones. En su recorrido por la ciudad, La vuelta al mundo en 80 Likes ofrece una mirada a ese Medellín que se cultiva, se celebra y se saborea.
Medellín con sabor a café y aroma a flores
Uno de los tesoros culturales más singulares es el de los silleteros, campesinos floricultores del corregimiento de Santa Elena. Aquí se conserva una de las tradiciones más arraigadas de Colombia: la elaboración artesanal de silletas florales, protagonistas de la famosa Feria de las Flores. Más que un desfile, es un homenaje a quienes, durante generaciones, han cargado en la espalda el peso —y el orgullo— de su tierra.
Una de las coloridas figuras elaboradas con flores que decoran Medellín durante la Feria de las Flores, un evento que celebra la identidad paisa RTVE
Las silletas nacieron como herramienta de transporte en zonas rurales: servían para cargar víveres, niños o enfermos por los caminos de montaña. Hoy, esas estructuras de madera se transforman en lienzos efímeros que combinan flores frescas con mensajes que hablan de identidad, memoria o incluso política. Algunas pesan más de 60 kilos y requieren semanas de preparación. Para los visitantes, participar en un taller o ver cómo se montan en vivo es una forma de conectar con una Medellín que florece todo el año.
El desfile de los ‘silleteros’, un espectáculo de color en ‘La Fiesta de las Flores’ de Medellín en Colombia
Tradición cafetera: el alma líquida de Colombia
Otro de los rituales más auténticos se encuentra entre los cafetales. En las afueras de Medellín, las fincas cafeteras abren sus puertas para ofrecer una experiencia completa: desde la recolección del grano maduro hasta la primera taza humeante. Los visitantes se visten con ruana y sombrero paisa, aprenden a identificar el café por su color, aroma y textura, y descubren que el café colombiano es mucho más que una bebida: es historia, es herencia, es paisaje.
Eva Rojas aprende a distinguir entre los métodos de beneficio del café: natural, honey y lavado, fundamentales en su sabor final. RTVE
Cristian, caficultor de cuarta generación, explica con pasión cómo se cultiva un buen café: “El secreto está en el cuidado, la altitud y el amor por la tierra”, dice. En su finca, todo se hace de forma artesanal. El café se despulpa a mano, se seca al sol y se tuesta en pequeños lotes. “Un buen café no necesita azúcar, y uno malo no la merece”, afirma con orgullo mientras sirve una taza recién preparada.
“El secreto está en el cuidado, la altitud y el amor por la tierra“
Estas experiencias no son solo actividades turísticas: son ventanas abiertas a la identidad paisa, a una Colombia rural que resiste y se reinventa, y a una Medellín que, lejos de las etiquetas, se descubre a través de sus aromas, sabores y raíces.
Visitar una finca silletera o un cafetal en Medellín no es solo hacer una foto bonita. Es una forma de entender un país, de escuchar su historia desde el terreno, de saborear su esencia. Y sí, también de llevarse a casa un recuerdo que huele a tierra húmeda y a flor recién cortada.
“Un buen café no necesita azúcar, y uno malo no la merece“