Descripción del proyecto por Héctor Navarro + arkhitekton
Situada en Sierra de Ibio, Cantabria, la vivienda se inserta en un pequeño núcleo que mantiene la estructura urbana y la coherencia del paisaje rural del lugar, aún ajeno a las transformaciones que han alterado otros pueblos cercanos. El proyecto nace de la voluntad de integrarse en ese contexto, asumiendo las limitaciones de una normativa que exige la continuidad formal y material con la arquitectura tradicional, pero explorando desde la contemporaneidad cómo reinterpretar esa herencia sin caer en la reproducción literal.
La casa se concibe como un volumen unitario en forma de «L», que se pliega sobre sí mismo para articular el jardín y el aparcamiento, construyendo un ámbito doméstico resguardado. Esta geometría organiza el programa en una sola planta y permite que todas las estancias cuenten con ventilación cruzada, abriéndose hacia el sur y el oeste, mientras el edificio se cierra hacia el norte y este presentándose como un frente pétreo, una tapia silenciosa que protege la intimidad del interior; desde el jardín, en cambio, se revela su reverso: una fachada abierta, luminosa y ligera, que multiplica la relación con el paisaje.

«Casa Reversa» por Héctor Navarro + arkhitekton. Fotografía por William Mulvihill.
La cubierta a un agua unifica el conjunto y refuerza su lectura como cuerpo continuo, casi como un muro que se pliega sobre sí mismo. La fachada exterior se construye con piedra procedente de la propia excavación —canto rodado local, sin aporte ajeno—, evocando la textura y el espesor de los muros que construyen el paisaje rural del entorno. En ella, los huecos de distintas proporciones y tamaños se disponen con un orden que parece libre, pero que responde con precisión a la estructura y al modo de habitar cada estancia: de pie, sentado, tumbado, en movimiento…
Este juego medido remite a la arquitectura vernácula, donde las transformaciones funcionales acababan generando fachadas que narran el paso del tiempo. En contraste, hacia el interior de la L, los ventanales de suelo a techo establecen una relación continua con el jardín: los huecos menores enmarcan el paisaje como si fueran cuadros, mientras los paños acristalados lo subrayan y lo prolongan.

«Casa Reversa» por Héctor Navarro + arkhitekton. Fotografía por William Mulvihill.
En contraste con la masa pétrea que define el frente norte-este, el interior de la «L» se materializa como una envolvente de madera oscura y vidrio que articula el habitar con el paisaje. La madera se presenta en tonos oscuros, próximos a los que tradicionalmente se obtenían en la arquitectura montañesa mediante aceites y tintes. Esa base oscura define una gama coherente que se completa con el gris de la caliza procedente de la ría de Tina Menor, empleada en pavimentos interiores y exteriores, reforzando la relación material con el territorio.
A esta paleta se suma el rojo, presente tanto en las tejas cerámicas de la cubierta como en los elementos de acero corten —marcos, remates y el canalón en voladizo—, que transforma cada episodio de lluvia en un pequeño acontecimiento.

«Casa Reversa» por Héctor Navarro + arkhitekton. Fotografía por William Mulvihill.
El esquema funcional diferencia claramente las dos alas: una acoge la zona de día —salón, comedor y cocina articulados con respecto al porche mediante una chimenea— y la otra, la zona de noche, con el dormitorio principal y dos estancias adicionales, una de ellas transformable mediante paredes móviles.
Más que reproducir la tradición, la vivienda trabaja con su reverso: con esa frontera donde lo vernáculo y lo contemporáneo se pliegan el uno sobre el otro. La masa y la ligereza, la opacidad y la transparencia, el muro y el vacío exploran un posible equilibrio. En esa tensión contenida, la casa afirma su pertenencia al lugar sin renunciar a hablar en presente.